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28/04

«Año base», el punto de partida que puede definir la credibilidad climática de una empresa

Definir con precisión el periodo inicial de medición de emisiones es clave para establecer metas coherentes, garantizar reportes confiables y alinear la gestión con los principales marcos internacionales. Una decisión estratégica que impacta directamente en la transparencia y solidez de cualquier compromiso ambiental corporativo.

En la contabilidad de carbono, una sola decisión puede condicionar toda la estrategia climática de una empresa: elegir el año base adecuado. Este punto de referencia define cómo se mide el progreso, se fijan metas realistas y se reportan los avances en sostenibilidad. Sin embargo, muchas organizaciones lo subestiman, hasta que enfrentan inconsistencias en sus datos o conflictos con reguladores.

¿Qué es el año base y por qué importa? Es el periodo con el cual se comparan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a lo largo del tiempo, dice un artículo de la plataforma de software para sostenibilidad Senega ESG, en que explica por qué es importante su correcta elección:

  • Permite comparar con precisión si las emisiones están bajando realmente o si las variaciones se deben a factores externos.
  • Define la ambición y viabilidad de los compromisos climáticos, como los objetivos de cero emisiones netas o SBTi.
  • Asegura la transparencia frente a inversionistas, reguladores y consumidores.
  • Facilita el cumplimiento normativo, en línea con marcos como el Protocolo de GEI, la CSRD o el SECR del Reino Unido.
  • Un mal año base, por ejemplo, 2020, con operaciones reducidas por la pandemia, puede generar comparaciones engañosas. En cambio, elegir uno representativo, con datos sólidos y operaciones normales, permite metas robustas y comparables en el tiempo, señala el informe.
¿Cómo elegirlo?

Senega ESG propone cinco claves para elegir el año base:

  1. Datos disponibles y confiables: Deben incluir emisiones de alcance 1, 2 y, si es posible, 3.
  2. Evitar años atípicos: Crisis económicas, fusiones o paros productivos pueden distorsionar los resultados.

  3. Alineación con marcos regulatorios: Asegura que los compromisos se reconozcan como legítimos.

  4. Considerar el crecimiento del negocio: Para no establecer metas inalcanzables ni poco exigentes.

  5. Pensar a largo plazo: El año base debe permitir el seguimiento coherente durante décadas.

¿Y si hay que recalcular?

Hay situaciones en las que recalcular es inevitable: fusiones, adquisiciones, cambios metodológicos o errores significativos en los datos. Pero debe hacerse con rigor, señala la multinacional:

  • Siguiendo normas internacionales (como el Protocolo de GEI).
  • Aplicando los cambios de forma retroactiva.
  • Documentando y justificando públicamente el ajuste.
  • Evitando que parezca una maniobra para maquillar resultados.
  • Recalcular sin claridad puede generar desconfianza y acusaciones de greenwashing.

¿Conclusión? En un contexto de creciente escrutinio climático, el año base no es un tecnicismo: es una decisión estratégica. Define si una empresa podrá demostrar avances reales, cumplir con normativas y sostener su credibilidad en el tiempo. Seleccionarlo bien, y recalcularlo solo cuando sea estrictamente necesario, es un paso fundamental para construir una narrativa climática sólida, confiable y alineada con los desafíos del presente, señala el artículo.

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