Peor aún, admite que el modelo «parece ahora contraproducente, convirtiéndose gradualmente en el símbolo de una gran juerga diplomática con un telón de fondo de lavado verde. La COP28, que se celebrará en Dubai en noviembre y diciembre, es el ejemplo más caricaturesco de ello. La pequeña petromonarquía del Golfo, con apenas diez millones de habitantes, es el sexto mayor emisor per cápita de CO2 del mundo, con 22 toneladas por persona y año».
La misma publicación insta a que «deben surgir cumbres y organizaciones diferentes, más flexibles y más regionales para alcanzar colectivamente los objetivos del Acuerdo de París. Ayudemos a los estados, las empresas y las ONG de los cinco continentes a establecer nuevas formas de organización, adaptadas a sus realidades regionales y realmente eficaces para alcanzar nuestros objetivos climáticos».