entrevista
11/04

Carbono Azul: el trabajo público-privado por catapultar al ecosistema marino como agente fundamental en la lucha climática

Fundación Chile (Fch) y Anglo American están trabajando en el desarrollo de este proyecto pionero en el país. ¿De qué se trata? ¿qué potencial tiene? y ¿cuánto puede ayudar a mitigar? En entrevista con ESGHOY el líder de Monitoreo y Remedicación Ambiental de Fch, Cristóbal Guidardi, habla de eso, de los desafíos y alcances.

El carbono azul es una solución basada en la naturaleza y tiene el potencial de ser aplicado en Chile. En simple, se trata que el ecosistema marino, a través de distintos tipos de algas que se pueden cultivar en el océano,  «secuestren» carbón. 

En lo técnico se refiere a la capacidad de los manglares, pastos marinos y algas, de absorber y almacenar grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Actualmente, se estima que los océanos captan alrededor del 30% del dióxido de carbono producido al año en el mundo, debido justamente a los bosques de macroalgas. 

Y en eso está Fundación Chile (FCh). Validando la teoría. «En colaboración con Anglo American hemos avanzado en el desarrollo de un proyecto pionero de Carbono Azul que considera tres componentes principales: el cultivo de macroalgas (Macrocystis pyrifera), la evaluación del carbono que se almacena en los sedimentos bajo la zona de cultivo y la elaboración de un bioproducto a partir de la cosecha parcial de las algas», explica a ESGHOY el líder de Monitoreo y Remediación Ambiental de FCh, Cristóbal Girardi.

El piloto se realiza mediante una instalación «long-lines», en carrete y  sistema «free-ploating», en este último  se ha obtenido «una fijación de carbono anual de 944 gC/m2», precisa el experto al detallar que también se ha evaluado el almacenamiento de carbono orgánico en los sedimentos, aunque «los resultados presentan gran variabilidad y no son concluyentes».

Lo que sí está dando frutos es la producción de biocarbón de alta calidad, con un contenido de carbono de 57%, «lo que demuestra su potencial para secuestro  y diversas aplicaciones. El proyecto busca, entre otros objetivos, establecer los lineamientos para la generación de créditos de carbono a partir del cultivo de macroalgas, dado que hoy en día no existe una metodología certificada para ello y el desafío está, precisamente, en la cuantificación, dice Girardi,  que «el balance neto del proyecto completo indique que hay remoción de carbono de la atmósfera a largo plazo».

Chile cuenta con más de 6.400 kilómetros de costa. ¿Cuál es el potencial real de este recurso para  contribuir a la captura de carbono en el país? ¿Qué limitaciones existen?
Chile presenta un gran potencial no solo en términos de mitigación de GEI, sino también en cuanto a la conservación de ecosistemas fundamentales para la resiliencia frente al cambio climático y su funcionamiento. Adicionalmente, este tipo de iniciativas podría ser una alternativa para mejorar la calidad de vida y bienestar de las comunidades costeras, entregando herramientas o generando nuevas actividades económicas sostenibles. Por otra parte, los bosques de macroalgas, en especial en el sur de Chile, son ecosistemas altamente productivos y muy bien conservados. En Chile más del 43% de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) se encuentra bajo alguna figura de conservación.

Respecto de las limitaciones,  aún no se ha demostrado que estos ecosistemas y los proyectos de carbono azul secuestren carbono, ya sea en proyectos de conservación, rehabilitación o repoblamiento y cultivos de algas. Además, se requiere mayor investigación para comprender la productividad de estos ecosistemas en nuestro país y cuantificar el almacenamiento y secuestro de carbono para demostrar que en el balance neto los proyectos son una herramienta para la mitigación de GEI.

Otra limitación tiene que ver con la extracción de algas desde praderas naturales, que es la principal forma en que se
obtienen las que se exportan, ya que daña los ecosistemas marinos  y no  permite que exista un mercado atractivo para el cultivo.

¿Qué interés han visto hasta ahora de parte del sector privado? ¿Hay exploraciones?

El proyecto de Carbono Azul que se encuentra desarrollando Fundación Chile en Bahía Inglesa, III región, en conjunto con el Centro de Innovación Acuícola AquaPacífico y la Universidad Andrés Bello, surge a raíz del interés de Anglo American por encontrar una manera de compensar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que no podrán reducir para alcanzar su meta de carbono neutralidad al 2040. Anglo American ha sido pionero en la búsqueda de esta solución basada en la naturaleza que pretende generar un triple impacto, es decir, se enfoca en la
mitigación de GEI y la generación de beneficios directos en el ecosistema, pero apuntando al fomento del desarrollo económico local y al bienestar de las comunidades costeras. Además, el proyecto busca posicionar el tema en Chile y ha generado bastante interés de otras empresas que también ven el potencial de esta oportunidad. Por otro lado, Huiro Regenerativo está desarrollando cultivos de algas para complementar este proyecto abarcando la zona centro y sur del país.

Desde una perspectiva de políticas públicas, ¿qué hace falta para que el carbono azul sea incorporado de forma integral en la estrategia climática de Chile?

