El cierre de 2025 deja una fotografía compleja, pero reveladora, del estado global del clima, la naturaleza y la sostenibilidad. Avances tecnológicos que superan hitos históricos conviven con bloqueos políticos persistentes; mientras, voces con décadas de experiencia llaman a actuar con mayor urgencia y convicción. Así lo sintetiza la última edición del newsletter 3 Climate Trends del World Economic Forum, que revisa los principales hitos del año y proyecta los desafíos que marcarán 2026, con especial énfasis en la transición energética, la protección del océano y la innovación hídrica.
Esta crónica recoge los principales contenidos abordados por el Foro Económico Mundial, organizados en tres ejes: los grandes acontecimientos climáticos y de naturaleza de 2025, las lecciones que deja una vida dedicada al estudio del océano y el rol estratégico que el agua está adquiriendo en la agenda económica y regulatoria global.
Un año de contrastes: avances históricos y bloqueos estructurales
Uno de los hitos más relevantes fue que, por primera vez, las energías renovables superaron al carbón en la generación eléctrica global. De acuerdo con un reporte del think tank energético Ember, la electricidad producida a partir de fuentes renovables eclipsó a la del carbón durante 2025, consolidando una tendencia que hasta hace pocos años parecía lejana. Este cambio se dio en un contexto de aumento de la demanda eléctrica mundial, que creció un 2,6% durante el primer semestre del año. Lejos de ser un obstáculo, este crecimiento fue cubierto mayoritariamente por el rápido avance de la energía solar y eólica.
La generación solar aumentó un 31% y la eólica un 7,7%, cifras que explican prácticamente la totalidad del incremento de la demanda. Solo la energía solar aportó 306 TWh adicionales, un volumen equivalente al consumo anual de electricidad de un país como Italia. El dato no solo confirma el potencial de las renovables, sino que refuerza su rol estructural en la seguridad energética global y en las estrategias de mitigación climática.
Sin embargo, este avance convive con retrocesos significativos en otras áreas. Uno de los más relevantes fue la falta de acuerdo en torno a un tratado global sobre la contaminación por plásticos. Tras diez días de negociaciones, la segunda parte de la quinta sesión del Comité Intergubernamental de Negociación sobre contaminación por plásticos (INC-5.2) concluyó sin consenso para establecer reglas más estrictas y jurídicamente vinculantes que permitan reducir este problema a escala global, incluyendo el ámbito marino.
El fracaso de las negociaciones dejó en evidencia las tensiones entre países productores, consumidores y aquellos más afectados por la contaminación plástica. También puso sobre la mesa los límites del multilateralismo ambiental cuando los intereses económicos de corto plazo priman sobre los impactos ecológicos de largo plazo. Desde el Foro Económico Mundial, el tema fue abordado en profundidad en un episodio de Radio Davos, donde se analizan los escenarios que se abren tras la ausencia de un acuerdo.
El océano como memoria y advertencia
En este contexto de avances y estancamientos, la voz de quienes han dedicado su vida al estudio de la naturaleza adquiere una relevancia particular. Una de ellas es la de Sylvia Earle, oceanógrafa y referente global en la defensa de los océanos, quien forma parte de la iniciativa Friends of Ocean Action del Foro Económico Mundial.
A lo largo de su extensa carrera, Earle ha sido testigo directo de los profundos cambios que ha sufrido el océano como resultado de la actividad humana. Desde la sobreexplotación pesquera hasta la contaminación y el calentamiento de los mares, su experiencia es también un registro histórico de las consecuencias de décadas de decisiones extractivas y de corto plazo.
Pese a ello, su mensaje no es de resignación, sino de urgencia activa. Para Earle, la humanidad ya cuenta con el conocimiento y las herramientas necesarias para revertir el daño ambiental. El problema no es técnico, sino de voluntad y movilización. “Sabemos lo que hay que hacer para salvar el planeta y tenemos las herramientas para hacerlo”, sostiene. En su mirada, reconocer que el cambio es posible no es ingenuidad, sino una fuente de energía para actuar.
Su reflexión conecta directamente con uno de los debates centrales de la sostenibilidad contemporánea: la brecha entre diagnóstico y acción. Mientras la evidencia científica sobre la degradación de los ecosistemas es abrumadora, la respuesta política, económica y social sigue siendo fragmentada. El océano, en ese sentido, opera como un espejo de las contradicciones humanas: un sistema vital para el equilibrio climático y la vida en la Tierra, pero históricamente tratado como un recurso infinito.
