entrevista
11/04

«Ahorrar agua y terminar con una ciudad con 50ºC en verano, no nos va a llevar a ninguna parte»

Diego González es ingeniero forestal, trabajó en Indap, es consultor, experto en cambio climático y tiene una mirada que echa por tierra varias de las creencias con que trabajan las ciudades: "El ahorro hídrico no es el indicador correcto para mitigar el cambio climático". En esta entrevista explica que el valle de Santiago "está bajo cemento y si no hay evaporación no hay ciclo del agua. Ser eficientes con el riego no nos va a salvar de la sequía”. No es una teoría, dice, "me apoya la ciencia".

¿De dónde viene el agua que se evapora y que hace que llueva en la cordillera? ¿Por qué cae nieve en verano en nuestra cordillera de 5 mil metros, cuando en la playa tenemos un día soleado?  ¿Toda la precipitación de invierno cae en forma de lluvia? ¿Cómo cuantificamos la importancia del rocío?

Son algunas de las preguntas que según el ingeniero forestal y consultor en temas de innovación e impacto para Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN), Diego González, deberíamos estar haciéndonos. En esta entrevista con ESGHOY rompe varios de los paradigmas que hoy estamos siguiendo para enfrentar el cambio climático.

«El problema que tenemos hoy en Santiago ya lo describió el doctor Milan Milan en los años 70. La pregunta científica era “¿por qué desaparecieron las tormentas de verano en el Cantábrico, sometiendo a toda una población a los problemas de sequía? La respuesta después de años de ciencia y varios millones de euros en investigación era simple: sin vegetación no hay lluvia», dice González. Y es, precisamente,  lo que está ocurriendo en Santiago. El fenómeno es idéntico, dice, «el valle  ya no evapora, está todo bajo cemento, y si no hay evaporación, no hay ciclo del agua. Ser eficientes con el riego no nos va a salvar de la sequía. Todo lo contrario. El ahorro de agua no es el indicador correcto para mitigar el cambio climático».

Lluvia y sequía

Gonzalez, que es el único chileno en el Círculo Informal de Científicos, Escritores y Divulgadores en temas relacionados al agua y cambio climático, donde esta semana le toca exponer, explica que «el agua permite que la energía en su forma de calor pueda movilizarse. Por eso el problema tiene más que ver con los ciclos hidrológicos que con el efecto invernadero.  Es una frase muy controversial para toda la propaganda en torno al cambio climático y reducir la huella de carbono».

Y lo grafica así:

«Si mañana fuésemos carbono neutral, el problema del cambio climático aun persistiría. Un dato aún más duro, el 80% del efecto invernadero del planeta es producto de la humedad en el aire. El calentamiento hace que haya más agua evaporada sin precipitar. En el caso de Santiago, donde viven 8 millones de habitantes y enfrentamos serias posibilidades de no tener agua suficiente, además de otros problemas, lo que antes eran chacras en Colina, Lampa, Talagante, etc., hoy son casas y fábricas con techos de Zinc, que sólo reflejan el calor del sol que queda atrapado en los “gases efecto invernadero” o “Black Carbon”.  Entonces ¿Como puedo enfriar la ciudad? El ciclo del agua».

¿Y cómo se mejora?

La ciudad se enfría cuando hay agua que pueda evaporarse. Una ciudad que no lo hace es como alguien parado al sol, que no puede transpirar. Si en vez de pavimento o techos de Zinc, tuviésemos un antiguo parrón, absorbería la energía para hacer fotosíntesis y lo transformaría en evaporación, caería como rocío en la noche, enfriando la ciudad y al concentrarse la masa de aire, dejaría que entre la humedad de la costa para renovar la de la ciudad.

Y de la misma forma,  cuando se condensa, libera energía. Pero esta vez, en vez de ser reflejada desde un techo de zinc y quedar atrapada, se liberaría a 8 mil o 12 mil metros de altura, lejos del efecto invernadero, y desde los 13 mil metros se liberaría gradualmente a la tropósfera y el espacio. Al afectar el ciclo de agua no solo nos estamos secando, sino que el suelo  pierde la actividad biológica que le da la capacidad de retener agua. Esto es vital, porque hace que las lluvias de inverno solo escurran, como pasó con las inundaciones en los valles en 2023, por la incapacidad de retener agua en la parte alta.

González es tajante: «entramos en un «espiral de deterioro. La poca agua que cae escurre y luego viene un verano seco y la sequía es más grande porque no retuvimos el agua».

Datos concretos

El experto pone sobre la mesa datos de la OCDE: Santiago se ha expandido desde una superficie de 60 mil hectáreas en 1999 a 142 mil en 2022,  242% en las ultimas dos décadas. «La ciudad crece, pero el valle es el mismo. ¿Qué tamaño puede tener la ciudad antes de hacer colapsar los ciclos hidrológicos? Como dato histórico: en lo tiempos de la fundación de Santiago el agua se encontraba a 8 metros de profundidad, hoy a más de 50», sentencia.