Primero, fomentar la investigación de los ecosistemas marinos, en particular aquellos que puedan ser objeto de proyectos de carbono azul. Además, es necesario generar políticas públicas que desincentiven la extracción de algas desde praderas naturales y fomenten el cultivo. Por otra parte, se requiere establecer una planificación territorial en áreas marinas que permita el desarrollo sostenible de proyectos de carbono azul e integrado con otro tipo de proyectos. Por último, una gobernanza estable es clave para el desarrollo de este tipo de proyectos. El Servicio de  Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) constituye un gran avance, ya que tendrá atribuciones para trabajar en ecosistemas de todo Chile, permitiendo coordinar los esfuerzos nacionales y planificar estrategias para todo el territorio.

Las ventajas

¿Qué ventajas tiene el uso de ecosistemas marinos, como las macroalgas, en comparación con otros métodos de captura de carbono, tanto en términos de eficiencia como de sostenibilidad?

Frente a otros métodos de captura de carbono, las macroalgas tienen la ventaja de que sus tasas de crecimiento son muy altas, es decir, fijan grandes cantidades de carbono en poco tiempo y, en particular, el huiro flotador (Macrocystis pyrifera) crece hasta alcanzar 30 metros o más en ecosistemas naturales. Se estima que las macroalgas fijan 1,3 PgC anuales a nivel global, lo que es equivalente casi al doble de lo que fijan los bosques boreales de Canadá. Por lo tanto, son sistemas más eficientes que otros en la captura de carbono.

Además las macroalgas son organismos que estructuran el ecosistema, ya que otorgan refugio, alimento y soporte a otras especies. De hecho, son clave para el mantenimiento de otros organismos de interés comercial, como peces, moluscos y crustáceos. Adicionalmente, pueden ser promovidas como una fuente de alimento sostenible y nutritiva, ya que son ricas en vitaminas, minerales, antioxidantes y otros compuestos beneficiosos para la salud humana, lo que ofrece oportunidades para el desarrollo de economías sostenibles y seguras desde el punto de vista alimentario. En otros casos, las algas pueden absorber contaminantes y mejorar la calidad del agua, beneficiando a la biodiversidad en general.

En el proyecto piloto en Bahía Inglesa, se utiliza el huiro (Macrocystis pyrifera) como una especie de alga clave. ¿Qué características lo hacen ideal para la captura de carbono en comparación con otras especies?
Macrocystis pyrifera es ideal para la captura de carbono principalmente por tres características. Una de ellas es su alta productividad. El huiro es una especie de alga que crece muy rápido. Se ha documentado que puede llegar a alcanzar tasas de crecimiento de incluso 50 cm/día bajo condiciones óptimas, es decir, fija grandes cantidades de carbono de manera eficiente. Además, su capacidad para alcanzar grandes tamaños contribuye a una captura de carbono superior en comparación con otras especies. El segundo factor clave es su factibilidad de cultivo, tanto por las características morfológicas que permiten su fijación en el sistema de cultivo, como por el conocimiento y capacidades técnicas que se han desarrollado y existen hoy en Chile para conseguirlo. Finalmente, esta especie es nativa, de amplia distribución y capaz de adaptarse a distintas condiciones ambientales.

Experiencia inglesa

La experiencia británica con el Foro de Carbono Azul ha destacado la importancia de una gobernanza intersectorial para integrar el océano en la lucha climática. ¿Es viable replicar este tipo de estructura en Chile?
Sí. Es fundamental tener sentados en la mesa a todos los interesados y que puedan aportar en el diseño e implementación de acciones que permitan hacer frente al cambio climático y el desarrollo de políticas públicas basadas en evidencia, entre estos, científicos, sector público, privados, organizaciones internacionales, ONGs, entre otros.

¿Qué desafíos ha identificado la Fundación Chile en cuanto a la implementación de cultivos de algas a gran escala?

Uno de los principales desafíos es obtener una metodología que permita demostrar el secuestro, a partir de la elaboración de un bioproducto y/o mediante la estimación del carbono almacenado bajo el área de cultivo. Otro desafío tiene que ver con la habilitación de un mercado para el producto generado a partir del cultivo de algas, además de lo que pudieran ser los créditos de carbono. Una vez resueltos estos desafíos, se podrá impulsar el paso de la extracción de algas desde praderas naturales hacia el cultivo.

¿Qué impacto tiene la producción de biocarbono a partir de macroalgas en sectores como la agricultura o la producción de biocombustibles? ¿Se han explorado sinergias en estos ámbitos?

Uno de los principales usos del biocarbón es como enmienda del suelo para mejorar las condiciones de este. Puede mejorar la retención de agua y nutrientes, promover la actividad microbiana beneficiosa y aumentar la capacidad de intercambio catiónico, lo que conduce a suelos más fértiles y saludables. También puede ser usado como enmienda de suelos altamente contaminados por metales pesados.

Durante el desarrollo del proyecto Carbono Azul se analizará el potencial  en términos de retención de carbono. Durante el proceso de elaboración de este bioproducto, que es una combustión a altas temperaturas en ausencia de oxígeno (pirólisis), se genera bioaceite, que podría utilizarse como biocombustible, ofreciendo una alternativa a los fósiles. También puede convertirse en gas natural y biodiésel. La generación de este tipo de bioproducto u otros, como los bioestimulantes puede ayudar a mejorar la agricultura o la producción de biocombustibles, reduciendo su huella ambiental.