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20/05

Arquitectos del futuro: el rol climático de los Bancos Nacionales de Desarrollo (BND)

"El clima afecta infraestructura crítica, expone sectores productivos y ejerce presión sobre las finanzas públicas, poniendo en jaque al sistema financiero y evidenciando una brecha de inversión creciente. Como factor decididamente estructural, supone un desafío asociado a cuánto financiamiento movilizar, pero también a cómo coordinar eficazmente política pública, mercado e inversión real. Es justamente ahí donde aparecen los Bancos Nacionales de Desarrollo (BND) como potencial protagonista".

La crisis climática, lejos de ser un desafío meramente ambiental, es una fuerza transformadora que redefine la estructura económica y financiera de los países. Sus efectos, visibles en múltiples sectores, exponen la vulnerabilidad de los modelos de desarrollo actuales y demandan una respuesta sistémica.

En América Latina, donde gran parte de la infraestructura crítica y de la matriz productiva depende de recursos naturales sensibles al clima, los impactos encuentran eco en pérdidas fiscales, disrupciones logísticas y presiones crecientes sobre los presupuestos públicos.

El financiamiento para la acción climática entra en juego como factor que supone tensión y oportunidad. Según cifras del BID, la región necesita destinar entre 7% y 19% del PIB para alcanzar un crecimiento sostenible y resiliente. Hay, sin embargo, un desafío importante asociado a cómo se organiza el capital movilizado, que exigiría capacidad institucional para conectar prioridades públicas con instrumentos financieros y traducir políticas en inversión real.

En esa brecha de coordinación estructural, que se constituye como cuello de botella para anticipar riesgos climáticos y capturar oportunidades de transformación productiva, los Bancos Nacionales de Desarrollo (BND) adquieren un rol fundamental con el mandato, las capacidades y la legitimidad para actuar como bisagra entre política pública, mercado y territorio.

Instituciones puente y arquitectos de mercado

Los BND son, por definición, instituciones puente: traducen prioridades públicas en instrumentos financieros concretos y conectan la estrategia país con decisiones reales de inversión. Pero además de intermediar recursos, en la práctica actúan también como arquitectos de mercado: crean capacidades donde no existen, estructuran demanda, ordenan señales y ayudan a madurar sectores que el mercado privado aún no puede —o no quiere— abordar por sí solo.

Riesgos físicos y de transición siguen siendo difusos en muchos mercados. Los BND pueden cumplir un rol clave en ordenar información, datos y señales, traduciéndolos a lenguaje financiero y operacional. En otras palabras, hacer que el riesgo climático deje de ser abstracto y pase a ser gestionable.

En el contexto de la crisis climática, este rol no es accesorio sino estratégico. A diferencia de otros actores, los BND tienen la capacidad de alinear política pública, financiamiento y ejecución en una misma institución, convergencia extremadamente difícil de lograr desde ministerios, reguladores o banca comercial por separado. Además, pueden asumir y gestionar riesgos centrales para la transición que hoy suelen quedar fuera del radar de buena parte del sistema financiero tradicional, incluyendo riesgos climáticos, regulatorios, tecnológicos o asociados a la maduración de nuevos mercados.

La crisis climática, en este sentido, ha contribuido a redefinir el mandato histórico de los BND: ya no solo financian desarrollo, sino además favorecen el anticipar riesgos sistémicos y habilitar trayectorias de futuro viables.
Anticipar riesgos, catalizar oportunidades

Uno de los aportes más relevantes de los BND está en la integración del riesgo climático en la gestión financiera y crediticia. Riesgos físicos y de transición siguen siendo difusos en muchos mercados. Los BND pueden cumplir un rol clave en ordenar información, datos y señales, traduciéndolos a lenguaje financiero y operacional. En otras palabras, hacer que el riesgo climático deje de ser abstracto y pase a ser gestionable.

A través de instrumentos públicos bien diseñados, los BND pueden a su vez apalancar capital privado, reducir barreras de entrada y construir pipelines y carteras de inversión que permitan pasar del proyecto aislado a programas con escala y replicabilidad. La transición climática no se financia proyecto a proyecto: se construye con visión de portafolio, aprendizaje institucional y capacidad de ajuste, donde nuevamente los BND tienen una ventaja comparativa clara.

Evidencia desde la práctica en la región

En distintos países de la región, los Bancos Nacionales de Desarrollo están integrando el cambio climático en el corazón de su gestión. Desde ImplementaSur lo hemos constatado a partir de experiencias recientes en Colombia y Centroamérica, con avances muy concretos en materia de metodologías para identificar y gestionar riesgos climáticos hasta la medición de emisiones financiadas o la incorporación de criterios TCFD en políticas institucionales.
En todos los casos, el patrón ha sido nítido: los BND están ampliando su mandato, pasando de financiar desarrollo a anticipar riesgos y habilitar transformaciones estructurales.

La transición climática no se financia proyecto a proyecto: se construye con visión de portafolio, aprendizaje institucional y capacidad de ajuste, donde nuevamente los BND tienen una ventaja comparativa clara.

La magnitud del desafío climático exige nuevos pactos y sinergias entre banca de desarrollo, sector privado y política pública. Espacios como el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe 2026 de CAF serán importantes para elevar esta conversación al nivel estratégico que requiere, que implica no solo discutir instrumentos, sino repensar el rol institucional que los BND están llamados a cumplir en esta década decisiva. Reconocer, fortalecer y acompañar ese rol no es una opción técnica, sino una decisión crucial de desarrollo.