¿Qué elementos específicos de la expansión urbana contribuyen a la destrucción de los ciclos del agua en la región?

Antes que me confundan con un Tree Hugger (abrazador de árboles en ingles), no soy de los que cree que tenemos que plantar en vez de hacer calles y que sólo usemos bicicleta para ser carbono neutral. Tampoco creo que las campañas de ahorro de agua, en Santiago, sean la solución, si el resultado es que vamos a secar todos los árboles que nos dan sombra. Debemos tener un indicador de desarrollo y mitigación claro. Cuando alguien pide hacer un mall en la ciudad, se le exigen una serie de medidas como estacionamientos, ensanches etc, pero también tenemos que preocuparnos del Albedo Solar, que es el principal destructor de los ciclos hidrológicos por efecto de la expansión urbana. Un ejemplo es el calor que generan las autopistas. No podemos poner hectáreas de asfalto sin mitigar verde. Cuanto bien le haría al calor de la ciudad si lugares como la Costanera Norte o los techos de industrias en Lampa estuviesen cubiertos por una “ingeniera verde”.

¿Cómo se enfrenta el problema?

Las urbanizaciones son absolutamente necesarias. Chile aún tiene un tremendo déficit habitacional y esa tendencia no va a disminuir en los próximos 10 años. La pregunta es cómo damos solución  sin agravar más el problema de los ciclos de agua. Las inmobiliarias tienen un rol fundamental en hacer desarrollos que incluyan captación e infiltración de aguas lluvias. Jardines que no sólo sean eficientes, sino que reduzcan el albedo solar. Es un problema de diseño de las inmobiliarias y desconocimiento de los clientes. Barrios con casas de 20 mil UF, donde no se puede dormir en el verano sin aire acondicionado, por el efecto isla de calor y falta de planificación de la vegetación del condominio.

¿Hay alguna evidencia concreta que respalde su teoría?

La evidencia concreta es la sequía y los efectos de olas de calor que estamos viendo en Santiago. Cómo se muere la vegetación esclerófila en los alrededores de la ciudad. El shock más fuerte fue el verano 2019, con altas temperaturas y un invierno muy seco. Lo mío no es una teoría, es evidencia científica que está estudiada en muchos casos en el mundo. Lamentablemente hay muy poca divulgación científica de este tema en español.

Invertir el agua

¿Qué medidas propone para restaurar los ciclos del agua en la región?

Como emprendedores estamos en una misión de disminuir el albedo solar de la Cuenca de Santiago, mediante Soluciones Basadas en Naturaleza. Esto es básicamente, mejorar la capacidad de infiltración y retención de agua del suelo, movilizar agua a ese suelo y que sea “invertida en ese suelo”,  que genere una cobertura vegetal.  Aquí lo importante no es ahorrar sino invertirla bien. Por ejemplo: Una hectárea de Almendros necesita 7 mil  m3 de agua al año y produce 2000 kg  que tienen un valor por de US$ 6 mil por hectárea. Un área verde municipal gasta 21 mil m3 de agua. (tres veces las almendras) y no genera esa cantidad de sombra, ni flores para las abejas ni belleza escénica, ni trabajo ni la exportación. Para lograr nuestro propósito hemos definido 3 escalas y casos de intervención: Revegetar la cordillera, terrenos periurbanos y cerros isla; mejorar la relación entre agua gastada y albedo solar, obteniendo un indicador donde podamos comparar un área verde municipal respecto a un club de golf por ejemplo, o un arbolado urbano; generar soluciones de “tejas verdes”.

¿Cuál es el mensaje a los tomadores de decisión?

Es de simple lógica entender que si el “efecto invernadero” se mantuviese igual con una concentración de carbono por sobre los 400 ppm, pero reducimos la energía reflejada por la tierra, entonces habrá menos energía atrapada y el enfriamiento seria inmediato. No el efecto de décadas que supone una reducción del CO2.

Por la situación que estamos viviendo como país y como experiencia personal, creo en utilizar la fuerza del mercado para dar solución a problemas sociales, como lo profesan las “Empresa B”. Un principio empresarial fundamental es que lo que no se mide no se controla y  si no se controla no se gestiona. Tenemos que medir y tener un buen indicador. Ahorrar agua y terminar con una ciudad con 50ºC en verano, no nos va a llevar a ninguna parte. El cambio climático es real. No se trata de un “planeta” más caliente en verano y mas frío en invierno. Va a generar problemas económicos, va a ser más costoso, comer, vivir, trabajar y ser rentables en Chile. Esto es algo que debiese preocupar a todos, ciudadanos y empresas. No basta medir a la empresa con estándares ESG y publicar resultados complacientes. En una situación de crisis hídrica y cambio climático, no hay nada que cree más valor hoy que restaurar los ciclos hidrológicos. Tenemos “la formula”, pero no lo podemos hacer solos.