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06/06

Cambridge advierte: empresas deberán transformar sus modelos de negocio para enfrentar crisis de la naturaleza

Un nuevo informe elaborado por el Cambridge Institute for Sustainability Leadership (CISL), sostiene que las compañías deberán avanzar hacia modelos de negocio “nature positive” o positivos para la naturaleza si quieren mantener su competitividad y resiliencia económica en los próximos años.

La pérdida de biodiversidad y el deterioro acelerado de los ecosistemas están dejando de ser un desafío exclusivamente ambiental para convertirse en un riesgo estratégico para las empresas.

Así lo plantea un nuevo informe elaborado por el Cambridge Institute for Sustainability Leadership (CISL), parte de la Universidad de Cambridge, que sostiene que las compañías deberán avanzar hacia modelos de negocio “nature positive” o positivos para la naturaleza si quieren mantener su competitividad y resiliencia económica en los próximos años.

El estudio, desarrollado en el marco del proyecto internacional A-Track financiado por la Unión Europea, advierte que los actuales enfoques basados en mejoras operacionales o acciones aisladas de sostenibilidad ya no son suficientes para responder a la magnitud de la crisis ecológica global.

Según los autores, las empresas necesitan ir más allá de ajustes en compras, eficiencia o reducción de impactos específicos y replantear la forma en que crean, capturan y generan valor dentro de la economía.

“La transición hacia una economía positiva para la naturaleza requiere nuevos modelos de negocio alineados con este objetivo”, señala el reporte, que identifica distintas estrategias para integrar la protección y regeneración de los ecosistemas dentro del núcleo de la actividad empresarial.

La naturaleza entra al centro de la estrategia empresarial

El informe sostiene que la naturaleza sustenta la estabilidad de la economía global y que su degradación está comenzando a generar riesgos crecientes para empresas, gobiernos e instituciones financieras.

Frente a este escenario, los investigadores plantean que la sostenibilidad ya no debe abordarse únicamente como una gestión de impactos negativos, sino como una oportunidad para desarrollar nuevas fuentes de valor económico vinculadas a la restauración de ecosistemas, la regeneración de recursos naturales y la innovación empresarial.

La publicación identifica cinco grandes arquetipos de modelos de negocio alineados con una economía positiva para la naturaleza, que incluyen desde productos y servicios diseñados para reducir impactos ambientales hasta esquemas regenerativos capaces de restaurar ecosistemas y reconfigurar cadenas de valor completas.

Las barreras para la transformación

A pesar del creciente interés empresarial por incorporar criterios ambientales, el estudio reconoce que existen importantes obstáculos para acelerar esta transición.

Entre ellos destacan la dificultad para medir impactos sobre la biodiversidad, la falta de métricas estandarizadas, las barreras culturales dentro de las organizaciones, la incertidumbre regulatoria y los desafíos para escalar modelos innovadores.

Los investigadores también advierten sobre una percepción persistente de que las acciones orientadas a proteger la naturaleza pueden entrar en conflicto con la rentabilidad de corto plazo, una visión que consideran cada vez menos compatible con los riesgos económicos derivados de la degradación ambiental.

Un desafío que requiere cambios sistémicos

El reporte concluye que la transición hacia una economía positiva para la naturaleza no puede depender únicamente de la acción empresarial.

Por ello, plantea que los gobiernos deben establecer políticas y regulaciones claras, mientras que el sector financiero debe redirigir capital hacia empresas capaces de minimizar sus impactos y generar resultados positivos para los ecosistemas. Asimismo, destaca la necesidad de una mayor colaboración entre empresas, cadenas de suministro y distintos sectores productivos para acelerar la transformación.

Según CISL, las organizaciones que adopten tempranamente estos nuevos modelos podrían posicionarse de mejor manera frente a futuras exigencias regulatorias, cambios de mercado y crecientes expectativas de inversionistas y consumidores respecto al desempeño ambiental corporativo.