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09/06

Empresas B en Chile : facturan más de US$5.000 millones al año y representan cerca del 2% del PIB

A 20 años del Movimiento B, Chile se posiciona como líder regional en Empresas B por habitante, con casi 270 compañías certificadas, más de 38.500 empleos y una facturación equivalente al 2% del PIB.

El Movimiento B cumple 20 años en un momento en que el debate sobre el rol de las empresas en la sociedad vuelve a ocupar un lugar central. Lo que comenzó en 2006 con 81 compañías pioneras se ha transformado en una red global de más de 10.800 Empresas B en más de 100 países y 160 industrias, con más de un millón de personas empleadas y herramientas de gestión de impacto utilizadas por más de 400.000 organizaciones en el mundo.

Partió en 2012 en América Latina con la creación de Sistema B, el primer socio global de B Lab fuera de Estados Unidos: pasó de 50 empresas a más de 1.300, multiplicando por más de 26 veces su presencia en 14 años.

Dentro de ese ecosistema, Chile aparece como uno de los casos más relevantes: cerca de 270 Empresas B, frente a las 16 que existían al inicio del movimiento a nivel local. Según datos de Sistema B Chile, estas compañías están presentes en más de 20 sectores productivos, entre ellos tecnología, servicios financieros, construcción, energía, alimentación y manufactura, emplean a más de 38.500 personas y generan ingresos anuales por sobre los US$5.000 millones, equivalentes a cerca del 2% del PIB nacional.

Chile cuenta con el mayor ratio per cápita de Empresas B de América Latina, la mayor cantidad de compañías certificadas en relación con su población dentro de la región. Este indicador posiciona al país como un referente regional en empresas de triple impacto, tanto por el tamaño del ecosistema como por su grado de desarrollo frente a otros mercados latinoamericanos, como lo reveló también hace unas semanas el encuentro anual de socios de Acción Empresas.

«Que Chile tenga el mayor ratio per cápita de Empresas B de América Latina demuestra que los impactos sociales, ambientales y económicos dejaron de ser un atributo diferenciador para transformarse en una ventaja competitiva real. Por ello el desafío que tenemos ahora es aún mayor: el liderazgo de Chile no se juega solo en el crecimiento del movimiento, sino en su capacidad de proponer y acelerar una economía más robusta y sostenible para toda la región», señaló Zdenka Astudillo, directora ejecutiva de Sistema B Chile.

De la certificación al cambio en la gestión empresarial

El modelo de Empresa B busca evaluar el desempeño de las compañías no solo desde sus resultados financieros, sino también desde su impacto social, ambiental y de gobernanza. En ese sentido, el aniversario del movimiento ocurre en un contexto de mayor exigencia para las empresas, especialmente por el avance de nuevas regulaciones, mayores expectativas de inversionistas y consumidores, y la necesidad de contar con prácticas verificables frente a riesgos como el greenwashing.

A nivel global, B Lab anunció en 2025 una actualización relevante de los estándares de certificación. El cambio deja atrás un modelo basado principalmente en puntajes y establece requisitos obligatorios en siete áreas de impacto: propósito y gobernanza de las partes interesadas, trabajo justo, justicia, equidad, diversidad e inclusión, derechos humanos, acción climática, circularidad y gestión ambiental, y asuntos gubernamentales y acción colectiva.

Este giro apunta a fortalecer la consistencia de la certificación y elevar la vara para las empresas que buscan mantenerse o ingresar al ecosistema B. En la práctica, implica que las compañías deberán demostrar avances mínimos en dimensiones clave de gestión, y no solo compensar debilidades en un ámbito con buenos resultados en otro.

Según el nuevo Informe de Impacto del Movimiento B, si más empresas adaptaran sus prácticas climáticas a los criterios que cumple una Empresa B Certificada, el calentamiento global podría reducirse en 0,5 °C hacia 2100. La cifra busca mostrar el potencial de escalamiento de este tipo de modelos de gestión, especialmente en un escenario donde la acción climática empresarial es cada vez más relevante para cumplir metas globales de descarbonización.

Cuatro fases de crecimiento
De la idea a la infraestructura (2006–2011): creación de la Evaluación de Impacto B y primeras leyes en EE.UU.
Del país al alcance global (2011–2016): expansión a 37 países y casos emblemáticos como Natura Cosméticos.
Del nicho a la necesidad (2016–2021): crecimiento acelerado tras la pandemia, con más de 100 Empresas B en Argentina.
De la consolidación a la influencia sistémica (2021–2026): más de 10.000 Empresas B en el mundo, con compañías globales como Nespresso y Danone certificadas.

Liderazgo femenino y descentralización del impacto

El 26% de las Empresas B del país fueron fundadas por mujeres, mientras que 124 de las 268 compañías certificadas cuentan actualmente con mujeres en cargos de liderazgo, 46% del total.

Las pequeñas y medianas empresas fundadas por mujeres representan más del 70% de las Empresas B del país y facturan sobre US$89,3 millones. Además, más del 50% de las empresarias B genera ingresos fuera del sector servicios, mientras que un 18% lidera compañías en sectores estratégicos como manufactura, energía y construcción.

El 37,3% del capital B femenino opera fuera de Santiago, con la Región de Los Lagos como principal hub regional, con un 14,9% de participación. Le siguen Valparaíso, Coquimbo y Biobío, cada una con un 6%, además de presencia en Atacama, Los Ríos y O’Higgins.

Nueva etapa para el movimiento

A dos décadas de su origen, el Movimiento B enfrenta un escenario distinto al que marcó sus primeros años. La sostenibilidad empresarial ya no se limita a iniciativas voluntarias o programas aislados, sino que se cruza con exigencias de reporte, trazabilidad, gestión de riesgos, acceso a financiamiento y reputación corporativa.

Chile muestra un ecosistema en expansión, pero también plantea desafíos. El crecimiento en número de empresas certificadas deberá ir acompañado de estándares más exigentes, mayor profundidad en la gestión de impacto y capacidad de incidencia en sectores productivos relevantes para la economía nacional.

La consolidación de Chile como líder regional en Empresas B no solo refleja la cantidad de compañías certificadas, sino también el avance de una forma de hacer negocios que busca integrar desempeño económico, responsabilidad social y gestión ambiental, como lo refleja también el Sustainability YearBook 2026. El desafío ahora será demostrar que este modelo puede escalar, mantenerse creíble y contribuir a una economía más resiliente, competitiva y sostenible para la región.