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10/07

IA y sostenibilidad: 3 de cada 4 empresas españolas usa la tecnología, pero solo 1 de cada 6 mide su impacto ambiental

El primer Barómetro de IA Responsable de la española Forética, retrata a 56 organizaciones de ese país, la mayoría ya comprometidas con sostenibilidad, y encuentra que la adopción de inteligencia artificial avanzó mucho más rápido que la capacidad de gobernarla y medir su huella.

El Observatorio de IA Responsable de Forética, con el apoyo de NTT DATA, publicó  su primer barómetro sobre el estado de la inteligencia artificial responsable en las empresas españolas. El documento, titulado IA y Sostenibilidad. I Barómetro sobre IA Responsable en las empresas en España, confirma algo que muchas organizaciones intuían: la adopción de la IA dejó atrás la fase experimental, pero la capacidad de gobernarla, medirla y rendir cuentas sobre su impacto todavía no llega al mismo ritmo.

El diagnóstico se apoya en una encuesta a 56 empresas y organizaciones, estructurada en torno a los tres pilares del informe: impacto ambiental, impacto social y gobernanza. Vale la pena detenerse en quiénes responden: el 93% son socios de Forética, es decir, el propio ecosistema empresarial ya vinculado a la agenda de sostenibilidad.

El informe lo advierte explícitamente en su nota metodológica: no busca representar de forma estadística al conjunto del tejido empresarial español, sino retratar el estado de avance de organizaciones ya sensibilizadas con estos retos. Esa aclaración importa para la lectura del resto de los datos: si esta es la fotografía del segmento más comprometido con ESG, es razonable suponer que el resto del mercado va más atrás.

La IA ya no se está probando, se está usando

El primer hallazgo es contundente: un 75% de las empresas encuestadas ya tiene la inteligencia artificial integrada en sus operaciones o de forma estratégica, y solo un 4% todavía la usa de manera informal y no gestionada. La fase piloto quedó atrás. El 65% ya aplica esa IA para mejorar su desempeño en sostenibilidad, aunque con distinto grado de profundidad —solo un 13% lo hace de forma estratégica y recurrente, mientras que un tercio de las empresas (34%) todavía no ha conectado ningún proyecto de IA con un objetivo de sostenibilidad concreto.

Cuando el informe pregunta si esa IA efectivamente genera mejoras ESG medibles, la respuesta es más cauta: la mitad de las empresas (50%) reconoce que todavía está en proceso de evaluación, sin poder confirmar con datos si hay cambio real. Un 25% directamente no ha identificado ningún beneficio ESG concreto pese a tener sistemas de IA en funcionamiento. Donde sí se ven resultados, es sobre todo en el reporting, un 45% de las empresas que reportan mejoras las ubica ahí—, mientras que el impacto ambiental o social directo tarda más en materializarse.

La huella ambiental, el punto más débil

El 57% de las empresas no mide ningún aspecto del impacto ambiental de la IA que utiliza. Entre las que sí miden algo, el consumo energético y las emisiones son las dimensiones más cubiertas, un 23% mide ambas simultáneamente, mientras que el consumo de agua queda relegado: solo el 14% lo incorpora, pese a que la refrigeración de centros de datos a gran escala puede exigir millones de litros diarios.

Solo el 17% hace un balance sistemático entre lo que la IA aporta en sostenibilidad y lo que le cuesta al planeta, claro que ese porcentaje corresponde a las 24 empresas que ya miden algún aspecto de su huella ambiental, no al total de la muestra de 56. Dentro de ese subgrupo de 24, un 46% no evalúa si el beneficio ambiental obtenido justifica el impacto generado, y un 44% del total de la muestra ni siquiera exige criterios ambientales a sus proveedores de IA ni lo tiene previsto a corto plazo. Solo un 4% lo exige como requisito contractual.

El informe compara esto con datos externos: en 2024, los centros de datos consumieron el 1,5% de la electricidad global, una cifra que se espera duplicar hacia 2030 impulsada en parte por la demanda de IA, según cita el propio barómetro a la Agencia Internacional de la Energía. Es el trasfondo contra el que se mide —o no se mide— cada despliegue corporativo.

Gobernanza avanza, pero separada de sostenibilidad

Dos de cada 3 empresas (65%) ya cuentan con políticas de IA responsable formalizadas o en desarrollo, y un 45% combina comité de gobernanza más inventario de sistemas, lo que el informe describe como la señal más clara de madurez. Pero hay una desconexión estructural: en el 55% de las empresas, la responsabilidad sobre la IA recae en dirección o en el área tecnológica, sin que sostenibilidad tenga un rol formal en su gobernanza.

Solo el 14% integra la IA responsable con la sostenibilidad de forma estructural y bidireccional. Un 20%, una de cada cinco empresa, ni siquiera tiene definido quién responde por la IA dentro de la organización.

El patrón se repite al comparar las tres dimensiones ESG: el 61% de las empresas ya tiene dos o más acciones activas en gobernanza de IA, y el 59% tiene cuatro o más en el ámbito social. Lo ambiental es, con diferencia, la asignatura pendiente: solo el 27% tiene dos o más acciones establecidas en ese frente.

Lo que viene: reporting como motor de cambio

Casi la totalidad de las organizaciones encuestadas (96%) ya tiene prioridades definidas de IA y sostenibilidad para los próximos 12 a 24 meses.

La que domina con claridad es el reporting ESG y la adaptación a la CSRD, que un 52% sitúa como su primera prioridad, una obligación regulatoria que termina funcionando como motor de cambio. La principal barrera para avanzar, según el 38% de las empresas, es el costo o el retorno incierto de estas iniciativas, seguido de la falta de datos de calidad y de competencias o metodologías compartidas para medir impacto.

La pregunta pendiente para Chile

Ningún organismo chileno ha publicado hasta ahora un diagnóstico equivalente sobre el uso de inteligencia artificial en procesos ESG a nivel local. El barómetro de Forética retrata específicamente al mercado español, con una muestra sesgada hacia empresas ya comprometidas con sostenibilidad, no es extrapolable directamente a Chile. Pero la pregunta de fondo sí lo es: mientras las empresas chilenas avanzan en la adopción de NIIF S1/S2 y perfeccionan su reporting bajo la NCG 519 de la CMF, ¿pueden decir con datos propios cuánto consume la inteligencia artificial que ya están usando para gestionar esa misma sostenibilidad.