El agua entra al centro de la agenda económica
Si el océano representa la memoria de los excesos pasados, el agua dulce aparece como uno de los ejes estratégicos del futuro inmediato. Según el análisis presentado por el Foro Económico Mundial, 2025 marcó un punto de inflexión en la forma en que la innovación hídrica es percibida por gobiernos, empresas e inversionistas.
El año estuvo definido por fricciones económicas, tensiones geopolíticas y una aceleración tecnológica impulsada, entre otros factores, por el auge de la inteligencia artificial. En ese escenario, el agua dejó de ser un tema periférico dentro de la agenda climática para convertirse en un componente central de la discusión sobre resiliencia, competitividad y sostenibilidad.
Una de las señales más claras de este cambio es la aparición de nuevos fondos de capital de riesgo enfocados específicamente en soluciones relacionadas con el agua. Estos vehículos reflejan un aumento en la confianza de los inversionistas respecto del potencial de la innovación hídrica, tanto en términos ambientales como económicos. Tecnologías de tratamiento, eficiencia, monitoreo y reutilización del agua comienzan a ser vistas no solo como soluciones ambientales, sino como oportunidades de negocio estratégicas.
No obstante, este renovado interés convive con un desafío estructural de gran magnitud: el déficit crónico de financiamiento en infraestructura hídrica. De acuerdo con estimaciones de la OECD y el World Bank, las necesidades globales de inversión en agua alcanzarán los 6,7 billones de dólares hacia 2030 y podrían escalar hasta los 22 billones de dólares en 2050. Estas cifras superan ampliamente los compromisos actuales de financiamiento público, evidenciando una brecha difícil de cerrar sin la participación activa del sector privado.
A ello se suma otro problema menos visible, pero igualmente relevante: la capacidad de absorción de los recursos disponibles. Más de un cuarto del financiamiento existente no logra desplegarse efectivamente, ya sea por falta de proyectos maduros, barreras regulatorias, debilidades institucionales o dificultades técnicas en su implementación. En otras palabras, no se trata solo de cuánto dinero hay disponible, sino de cuán preparados están los sistemas para utilizarlo de manera eficiente.
Agua, regulación y estrategia empresarial
El análisis de Jeff Brown, de la Stanford Doerr School of Sustainability, y Megan Gerryts, citado por el Foro Económico Mundial, sitúa este desafío dentro de una transformación más amplia que comenzó a consolidarse en 2025. El agua ya no es vista únicamente como un insumo operativo o un riesgo ambiental, sino como un factor estratégico que atraviesa la regulación, la planificación empresarial y la estructura de los mercados tecnológicos.
Para muchas industrias, la seguridad hídrica se ha convertido en una condición habilitante del negocio. Sectores como la energía, la minería, la agricultura, la manufactura avanzada y los centros de datos enfrentan crecientes exigencias regulatorias y sociales en torno al uso eficiente y responsable del agua. Al mismo tiempo, eventos climáticos extremos —sequías prolongadas, inundaciones, estrés hídrico— están redefiniendo los mapas de riesgo corporativo.
En este contexto, la innovación en agua no solo responde a objetivos de sostenibilidad, sino también a imperativos de continuidad operacional y competitividad. La integración de soluciones hídricas en la estrategia empresarial comienza a ser tan relevante como la transición energética o la descarbonización, especialmente en regiones vulnerables al cambio climático.
Mirar 2025 para entender 2026
El recorrido que propone el 3 Climate Trends del Foro Económico Mundial permite leer 2025 no solo como un año de cierre, sino como un punto de inflexión. La superación del carbón por las energías renovables marca un hito histórico que refuerza la viabilidad técnica de la transición energética. El estancamiento en el tratado global de plásticos recuerda, en cambio, la fragilidad de los acuerdos multilaterales frente a intereses divergentes. Y el protagonismo creciente del agua anticipa uno de los grandes ejes de la agenda climática y económica de los próximos años.
Las lecciones que emergen de este balance son claras: el conocimiento existe, las tecnologías avanzan y el capital comienza a moverse. El desafío, como advierte Sylvia Earle desde el océano, es movilizar esa capacidad con la urgencia que exige la crisis ambiental. De cara a 2026, la sostenibilidad aparece menos como un ideal aspiracional y más como un terreno concreto de decisiones estratégicas, donde clima, naturaleza y economía convergen de manera inevitable.
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Energías renovables superan al carbón, fracasa el tratado global de plásticos y el agua se posiciona como eje estratégico. Un balance 2025 y las claves de sostenibilidad para 2026 según el World Economic Forum.
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