Diálogos Sostenibles
20/05

Crisis hídrica en Chile: «Estamos agotando reservas y el problema es estructural»

Ulrike Broschek, de Fundación Chile, advierte que el país enfrenta una crisis de alcance nacional marcada por déficit de precipitaciones, sobreexplotación de aguas subterráneas y una institucionalidad fragmentada.

La crisis hídrica en Chile se ha profundizado en los últimos años, con un 80% de las regiones afectadas por déficit de precipitaciones en 2025. En entrevista con ESGHOY, Ulrike Broschek, subgerente de sustentabilidad de Fundación Chile, advierte que el país enfrenta un problema estructural que combina escasez física, mala gestión y falta de coordinación institucional.

¿Por qué Chile enfrenta una crisis hídrica?
Chile enfrenta una crisis hídrica por el déficit de precipitaciones, la sobreexplotación de aguas subterráneas y una institucionalidad fragmentada que dificulta una gestión eficiente del recurso.

El problema puede llegar a tener impactos insospechados. La nueva normativa de la CMF, alineada con IFRS S2, obliga a las empresas a integrar el riesgo hídrico en su estrategia, transformando el agua en un factor clave de continuidad operativa y financiamiento.

 

¿Estamos frente a una crisis hídrica real en Chile?

Sí, estamos en una crisis hídrica que ha avanzado de forma sostenida. El 80% de las regiones terminó el año con déficit de precipitaciones, y aunque existe la percepción de que la megasequía se ha superado, en realidad no es así.

La sequía ha continuado y cada año se registran nuevos récords de déficit. Además, se ha intensificado el uso de reservas de agua subterránea, lo que implica una sobreexplotación: se extrae más agua de la que se recarga naturalmente. Se trata de un fenómeno silencioso, pero crítico, ya que estas reservas se están agotando progresivamente.

¿El problema es solo falta de agua?

No. Existe una escasez física importante, pero también una mala gestión del recurso. El desafío no es solo la disponibilidad, sino cómo el país se adapta a este contexto. Chile será uno de los países más afectados de América Latina por el cambio climático, lo que impacta en precipitaciones, glaciares y disponibilidad hídrica.

Por eso, la diferencia la marcará la capacidad de gestión como plantea Miquel Paraira, director de Calidad de agua y de Laboratorio de Veolia España en entrevista con ESGHOY.

 

¿Qué tan preparada está la institucionalidad?

El problema es estructural. Desde 2013 el Banco Mundial identificó debilidades en la institucionalidad del agua en Chile, y esa situación no ha cambiado de fondo.

Hoy existe una institucionalidad fragmentada, con múltiples organismos sin una mirada integrada del recurso hídrico.

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¿Qué medidas urgentes se deberían tomar?

Primero, fortalecer la institucionalidad. Es clave contar con una entidad capaz de coordinar actores y liderar una política hídrica con metas claras.

Entre las opciones están:

  • Fortalecer la Dirección General de Aguas (DGA).
  • Crear una subsecretaría de recursos hídricos.
  • Avanzar hacia una Agencia Nacional de Recursos Hídricos.

Además, es fundamental establecer una meta país, algo que hoy no existe en materia de agua, a diferencia de la carbono neutralidad en energía.

Desde su mirada, la gestión debe descentralizarse: «Es necesario avanzar en organismos de cuenca, que permitan una gobernanza hídrica a nivel territorial, integrando actores locales, comunidades y sectores productivos. El centralismo actual impide aprovechar capacidades regionales y responder a la diversidad de realidades del país.

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¿Por qué no se ha avanzado?

Porque no existe un espacio institucional que articule las propuestas. Existen diagnósticos y consensos, incluso propuestas desarrolladas de manera colaborativa, pero falta liderazgo público para consolidar una estrategia común. Hoy hay más de 50 organismos con atribuciones en agua, lo que dificulta la coordinación.

Las consecuencias de no actuar, dice Broschek, ya son visibles:

  • Migración de la agricultura hacia el sur.
  • Pérdida de productividad en la zona norte.
  • Aumento del costo del agua potable.
  • Avance de la desertificación.
  • Deterioro de ecosistemas.

Además, el desarrollo productivo del país se está concentrando territorialmente, lo que limita el potencial económico.

¿Qué rol juega la innovación?

Es clave. La eficiencia en el uso del agua requiere transformar procesos productivos, incorporar recirculación, reutilización y reducción de pérdidas. Sectores como minería han avanzado, pero aún hay brechas importantes en agricultura y acuicultura. La innovación es fundamental para habilitar desarrollo productivo en zonas con menor disponibilidad hídrica.

¿Cuál es el llamado final?

Las empresas deben medir su huella hídrica y avanzar en eficiencia. También es necesario impulsar soluciones colaborativas, con participación del sector público, privado y comunidades. El desafío requiere coordinación, innovación y una visión de largo plazo que permita asegurar desarrollo económico junto con sostenibilidad ambiental.

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