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A mitad de camino al 2030: el realismo marcó el rumbo de la sostenibilidad corporativa en 2025

Un análisis global de 24 compañías muestra que más de la mitad debilitó o abandonó alguna de sus metas climáticas y sociales, mientras conceptos como greenhushing y narrativas corporativas se vuelven decisivos para sostener credibilidad. El giro: menos promesas y más presión por demostrar progreso real en carbono, plástico, naturaleza y personas.

Cuando las empresas fijaron sus metas para 2030 en plena «década de acción», el clima global parecía favorecer la ambición. Había optimismo tecnológico, presión regulatoria emergente y un consenso inédito sobre la urgencia climática. Pero el 2025 retrata otro escenario: tensiones geopolíticas, pandemia, disrupciones logísticas, volatilidad económica y el surgimiento de una inteligencia artificial intensiva en energía y agua reconfiguraron el mapa de la sostenibilidad corporativa.

Según el informe The View from the Halfway Point de Salterbaxter, más del 50% de 24 grandes empresas analizadas debilitó o directamente abandonó alguna de sus metas para 2030.

La revisión abarcó sectores de alto impacto (automotor, moda, consumo masivo, alimentos, tecnología y energía) y comparó compromisos fijados en 2020 con su estado en 2025.

El contraste es fuerte: mientras un 25% reforzó alguna meta y un 41% la mantuvo, solo un 65% de estas últimas tiene hoy una trayectoria realista para cumplirse. La brecha entre ambición y ejecución es el dato estructural de la mitad de la década.

El talón de Aquiles: las emisiones de alcance 3

El retroceso más evidente ocurre en los compromisos ligados a Scope 3, es decir, emisiones de la cadena de valor que representan, en promedio, 11 veces más que las emisiones directas de una compañía. La dificultad para influir sobre proveedores, consumidores y sistemas externos vuelve estos objetivos especialmente frágiles.

A eso se suman problemas similares en metas de plásticos y empaques, donde la infraestructura global de reciclaje avanza lentamente y la volatilidad de precios de materiales reciclados desincentiva estrategias más ambiciosas.
Cuando el relato pesa más que la meta: las narrativas corporativas

Uno de los hallazgos más potentes del informe es que el impacto reputacional de retroceder en compromisos depende menos del cambio en sí y más del relato corporativo que la empresa construyó. Aquí algunos casos:

  • Unilever, al reformular sus metas en 2024, recibió duras críticas públicas, incluyendo la frase «deberían agachar la cabeza de vergüenza», citada por Greenpeace.
  • En contraste, BP y Shell, al abandonar o debilitar promesas de reducción de producción fósil, enfrentaron una reacción más moderada por parte del mercado, que tendió a interpretar sus decisiones como «realismo estratégico».
  • Aunque H&M cumple o supera todas sus metas originales para 2030, sigue siendo foco de críticas por greenwashing, mostrando la tensión estructural entre el modelo de negocio y las pretensiones de sostenibilidad.
  • Inditex, con avances mixtos pero comunicaciones más sobrias, enfrenta una presión pública significativamente menor.El informe también evidencia que muchas empresas han modificado definiciones, años base o metodologías, dificultando comparar avances reales.
  • Volkswagen, por ejemplo, movió su base de emisiones desde 2015–2025 hacia 2018–2030, lo que impide evaluar si hubo una relajación o endurecimiento de la meta.
  • Adidas, en cambio, transparentó los cambios y recalculó sus exigencias para mantener el nivel de esfuerzo, lo que fortaleció credibilidad incluso en un contexto de revisión.
Multicrisis y nuevas prioridades

El informe evidencia que las marcas que hicieron de la sostenibilidad una parte de su identidad enfrentan mayor escrutinio al retroceder. Las que nunca prometieron liderar, pagan costos reputacionales más bajos. Y que entre 2020 y 2025 surgieron fenómenos que cambiaron la conversación. La IA intensiva en energía y agua ha obligado a revisar el impacto real de la digitalización.

Menciona también los retrocesos en DEI en Estados Unidos empujaron a varias empresas a bajar el perfil o pausar compromisos. Las cadenas de suministro, aún tensas tras la pandemia, siguen afectando la implementación de metas ambientales; y la biodiversidad dejó de ser un tema marginal: gigantes tecnológicos ya comienzan a integrarla en sus reportes con la misma relevancia que el carbono.

Transparencia: la variable que define la confianza

El documento muestra que un número creciente de empresas está adoptando el greenhushing: seguir avanzando, pero comunicar menos para evitar escrutinio. Esa estrategia, creen los expertos, puede tender a erosionar la confianza.

Casos como Microsoft, que reconoció públicamente que «la luna se ha alejado», respecto de sus metas iniciales, o Walmart, que advirtió sobre futuros retrocesos mientras reiteraba su compromiso climático, revelan que la franqueza genera más comprensión que silencio o eufemismos.

El contraste se observa cuando empresas usan un lenguaje que suaviza retrocesos: hablar de «evolución de metas» (Coca-Cola), «compromisos más amplios» (Amazon) o «mayor impacto»(Unilever) generó críticas intensas y pérdida de confianza.

El veredicto del halfway point

La visión desde 2025 no es la de un colapso de la sostenibilidad corporativa, sino la de un realineamiento. A mitad de camino hacia 2030, el desafío no es renunciar a la ambición, sino sostenerla con honestidad, rigurosidad y trazabilidad.

El informe concluye que las empresas que sobrevivirán reputacionalmente en esta década no serán necesariamente las que nunca fallen, sino las que expliquen por qué fallan, reconozcan límites externos y mantengan la ambición sin esconder las dificultades.

Según eldocumento, la pregunta crucial de aquí al 2030 será distinguir entre empresas que integraron la sostenibilidad en su negocio y aquellas que solo la integraron en su marketing.