Diálogos Sostenibles
17/04

Biotecnología y sostenibilidad: el desafío es conectar ciencia, empresas y Estado

Tras participar en el Foro Económico Mundial, la académica de la UC y representante de Global Shapers Community en Santiago, Natalie Edwards señala que el principal desafío para que la biotecnología genere impacto no es técnico, sino de articulación entre los distintos actores.

La sostenibilidad hoy se expande más allá del ámbito ambiental, incorporando dimensiones sociales, tecnológicas y éticas y la biotecnología se posiciona  como una herramienta clave para enfrentar desafíos globales.

Así lo plantea Natalie Edwards, ingeniera en biotecnología molecular, académica de la UC y representante del Global Shapers Community Santiago, sostiene tras su reciente participación en Davos, que el problema no está en la falta de conocimiento, sino en la desconexión entre quienes lo generan.

 

El Global Shapers Community es una iniciativa del Foro Económico Mundial que reúne a más de 11.000 jóvenes en más de 500 ciudades. Lo que «buscamos es impactar la sociedad y, por lo tanto, el estado del mundo», explica Edwards, al referirse a áreas como participación cívica, salud pública, medioambiente y desarrollo de habilidades para el futuro.

En Chile, el hub de Santiago, con más de una década de trayectoria,  convive con iniciativas en regiones, ampliando el alcance territorial de estos proyectos.

Davos: tecnología, sostenibilidad y decisiones

La participación de Edwards en Davos se dio en el marco del Open Forum, un espacio abierto dentro de la agenda oficial del encuentro. Allí compartió panel con un Premio Nobel de Medicina, académicos y expertos en biotecnología, en una conversación centrada no en la tecnología en sí, sino en sus implicancias sociales.

«Se habló en distintas áreas de cómo nosotros podemos ocupar las tecnologías emergentes para tratar de tener un mundo mejor, con mejor calidad de vida», señala. El foco estuvo en cómo la sociedad enfrenta avances como la edición genética, no solo desde lo técnico, sino también desde la regulación y la ética.

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 Más allá del laboratorio: el desafío del ecosistema

Uno de los puntos centrales de su visión es que la biotecnología, por sí sola, no basta. «La ciencia no va a avanzar sola, todo esto es un ecosistema y hay que hacer una colaboración para continuar avanzando», afirma.

Si bien reconoce avances en Chile, como mayor financiamiento y el surgimiento de startups, advierte que aún falta consolidar un ecosistema donde academia, empresas, Estado y reguladores trabajen de forma integrada.

En esa línea, identifica una brecha clave: la falta de conexión entre actores. «Muchas personas tienen el mismo problema, pero no saben quiénes son quienes están trabajando en un mismo tópico, pero desde otra arista».

Para Edwards, cerrar esa brecha no solo requiere coordinación local, sino también una mirada global.

Colaboración: una condición para el avance científico

En un escenario marcado por la inteligencia artificial y la automatización, Edwards subraya la importancia de fortalecer habilidades que trascienden lo técnico. «La educación científica promueve el desarrollo de un pensamiento crítico, el poder resolver problemas, el colaborar», explica.

Desde su experiencia, la conexión entre disciplinas también es clave para generar soluciones aplicables: «De una idea puede pasar a ser un prototipo, un servicio, un producto que finalmente impacta la vida”.

Frente a la percepción de que las nuevas generaciones están menos comprometidas, Edwards plantea una mirada distinta: «Yo creo que desde el área de la juventud, al día de hoy, sobra motivación». Sin embargo, identifica una carencia relevante: la falta de espacios de encuentro, «falta es que existan más conversaciones intergeneracionales».

Su propia experiencia en Davos, donde participó siendo menor de 30 años, refuerza esta idea. «Más chilenos y chilenas, también jóvenes de Latinoamérica, merecen estar ahí». Y al final, hace un llamado transversal a empresas, academia y sector público: «Hay que preocuparse de pensar más allá del laboratorio, de entender cómo se conecta el ecosistema y quiénes son las personas que participan»

La clave, insiste, está en reconocer la diversidad de roles necesarios para que la innovación tenga impacto. «Se puede ser científico, gestor tecnológico, mentor o líder, y todos estos perfiles conversan y son cruciales para que exista esta colaboración».