Diálogos Sostenibles
18/12

«A veces caemos en el ‘deseoclaje’, llevo todo al punto limpio y espero que se recicle, pero no investigo, no estudio, ni pregunto»

La directora del capítulo chileno del Pacto de los Plásticos, Alejandra Kopaitic, dice que como país, empresas y ciudadanos hemos avanzado, pero aún nos falta. "La tasa de reciclaje creció alrededor de un 15% (2020-2022), pero aumentó el plástico en el mercado. Tenemos que buscar alternativas preventivas. El mejor residuo es el que no se genera", explica.

El Pacto Chileno de los Plásticos es parte de una red internacional. Nació en 2018, en Reino Unido, al alero de la Fundación Ellen Mc Arthur, para hacerse cargo del problema «global» y «gigante», que es la contaminación por plástico, como nos cuenta la directora del capítulo chileno, Alejandra Kopaitic.

Chile fue uno de los primeros países, junto al propio Reino Unido y Francia, en sumarse a las dos iniciativas voluntarias y complementarias que se lanzaron entonces: Plastic Pact Network y Global Commitment.

El objetivo de los pactos es abordar la circularidad de los envases y envalajes plásticos, «desde el rediseño hasta el cómo estamos usando y disponiendo finalmente de ellos. Y cada país tiene objetivos más específicos y una reportabilidad que va sacando todos los años. En nuestro caso tenemos más de 50 empresas, organizaciones y representantes de la sociedad civil participando», precisa la ingeniera en Medio Ambiente y Recursos Naturales con MSc de Desarrollo Internacional, Medio Ambiente y Cambio Climático.

 

 

¿Cuál es el mandato  específico que tienen las empresas que participan en el pacto?

Tenemos cuatro metas enfocadas en eliminar plásticos problemáticos e innecesarios, donde vamos elaborando, rehaciendo y evaluando constantemente una guía de plásticos problemáticos e innecesarios. Otra enfocada en fortalecer la recolección, además de que todos los envases y embalajes sean, ojalá, reciclables, reutilizables o compostables. También,  incorporar material reciclado dentro del plástico, para evitar seguir sacando material totalmente virgen. Esas metas terminan el 2025, que es el primer periodo de trabajo.

La semana pasada tuvimos nuestra reunión de fin de año con todos los socios y colaboradores  y empezamos lo que será la co-construcción de metas 2025-2030. La idea es que esté súper alineado también con lo que está pasando a nivel internacional, con el Tratado Global de Plásticos y otras normativas.

Al que no le fue muy bien en su última reunión.

No se llegó a puerto. No hay un documento todavía, no se han podido poner de acuerdo, pero por lo menos Chile tiene un equipo de negociación bien power. Han pedido hartas reuniones para escuchar la voz de las distintas empresas y organizaciones civiles que representa el pacto. Así que estamos tranquilos que al menos el país tiene ambición, las ganas de que esto salga, al igual que las empresas socias.

¿Qué tipo de empresas son las que están en el pacto?

Está toda la cadena de valor representada. Tenemos grupos de trabajo que abordan el plástico flexible, con una hoja de ruta que estamos trabajando; ahora vamos a lanzar uno de compostables. Hay todo un desconocimiento a la hora de hablar de plásticos compostables. Somos parte de un APL del Centro de Envases y Embalajes de Chile (CENEM). Abordamos distintas temáticas, la invitación es a que vean qué estamos haciendo, tal vez sus empresas, si son parte de la cadena de valor de envases y embalajes plásticos, les gustaría ser parte, felices de recibirlos.

La crisis

Alejandra Kopaitic explica que, a nivel mundial, se generan más de 370 millones de toneladas de plástico al año, que  en su mayoría van a terminar en vertederos, rellenos sanitarios, se incineran o contaminan directamente el medio ambiente: «Si no implementamos distintas medidas, se estima incluso que para el 2040 la producción, el consumo y la generación va a aumentar en un 70% comparado a lo estimado el 2020. Estamos con una crisis mundial que tiene que mirarse globalmente pero también abordar de manera local».

La experta precisa que en Chile se consumen aproximadamente 990 mil toneladas de plástico al año y se recicla alrededor de 83 mil, o sea, el 8,5%, lo que coincide con el reciclaje a nivel mundial, que se estima en un 9%. Claro que según cifras de la Asociación de Industriales del Plástico (ASIPLA), dice Kopaitic, el reciclaje ha ido en aumento en los últimos 5 años en el país.

«La tasa de reciclaje creció alrededor de un 15% entre el 2020 y 2022, pero también ha aumentado la cantidad de plástico que ponemos en el mercado, entonces tenemos que buscar alternativas preventivas, no hablar sólo de reciclaje como la opción, sino que de prevención, cómo podemos evitar que ese residuo se genere, porque el mejor residuo es el que no se genera», explica.

