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06/06

Redes sociales, celulares y niñez: el debate que redefine la sostenibilidad digital en Chile

La discusión sobre niños, adolescentes y redes sociales avanza en Chile y el mundo con nuevas regulaciones, restricciones escolares y propuestas de corresponsabilidad entre Estado, empresas, colegios y familias.

La relación entre niños, adolescentes y redes sociales dejó de ser un asunto doméstico para transformarse en uno de los debates regulatorios, educativos y tecnológicos más relevantes del momento. En Chile y el mundo, el bienestar digital infantil comienza a instalarse como una nueva dimensión dentro de la agenda social y ESG, especialmente por sus efectos en salud mental, convivencia escolar, privacidad y desarrollo de las nuevas generaciones.

En Chile, la discusión comenzó a acelerarse tras el anuncio del Gobierno sobre el desarrollo del Plan Entornos Digitales Seguros, iniciativa impulsada por el Ministerio de Desarrollo Social que busca establecer mayores restricciones y mecanismos de protección para menores de edad frente al uso de redes sociales y plataformas digitales.

A ello se suman iniciativas parlamentarias, entre ellas propuestas impulsadas por Diego Schalper, orientadas a regular el acceso de niños y adolescentes a plataformas digitales y teléfonos móviles, especialmente dentro de entornos escolares.

La discusión local ocurre en paralelo a una tendencia internacional cada vez más visible. Países como Australia avanzaron hacia algunas de las regulaciones más estrictas del mundo, obligando a plataformas digitales a impedir que menores de 16 años mantengan cuentas activas en redes sociales.

El fenómeno refleja un cambio profundo: la hiperconectividad infantil comenzó a ser vista no solo como un tema tecnológico o educativo, sino también como un desafío de sostenibilidad social, protección de derechos y bienestar digital.

El nuevo foco ESG: bienestar digital y niñez

El debate global se ha concentrado en la salud mental adolescente, la exposición a contenidos nocivos, el ciberacoso, la sobreestimulación digital y el uso excesivo de pantallas.

Según datos de la UNESCO, 114 sistemas educativos en el mundo ya implementaron restricciones nacionales al uso de teléfonos móviles en establecimientos escolares, cifra que representa más de la mitad de los países monitoreados.

La discusión, sin embargo, no se limita a prohibir o permitir dispositivos. El foco se ha desplazado hacia una mirada más sostenible: cómo construir una relación más segura, equilibrada y saludable entre menores y tecnología. A ese escenario también se están sumando empresas de telecomunicaciones y tecnología, que comienzan a abordar el impacto social de la conectividad más allá del acceso a internet.

En esa línea, Magdalena Claro, directora del Centro Bienestar y Desarrollo de Niñas, Niños y Adolescentes en la Era Digital (BAND), advierte que el bienestar digital infantil debe abordarse desde una mirada más integral y menos dicotómica.

«En Chile, el bienestar digital de niños, niñas y adolescentes se ha vuelto un desafío central, en la medida en que lo digital ya forma parte de cómo aprenden, se relacionan, participan y construyen su identidad. La discusión pública sobre sus efectos en el bienestar y desarrollo sigue siendo, sin embargo, ambigua, con evidencia que muestra tanto riesgos como oportunidades, y con una tendencia a respuestas de política pública simplificadas y dicotómicas», señala.

La especialista agrega que el desafío pasa por generar condiciones que permitan una relación más segura y formativa con la tecnología. “Es clave avanzar hacia un enfoque más integral, que no solo busque restringir, sino generar las condiciones para un entorno digital seguro, formativo y respetuoso de sus derechos, y que al mismo tiempo fortalezca su capacidad de usar estas tecnologías de manera activa, crítica y responsable”, sostiene.

Claro Chile y la instalación del bienestar digital infantil

Desde Claro Chile y VTR sostienen que el desafío no puede resolverse únicamente mediante restricciones, sino que requiere una estrategia más amplia basada en educación digital, acompañamiento y corresponsabilidad entre distintos actores.

En febrero de 2026, la compañía impulsó junto a ACTI, CEPPE UC y la Universidad Adolfo Ibáñez la primera Mesa por el Bienestar Digital Infantil , orientada a desarrollar propuestas y acciones para fortalecer la protección de niños, niñas y adolescentes en entornos digitales.

La iniciativa busca instalar una mirada de largo plazo sobre sostenibilidad digital, incorporando principios como protección de datos, diseño apropiado según edad, alfabetización digital y corresponsabilidad entre Estado, empresas, colegios y familias.

Cyntia Soto, gerenta de Sostenibilidad y Responsabilidad Corporativa de Claro Chile y VTR, afirma que la conversación debe ir más allá del acceso o las restricciones tecnológicas. «En Claro creemos que la conversación sobre niños, adolescentes y redes sociales no puede reducirse solo al acceso o a la prohibición. El desafío de fondo es cómo acompañamos a las familias y a las comunidades educativas en el desarrollo de una relación más sana, segura y consciente con la tecnología», explica.

