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08/01

2026 será el año del compliance: ¿y ahora?

Tras cumplirse en 2025 el primer año de implementación de la Ley de Delitos Económicos, las empresas enfrentan un nuevo momento en su relación con el compliance. Así lo plantea el documento “2026 será el año del compliance ¿Y ahora?”, publicado por Forvis Mazars, que analiza el tránsito desde una etapa inicial de urgencia hacia un escenario donde la gestión de riesgos y la ética empresarial comienzan a integrarse al núcleo de la estrategia corporativa

El documento  «2026 será el año del compliance, ¿y ahora?», elaborado por Forvis Mazar, sostiene que, a un año de la entrada en vigencia de la ley, muchas organizaciones aún se encuentran en un proceso de asimilación del nuevo marco normativo. Según el documento, «es evidente que las empresas todavía necesitan tiempo para digerir el aún nuevo marco normativo que impulsó la ley», una situación que en algunos casos se ha traducido en una aproximación marcada por el miedo al riesgo.

Durante los primeros meses de implementación, dice el texto, fue habitual observar respuestas guiadas por la urgencia: listas extensas de tareas, matrices complejas y una carrera por cumplir plazos. El documento describe esta fase como una reacción humana ante lo desconocido y una etapa necesaria para activar a los directorios. Sin embargo, advierte que ese estado de alerta permanente no puede transformarse en la nueva normalidad.

Superada esa fase inicial, el verdadero desafío, consiste en mantener la calma y avanzar hacia una mayor madurez institucional,  sostiene el análisis, y en ese contexto, el compliance debe dejar de operar como un mecanismo reactivo y comenzar a integrarse de manera efectiva al negocio.

La ley, agrega, no busca castigar al mundo empresarial, sino generar transparencia y abrir un espacio para que los directorios asuman un rol estratégico en materia de responsabilidad penal.

Uno de los ejes centrales del documento es la necesidad de elevar el estándar cultural del compliance. «Cumplir la norma es la base mínima», señala  mientras que actuar con integridad aparece como el objetivo al que deben apuntar las organizaciones. Desde esta perspectiva, el compliance debe «vivirse y respirarse», integrándose de forma coherente en todas las áreas de la empresa.

«Es evidente que las empresas todavía necesitan tiempo para digerir el aún nuevo marco normativo que impulsó la ley», señala Fanny Tora, socia de consultoría de Forvis Mazars, advirtiendo que parte del mundo empresarial enfrentó esta transformación desde el temor más que desde una comprensión estratégica del riesgo.

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El texto añade que una compañía que incorpora el compliance de esta manera se comporta de forma consistente frente a autoridades, competidores, proveedores y comunidades, entendiendo que la coherencia se transforma en su principal activo reputacional. Las normas cumplen su función de ordenar, pero no sustituyen la ética organizacional, sentencia.

Forvis Mazars también plantea la necesidad de dejar atrás la cultura del pánico. No se trata de vivir pendientes del riesgo, sino de comprender que la creación de valor implica riesgos que deben ser gestionados con prudencia. Desde esta mirada, las buenas decisiones empresariales no se miden únicamente por la confianza que generan, sino por la solidez de los criterios con que se toman

De cara a 2026, sostiene que este año debiera representar una oportunidad para consolidar esa madurez. En un contexto económico que proyecta una leve recuperación y mayores señales de inversión, especialmente en sectores estratégicos, el desafío para las empresas será avanzar desde una etapa de ajustes hacia una de integración efectiva del compliance en su estrategia corporativa, acota.

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