¿Ha sido la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) el motor de cambio? ¿Cuál es la evaluación que se hace hasta ahora de esa normativa?

Tenemos la suerte de que dentro de los colaboradores del pacto contamos con Resimple y  Giro, que son dos Grandes Sistemas Colectivos de Gestión (GRANSIC). Esto va a ser gradual, para que entiendan todas las personas que nos escuchan, no es que vayan a estar operando desde Arica a Punta Arena, de un día para otro. Pero si nos vamos a los desafíos que han tenido, lo primero es entender que necesitamos un cambio cultural. Se requiere que las personas separen sus residuos. Antes de disponerlos o antes de entregarlos, y eso tal vez suena sencillo, pero en la práctica no lo es, por eso lanzamos una guía. Tenemos que generar conciencia y que sea un hábito.

La implementación de la Ley REP requiere un componente de educación. También tenemos un desafío normativo y de mercado. Muchas veces existe la tecnología, pero económicamente el modelo no da y hay algunas trabas regulatorias que lo impiden. Un ejemplo concreto es el pote de yogurt y postres. En Europa ese pueden reciclar y no afecta la inocuidad del alimento si se hace otro envase con el mismo material. Existe la tecnología, pero en Chile no lo podemos hacer porque no está el reglamento que regule eso, por lo tanto las empresas no se arriesgan. Si avanzamos en ese tema, vamos a ver un aumento importante en las tasas de reciclaje.

Otro gran desafío es la participación de los gobiernos locales. La única forma de implementar la Ley REP con éxito es a través de la colaboración público-privada. Necesitamos que más municipios se se sumen a esta colaboración con los sistemas de gestión, que participen activamente en la logística, en la educación de la ciudadanía, de los vecinos y vecinas.

Sabemos que la mejor llegada para las personas es a través de los gobiernos locales y ahí los GRANSIC están tratando, pero no siempre es fácil.

La guía

Con la colaboración de ReSimple y Giro, el Pacto Chileno de los Plásticos acaba de publicar una Guía de Reciclaje para envases y embalajes, donde lograron «unificar el mensaje» respecto a qué y cómo se separan los residuos. «Necesitamos que cada día seamos más las personas participando activamente en la implementación de la Ley REP y de otras normativas que tengan que ver con sustentabilidad, para ver los cambios que necesitamos», dice Kopaitic.

¿Cuál es el desafío 2025 para hacer circular el plástico?

Hay dos temas prioritarios. Las brechas regulatorias que tenemos en algunos temas de rehuso de plástico en contacto con alimentos y gran foco que hemos visto es que son los jóvenes los que menos están reciclando, algo que jamás no hubiéramos esperado. Hoy la gente tiene otras prioridades, más allá de la crisis climática, que tienen que ver con el cuidado o la seguridad, con el dinero, llegar a fin de mes. A lo largo de los tres años que hemos realizado el estudio Reciclando Ando, nos hemos dado cuenta que tenemos que llegar de una manera distinta a la ciudadanía.

Estamos conversando con el Ministerio de Medio Ambiente, ReSimple y Giro, para hacer una bajada más ciudadana,  que unifique el mensaje, no sólo hablar de reciclaje, sino de reutilización. Hay mucho desconocimiento,  incertidumbre de qué va a pasar, porque tampoco tenemos la infraestructura, la cantidad de plantas de compostaje industrial que necesitamos para hacernos cargo.

También estamos lanzando unas iniciativas con la academia, impulsando un fondo de US$ 50 mil dólares para trabajar temas de innovación; un llamado a innovación abierta, qué vamos a hacer para reciclar distintos tipos de plásticos problemáticos, entre otras cosas.

¿Quién está más al debe la ciudadanía o el sector empresarial?

Creo que ambos, ciudadanía y empresas, han hecho grandes avances. Sin embargo, a mí que me toca ver un poco de los dos lados, creo que no somos muchos, todavía, los que estamos haciendo las cosas bien como ciudadanos. A veces caemos en el «deseoclaje», llevo todo al punto limpio o lo meto todo en un contenedor amarillo, esperando que se recicle, pero no investigo, no estudio, no le pregunto a mi municipio o mi sistema de gestión, no bajo la aplicación para ver si efectivamente esta botella con cloro la puedo poner. Y no, el cloro no. El plástico flexible, ¿lo puedo poner? Sí, el del tallarín, del arroz, se puede poner, es reciclable. Nos falta.

Las empresas están haciendo su parte y tienen ganas, que pueden hacer más, pueden y ahí estamos como Pacto, motivándolas y orientándolas y ayudándolas a hacerlo. Las compañías que están en el Pacto están súper comprometidas y las ayudamos, guiamos. Mi invitación es a que tanto la ciudadanía como las empresas hagan su parte.