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10/06

Cambio climático y crecimiento económico: el costo de no actuar y la oportunidad de anticiparse

Un cambio climático no gestionado puede abrir una brecha negativa creciente en el PIB potencial de las economías, mientras que estrategias tempranas de mitigación y adaptación podrían no solo reducir daños, sino también generar efectos positivos de largo plazo vía inversión, innovación y productividad, advierten economistas y organismos internacionales.

El consenso entre economistas es cada vez más claro: la inacción frente al cambio climático tiene un costo económico estructural y persistente. Un escenario de cambio climático no mitigado podría generar una brecha negativa amplia y creciente del PIB potencial respecto de un escenario de referencia.

Actúa como un choque negativo de oferta que afecta directamente los tres factores clave de la función de producción: capital, trabajo y productividad total de los factores (PTF). Las alteraciones en temperatura, precipitaciones y nivel del mar, sumadas a una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos, incrementan la depreciación del capital, reducen la fuerza laboral efectiva y deterioran la productividad.

Desde esta perspectiva, el riesgo climático deja de ser una externalidad ambiental para convertirse en una variable macroeconómica crítica, con efectos de arrastre sobre el crecimiento potencial de largo plazo.

Las estimaciones de impacto varían según supuestos y modelos, pero la dirección es consistente. Un informe de OCDE de 2015, Economic Consequences of Climate Change, proyecta pérdidas de entre 1% y 3,3% del PIB mundial en 2060, que podrían ampliarse hasta un rango de 2% a 10% hacia 2100 bajo un escenario de altas emisiones y adaptación limitada.

El Fondo Monetario Internacional, en un informe de 2025, refuerza esta lectura al destacar el impacto negativo de la inacción climática sobre el PIB potencial, aunque reconoce una alta dispersión en las estimaciones. Aun así, subraya que existe una relación estadísticamente significativa entre el aumento de las temperaturas y el deterioro del PIB potencial respecto de un escenario de referencia. En la misma línea, los economistas de BBVA Research señalan que, pese a la heterogeneidad de resultados, la evidencia empírica apunta a que el cambio climático erosiona de forma sistemática la capacidad productiva de las economías.

Transición lenta versus acción temprana

Uno de los principales hallazgos del estudio es que la trayectoria del PIB potencial diverge significativamente según el escenario climático y de transición adoptado. Las transiciones descoordinadas, tardías o fragmentadas tienden a generar mayores costos económicos, mientras que estrategias tempranas, ambiciosas y bien gestionadas de mitigación y adaptación pueden reducir los daños e incluso generar beneficios netos en el largo plazo.

Según los expertos analistas, transiciones más rápidas y coordinadas entre economías implicarían costos moderados en el corto plazo y niveles más altos de PIB a largo plazo, especialmente cuando se consideran los daños evitados asociados al cambio climático no gestionado. Advierten que incluso en los escenarios más optimistas, la brecha positiva generada por políticas climáticas eficaces sería menor que la brecha negativa asociada a un escenario de inacción, lo que refuerza la idea de que prevenir es menos costoso que reparar.

Inversión y la productividad

El estudio destaca que las políticas climáticas y las medidas de adaptación reconfiguran la inversión, la asignación del trabajo y los incentivos a la innovación. Entre los principales canales de impacto positivo se encuentran:

  • Mayor inversión verde, tanto pública como privada.
  • Renovación más rápida del capital, acelerando la adopción de tecnologías más eficientes.
  • Menor exposición a choques de combustibles fósiles, reduciendo vulnerabilidades macroeconómicas.
  • Efectos de arrastre de la innovación, que impulsan la productividad agregada.

La OCDE estima que estrategias integradas de clima y crecimiento podrían elevar el PIB del G20 en torno a 2,8% hacia 2050, cifra que podría acercarse al 5% si se incluyen los daños evitados. Además, algunas políticas podrían generar ganancias incluso en el corto plazo, del orden de 1% del PIB, cuando logran movilizar inversión verde y reciclar de manera eficiente los ingresos derivados del carbono.

Brechas de adaptación

Pese a los beneficios potenciales de la acción climática, el informe subraya una advertencia clave: los impactos del cambio climático y de la transición no son homogéneos. Existen asimetrías significativas entre regiones y economías, determinadas por factores como la ubicación geográfica, el nivel de desarrollo, la estructura productiva y la capacidad institucional de adaptación.

Esto implica que, sin mecanismos adecuados de coordinación y financiamiento, algunas economías podrían enfrentar costos desproporcionados, profundizando brechas existentes y generando nuevos riesgos sociales y económicos.

El mensaje es igualmente claro para las empresas: la sostenibilidad ambiental deja de ser un tema reputacional y se convierte en un factor estructural de competitividad y resiliencia económica. La capacidad de anticipar riesgos físicos y de transición, reorientar inversiones y adaptarse a nuevos marcos regulatorios será determinante para sostener el valor en el tiempo.