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19/05

Capital Natural: Destruir o no destruir, esa es la cuestión…

La naturaleza no es un insumo de una empresa. Habitantes de esta generación somos parte de su inventario temporal. Depende de nosotros crear valor o arruinarlo. La academia nos propone entenderlo como la capacidad de producción ambiental (biodiversidad, activos stock de naturaleza y servicios ecosistémicos) y económica (madera, productos forestales no madereros, recreación y otros). Medirlo requiere un esfuerzo metodológico que puede ser tan complejo como todas las discusiones en torno a cambio climático y biodiversidad.

Hemos vuelto a escuchar de Capital Natural, y podemos ver que están pasando cosas.

El año pasado (2023) se creó el Comité de Capital Natural  “en respuesta a la crisis de pérdida de biodiversidad y a la necesidad de incorporar el valor de la naturaleza y los servicios ecosistémicos que esta provee en el proceso de diseño e implementación del desarrollo sostenible del país”.

Arauco publicó recientemente “ser una de las primeras empresas chilenas en medir su capital natural, que en Chile equivale a un millón de hectáreas de bosques. Los resultados muestran que el valor bruto de los activos biológicos es cerca de US $13.500 millones, siendo el principal aporte la madera, seguido de la captura y almacenamiento de carbono de los bosques productivos y la captura de carbono de los bosques de conservación” .

Escuchamos que es un Imperativo Publico-Privado “Valorizar los insumos de la naturalezan en nuestra contabilidad” y la necesidad de tener “marcos teóricos comunes”. Puede ser técnicamente un desafío “valorizar” algo que no tiene mercado. Sabemos que hay cosas que tienen mucho valor y no tienen precio. Como el aire, por ejemplo.

Se puede entender que valorizar el Capital Natural de una empresa para incluirlo en la contabilidad puede ser el primer paso para protegerlo. Pero también para rentar de él. Aunque está bien abrazar ciertas tendencias y desarrollar iniciativas loables como la de medir el Capital Natural, debemos tener un pensamiento crítico al respecto.

Modas, ideologías y pensamientos de masa causan mucho daño, en todo el mundo, en todos los países y en todos los tiempos. El análisis del Capital Natural tiene raíces tan profundas que atraviesan el derecho a la propiedad privada. Difícilmente se resuelve como un asunto de contabilidad, mas bien necesita una mirada práctica, no desde su valor libro y propiedad. El Capital Natural compromete más nuestros deberes que nuestros derechos. La naturaleza no es un insumo de una empresa. Habitantes de esta generación somos parte de su inventario temporal. Depende de nosotros crear valor  o arruinarlo.

Desde la academia nos proponen que se debe entender como la capacidad de producción ambiental (biodiversidad, activos stock de naturaleza y los servicios ecosistémicos) y la económica ( madera, productos forestales no madereros, recreación por nombrar algunos). Medirlo requiere un esfuerzo en alinear un marco metodológico y esto puede ser tan complejo como todas las discusiones y acuerdos en torno a cambio climático y biodiversidad.

Lo primero que podemos entender desde la perspectiva del ciudadano común, es que el Capital Natural no es el “valor” de un “insumo” de una empresa si no que pertenece al territorio y a las personas que habitan en él. Es la razón por la cual los llamados conflictos ambientales y/o sociales, no son otra cosa que uno respecto la la creación o pérdida de valor en un territorio. Recordemos casos emblemáticos como:HidroAysén vs. Salvemos la Patagonia o Central Térmica Barrancones vs. Chao Pescado.

La Creación de Valor Territorial o CVT se logra mediante productos o servicios vinculados a una comunidad y habilitados por tecnología. Si pudiésemos definir una función de productos y servicios seria simplemente: Capital Natural, social, patrimonial, cultural + Trabajo= Productos / Servicios.

Lo primero que podemos entender desde la perspectiva del ciudadano común, es que el Capital Natural no es el “valor” de un “insumo” de una empresa si no que pertenece al territorio y a las personas que habitan en él. Es la razón por la cual los llamados conflictos ambientales y/o sociales, no son otra cosa que uno respecto la la creación o pérdida de valor en un territorio. Recordemos casos emblemáticos como: HidroAysén vs. Salvemos la Patagonia o Central Térmica Barrancones vs. Chao Pescado.

Un ejemplo para ilustrar. Para obtener una Papa Chilota necesitamos Capital Natural (suelo, agua, clima, biodiversidad etc); Capital Social (minga para arrar la tierra y plantar papas, intercambio de semillas nativas, por nombrar algunos);  Capital Cultural (conocimiento y tradición de saber cómo hacer, cuando hacer, donde hacer etc);  Capital patrimonial (casa donde vivir, herramienta, yunta de bueyes etc). Y por otra parte trabajo: Si la mujer (tradición de Chiloé) no se levanta temprano con el rocío de la mañana y el “hualato” a sembrar,  no habría papa. Por mucho Capital Natural que exista.

La pregunta que nos convoca es: ¿destruir, o no destruir? Si el producto papa vale más por su capital natural que por el trabajo, entonces estoy destruyendo valor. Si se extrae más de lo que la naturaleza puede regenerar entonces estoy destruyendo el Capital. Aunque a futuro tenga “trabajo”, en la ecuación, sin Capital Natural, no puedo producir.

Si a un pequeño propietario le subsidio una motosierra para que salga de la pobreza y con su “Trabajo” hace leña a partir de bosque nativo de su propiedad, posiblemente genere ingresos suficientes, pero va a ser más pobre porque los ingresos vienen de liquidar el Capital y no de crear valor con su trabajo.

Por eso, no conviene que la empresa ni Hacienda vean el Capital Natural como un Insumo. Porque cuando un pequeño propietario pierde su bosque nativo producto de una mala política pública, el país completo y todos sus habitantes no solo nos vemos mermados de un Capital Natural, también impedidos de crear valor en un territorio que ya no cuenta con él.