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07/01

Cómo proyectan el 2026 los líderes empresariales del mundo

Crecimiento desigual, tensiones geopolíticas persistentes y una transformación tecnológica acelerada marcan las expectativas de los altos ejecutivos para este año.

«Cautela y moderación» es lo que define el ánimo de los líderes empresariales a nivel mundial. En un escenario de crecimiento desigual, tensiones geopolíticas, condiciones financieras más restrictivas y una aceleración tecnológica que está redefiniendo la competitividad empresarial, la previsión estratégica y la capacidad de adaptación aparecen como atributos centrales del liderazgo corporativo.

Estas percepciones son el punto de partida de la encuesta anual de perspectivas empresariales impulsada por la red global de ejecutivos de la European International Corporate Network  (EICN), la red internacional de líderes empresariales con base europea y alcance global que busca recoger las expectativas de altos directivos respecto a inversión, desempeño económico y gestión de riesgos de cara al próximo año.

Más que una fotografía coyuntural, el ejercicio pretende capturar cómo están evolucionando las prioridades estratégicas en un mundo que ya no ofrece certezas estables.

Crecimiento positivo, pero fragmentado

La economía global entra en 2026 con señales de expansión, aunque lejos de un crecimiento homogéneo. Asia y Oriente Medio continúan posicionándose como polos de atracción de capital, impulsados por políticas de diversificación productiva, inversión en infraestructura y estrategias de transición energética. En contraste, Europa y las Américas enfrentan una demanda más contenida y mayores restricciones financieras, lo que obliga a las empresas a ser más selectivas en la asignación de recursos.
Para los ejecutivos, esta asimetría plantea una pregunta clave: dónde invertir, dónde consolidar posiciones y dónde reducir exposición. En encuestas anteriores, mercados emergentes como India, Indonesia y Vietnam aparecían como destinos prioritarios de expansión. Sin embargo, el nuevo contexto geopolítico y las disrupciones en las cadenas de suministro han reconfigurado el cálculo de riesgo, obligando a las compañías a reevaluar su presencia en regiones estratégicas.

Condición estructural

Más allá del ciclo económico, uno de los cambios más relevantes en la mirada ejecutiva es la normalización del riesgo geopolítico como un elemento permanente del entorno de negocios. Tensiones comerciales, fragmentación regulatoria, conflictos regionales y ciclos electorales impredecibles han dejado de ser eventos excepcionales para convertirse en variables estructurales.
Frente a este escenario, las empresas ya no hablan solo de resistencia, sino de resiliencia entendida como adaptabilidad. Diversificación de proveedores, relocalización parcial de operaciones, revisión de dependencias críticas y fortalecimiento de la gobernanza interna son algunas de las respuestas que comienzan a integrarse en los modelos operativos. La pregunta ya no es si ocurrirá una disrupción, sino cuán preparada está la organización para absorberla y reconfigurarse.

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La transformación tecnológica, en particular el avance de la inteligencia artificial y la automatización, ocupa un lugar central en las expectativas para 2026. La promesa de mejoras en productividad, eficiencia operativa y toma de decisiones convive con interrogantes sobre el impacto en el empleo, las competencias laborales y la gobernanza de los algoritmos.

Al mismo tiempo, la sostenibilidad y los criterios ESG siguen presentes en la agenda, aunque bajo un escrutinio creciente. Antes el cambio climático y la adopción de prácticas ESG figuraban entre las principales oportunidades de negocio identificadas por los ejecutivos. Hoy, con la atención corporativa fuertemente capturada por la IA, emerge la duda sobre si la sostenibilidad perderá centralidad o si ambas dimensiones lograrán converger como motores complementarios de crecimiento y resiliencia.

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Para muchas compañías, la respuesta parece apuntar a una integración más estratégica: utilizar la tecnología no solo para optimizar costos, sino también para mejorar la trazabilidad, la gestión de riesgos ambientales y sociales, y el cumplimiento regulatorio en un entorno cada vez más exigente.

De cara a 2026, la mirada ejecutiva parece converger en una idea central: la ventaja competitiva ya no depende solo del tamaño o la eficiencia, sino de la capacidad de anticipar cambios, gestionar riesgos complejos y alinear tecnología y sostenibilidad con la estrategia de negocio.

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