La ejecutiva agrega que la compañía ha comenzado a impulsar iniciativas concretas de educación y acompañamiento. «Hoy estamos promoviendo programas de formación para estudiantes, espacios de conversación multisectorial y herramientas que ayuden a padres y cuidadores a involucrarse activamente en la vida digital de sus hijos», sostiene.

Asimismo, enfatiza que el bienestar digital infantil debe entenderse como una responsabilidad compartida. «Creemos que este es un desafío país, que requiere colaboración entre empresas, Estado, academia y sociedad civil. La tecnología genera enormes oportunidades para aprender, crear y conectarse, pero también exige mayor responsabilidad colectiva para proteger el bienestar y desarrollo de niños y adolescentes», señala.

Desde la compañía agregan que la conectividad ya no puede evaluarse únicamente desde la cobertura o la velocidad de internet, sino también desde la capacidad de generar entornos digitales más seguros y saludables.

Radiografía Digital Claro de Niños, Niñas y Adolescentes 2025

Una generación hiperconectada

El debate regulatorio ocurre sobre una realidad: niños y adolescentes ya forman parte activa del ecosistema digital. Según la Radiografía Digital Niños, Niñas y Adolescentes 2025, elaborada por ClaroVTR y Criteria, el promedio de redes sociales utilizadas por menores en Chile llega a 3,9 plataformas, mientras que YouTube y WhatsApp aparecen entre las aplicaciones más usadas.

El estudio también muestra que ver contenidos, conversar en línea, jugar e investigar en la red forman parte cotidiana de la experiencia digital infantil y adolescente.

La evidencia refuerza una idea compartida por especialistas: la discusión no parte desde cero. Por eso, cualquier política pública deberá combinar regulación, educación y herramientas de acompañamiento, evitando respuestas parciales frente a un fenómeno que ya está incorporado en la vida cotidiana de niños y adolescentes.

Prohibir no basta

La experiencia internacional muestra que las restricciones etarias o escolares, por sí solas, no resuelven completamente los riesgos digitales.

En Australia, por ejemplo, las autoridades enfatizaron que las nuevas restricciones deben complementarse con alfabetización digital y fortalecimiento de habilidades para enfrentar riesgos online.

Daniel Halpern, director de EducomLab y académico de la Pontificia Universidad Católica, sostiene que la regulación debe considerar tanto límites etarios como educación y acompañamiento parental. «Creo que antes de los 14 años los jóvenes no deberían utilizar redes sociales abiertas, con algoritmos que los llevan a compararse constantemente y que impactan su autoestima», afirma.

El académico agrega que, entre los 14 y 16 años, el acceso debería darse con mayores mecanismos de supervisión. “Debiesen tener acceso con dispositivos que tengan filtros parentales, que ayuden a regular la cantidad de tiempo de exposición diaria», explica.

Halpern también cuestiona que las prohibiciones, por sí solas, sean suficientes para enfrentar el problema. «Estoy en desacuerdo con lo que han sido las prohibiciones en países como Australia. El cyberbullying no necesariamente ha disminuido y muchos jóvenes migran a otras plataformas digitales como Roblox, que utilizan para seguir comunicándose», señala.

A juicio del especialista, el desafío debe combinar regulación, educación y balance digital. «En Chile sí se tiene que regular para que no existan menores de 14 años en redes sociales, pero eso tiene que estar acompañado 100% de campañas educacionales que permitan a los jóvenes comprender las consecuencias offline de sus acciones online y avanzar hacia un mayor bienestar emocional», sostiene.

La propia UNESCO ha advertido que el uso de tecnología en educación debe evaluarse según su impacto pedagógico y en la convivencia escolar, evitando tanto la sobredependencia digital como soluciones simplistas basadas únicamente en prohibiciones.

Desde el Centro BAND también apuntan a la necesidad de fortalecer capacidades en distintos niveles. Según explica Magdalena Claro, «desde la Facultad de Educación UC y el Centro BAND estamos contribuyendo a este desafío mediante la producción de evidencia, la articulación entre actores y el apoyo al diseño de políticas y prácticas que permitan orientar mejor y fortalecer capacidades en escuelas, familias y comunidades, avanzando así hacia respuestas más integrales y sostenidas».

La sostenibilidad digital entra a la agenda empresarial

El avance de este debate también está modificando la mirada ESG sobre tecnología y telecomunicaciones.

Hasta hace algunos años, la sostenibilidad digital se concentraba principalmente en temas como eficiencia energética, reciclaje electrónico o conectividad. Hoy comienza a incorporar nuevas dimensiones sociales vinculadas al impacto de plataformas digitales sobre salud mental, bienestar, privacidad, desarrollo infantil y calidad de la convivencia digital.

En esa línea, el bienestar digital infantil empieza a consolidarse como un nuevo eje dentro de las responsabilidades sociales de empresas tecnológicas, plataformas digitales y compañías de telecomunicaciones.

La discusión recién comienza, pero ya anticipa un cambio más profundo: la tecnología dejará de evaluarse únicamente por cuánto conecta, y comenzará también a medirse por cómo afecta la calidad de vida, la salud mental y el desarrollo de las nuevas generaciones.