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19/02

Aunque la mona se vista de seda, ESG se queda

Lo curioso es que el concepto fue acuñado por el mundo inversor justamente con el mismo argumento: que la sustentabilidad y la sostenibilidad habían sido basureados y que en el fondo no había claridad de lo que significaba, a diferencia de ESG que era más concreto.

En los últimos días, he tenido la oportunidad de compartir con algunos directores y ejecutivos de empresas sobre la conveniencia de continuar con el uso de la sigla ESG (environmental, social, governance) en sus distintos comunicados, plataformas y reportes.

Esto, tras la publicación en 2023 de algunos artículos en medios relevantes de Estados Unidos, como el Wall Street Journal y el Financial Times, donde se habría señalado que varias empresas habrían eliminado el término en sus presentaciones a inversionistas, y que se está optando por alternativas como “negocio responsable”, “sostenibilidad” o “sustentabilidad” para describir iniciativas corporativas.

Según estos medios, existiría una reacción molesta por parte de algunos inversionistas, presiones políticas y amenazas legales relacionadas con los esfuerzos medioambientales, sociales y de gobierno corporativo que exige; algunos critican que pone demasiada atención en las exigencias de medición y presentación de información. O que algunas dimensiones de ESG, en especial los objetivos sociales, pueden ser difíciles de cuantificar.

Con esto, una serie de líderes empresariales haría un esfuerzo consciente para evitar la sigla. Es más, los asesores estarían orientando a los ejecutivos sobre formas alternativas de describir sus esfuerzos, proponiendo como alternativa “negocio responsable” o nociones afines.

Lo curioso es que el concepto ESG fue acuñado por el mundo inversor justamente con el mismo argumento: que la sustentabilidad y la sostenibilidad habían sido basureados, y que en el fondo no había claridad de lo que significaba a diferencia de ESG que era más concreto.

Para sumar más antecedentes, si miramos la historia, me atrevería a asegurar que una gerencia de responsabilidad social en el 2000, de valor compartido en el 2010, de sostenibilidad en 2015 o de ESG ahora, enfrentaron y enfrentan más menos los mismos desafíos sociales, económicos y medioambientales para una compañía, lo que corrobora que independientemente del “titulo” que se use, lo relevante es la gestión que hay detrás que solo confirma una y otra vez la preocupación creciente por esta tendencia de incorporar los temas de desarrollo sostenible (por parte de las empresas) y de demandar mayor preocupación por dichas materias (por parte de sus grupos de interés).

En ese sentido esta polémica suena absurda y tiene poco asidero. Solo el tiempo – y tal vez algún buen asesor creativo- dirá qué tendencia se impone y cual primará en Estados Unidos y Chile. Pero mientras eso sucede, lo que no cambiara, más bien aumentará, será la presión, preocupación y responsabilidad que tienen las empresas con el planeta, las comunidades, las personas, la prosperidad y la buena gobernanza, de modo que aunque la mona se vista de seda, ESG se queda.

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