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29/09

Del descarte al impacto: cómo Chile combate el desperdicio de alimentos

Cada año se pierden 5,2 millones de toneladas de alimentos en Chile. Hoy una estrategia nacional, alianzas público-privadas e innovación tecnológica marcan el rumbo para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos, con beneficios sociales, ambientales y económicos. Los planes de SMU y Tottus que están marcando el rumbo.

Según la FAO, un tercio de los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia cada año, lo que equivale a 1.300 millones de toneladas y a un costo superior a US$ 940 mil millones anuales. El Estudio «Desperdicio de Alimentos en Chile», elaborado por Maggi e Ipsos, reveló que 7 de cada 10 hogares reconoce que bota comida hasta seis veces por semana, generando una pérdida que, en el 56 % de los casos, alcanza hasta los  $300.000 al año.

Y en ese escenario -donde hoy se celebra el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos- Chile hoy tiene una Estrategia Nacional para Prevenir y Reducir las Pérdidas y Desperdicios de Alimentos a 2040 (ENPDA).  Liderada por el Ministerio del Medio Ambiente, a través de su Oficina de Economía Circular y Gestión de Residuos,.

¿El desafío? Ampliar la innovación, masificar la educación y fortalecer la trazabilidad, para que el país se acerque a una economía circular real y logre un impacto positivo tanto en el medioambiente como en las comunidades más vulnerables.

En América Latina, cerca del 12% de los alimentos producidos se desperdicia. Un estudio del académico de la Facultad de Ingeniería y Negocios de la Universidad de Las Américas, Daniel Durán, estimó que en Chile se trata de 5,2 millones de toneladas al año, de las cuales 68% corresponde a frutas y verduras que nunca llegan a consumo.

El fenómeno es responsable del 8% al 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) y supone un uso desproporcionado de agua y tierra cultivable, mientras el mundo ha declarado que existen alrededor 828 millones de personas sufren hambre.

Estrategia nacional y aporte privado

La Estrategia Nacional para Prevenir y Reducir las Pérdidas y Desperdicios de Alimentos a 2040 (ENPDA) tiene un Comité Ejecutivo que integran ODEPA, la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, FAO, PNUMA y BID. Otro Estratégico que incluye representantes de la Comisión Nacional para la Prevención y Reducción de las PDA (CNPDA) y actores del sector privado, como gremios agroalimentarios, supermercados y emprendimientos vinculados a la temática.

«Consideramos fundamental la articulación de los esfuerzos de todos los actores, para prevenir y reducir las PDA en toda la cadena agroalimentaria, ya que es algo que compete a todo el mundo y a todas las organizaciones, esperamos que el sector privado tenga una participación relevante, en especial, cuando la Estrategia comience su etapa de implementación», dicen desde el el Ministerio.

La Red de Alimentos es uno de los actores clave en esta articulación. «La relación con las más de 220 empresas con las que trabajamos es fundamental. Gracias a su compromiso, alimentos y productos de primera necesidad hoy llegan a más de 570 organizaciones sociales, impactando a más de 230 mil personas en situación de vulnerabilidad», explica Alicia Hidalgo, gerente general de la entidad.

Además de su impacto social, esta colaboración tiene beneficios ambientales y económicos. Permite a las empresas gestionar mejor sus excedentes, reducir emisiones de GEI y fortalecer la trazabilidad de los productos rescatados.

Innovación y tecnología: aliados contra el desperdicio

La innovación también cumple un rol central. Para Alejandra Cabezas Cornejo, gerente de Insight Lab Activa Chile, los envases sostenibles deben diseñarse desde el inicio: «Más allá de informar sobre reciclaje, es fundamental integrar soluciones que permitan la reciclabilidad, reutilización y gestión efectiva de residuos, reduciendo así el desperdicio de alimentos».

Un ejemplo es Tetra Pak, que se comprometió a reducir en un 50% el desperdicio de productos en sus líneas de procesamiento al 2030, respecto a 2019. Para ello aplica automatización, sensores de control de calidad y envases optimizados. En 2025, la empresa reunió a más de 100 líderes en México para compartir mejores prácticas sobre tecnología y reducción de desperdicio.

A nivel global, se contabilizan más de 800 startups dedicadas a combatir el desperdicio de alimentos, con foco en prevención, reciclaje, redistribución y upcycling. Solo en América del Norte existen 103 emprendimientos enfocados específicamente en reciclaje de alimentos.

Casos destacados en supermercados chilenos
  • Tottus: se propuso reducir en 20% el desperdicio al 2025 (base 2021), lo logró un año antes (26%) en 2024. Su estrategia combina inteligencia artificial, donaciones a organizaciones sociales y valorización de residuos. «Actualmente, estamos redefiniendo nuestro plan con el objetivo de establecer metas más ambiciosas, basadas en los aprendizajes obtenidos y la madurez de los procesos instalados», explican desde la compañía. Los resultados cualitativos incluyen el fortalecimiento del vínculo con las comunidades locales, la reducción del impacto ambiental, mejoras en la eficiencia operativa, desarrollo de nuevas habilidades y competencias organizacionales, entre otros.
  • SMU: a través de su programa Pronto Consumo, evitó en 2024 que 7.535 toneladas de alimentos llegaran a rellenos sanitarios. De ellas, 785 toneladas fueron donadas a organizaciones sociales, beneficiando a más de 164 mil personas. Además, logró reducir 4.700 toneladas de GEI y recicló 21,9% de sus residuos operativos, renovando su certificación en el programa Huella Chile. Este esfuerzo permitió a renovar en 2024 su certificación en el programa Huella Chile, recibiendo los sellos de Cuantificación y Reducción de Emisiones.“El desafío en este ámbito consiste en identificar y promover alternativas que eviten la disposición final de materiales valorizables, gestionando su reutilización o reciclaje. Asimismo, la idea es fomentar que nuestros clientes adopten estas prácticas sostenibles”, detalla la gerente de sostenibilidad de SMU, Marcela Salas.
Educación y cultura: la clave a largo plazo

El cambio cultural es esencial. Según Alejandra Cabezas, se requieren estrategias comunicacionales con foco educativo, mostrando cómo ciertos empaques y prácticas permiten prolongar la vida útil de los alimentos sin afectar la salud.

Existen campañas globales como Juventud hacia el Cero Desperdicio de Alimentos del Foro Mundial de la Alimentación, así como programas de la FAO y organizaciones escolares en distintos países.

En Chile, el Grupo Falabella ha puesto la educación ambiental como eje de su estrategia. Impulsan campañas que combinan sensibilización, comunicación y formación.  «Un ejemplo emblemático es la Semana del Medio Ambiente, una instancia anual que reúne webinars, conversatorios y capacitaciones internas sobre diversos temas vinculados con nuestra Política Ambiental y de Cambio Climático, como economía circular y consumo responsable”, detallan desde la compañía.