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19/05

Del ego al legado: la extinción del liderazgo sin conciencia

El liderazgo del futuro no puede construirse desde la arrogancia solitaria ni desde la comodidad del status quo. Hay que dejar de fingir que sabemos todo, que ESG es solo un check en la presentación anual, que el aislamiento es parte del precio del éxito. No lo es. Es un síntoma.

Liderar es “glorioso”, hasta que te das cuenta de que estas solo en el cargo y presa de tus decisiones. En la era del CEO omnisciente, del director infalible, se esconde una verdad incómoda: el poder también aísla. Según un estudio de Harvard Business Review, el 50% de los CEOs afirma sentirse solo en sus decisiones, y un 61% dice que esa soledad afecta negativamente su rendimiento. Pero claro, admitir eso públicamente sería como decir en voz alta que el rey va desnudo.

¿Y qué hacemos mientras tanto en América Latina? Discutimos sobre ESG con entusiasmo en los paneles y con ambigüedad en los presupuestos. El 73% de las empresas afirma tener estrategias ESG, pero solo el 38% sabe realmente de qué está hablando. ¿La parte difícil? Gobernanza y lo social. En Chile, por ejemplo, donde las tensiones entre propósito empresarial y presión ciudadana están más vivas que nunca, el discurso ESG aún navega entre la intención y la incoherencia. El entorno ya no solo es VUCA (volátil, incierto, complejo, ambiguo), es también despiadadamente incoherente: queremos sostenibilidad sin incomodar al accionista, equidad sin ceder privilegios, y propósito… sin perder la rentabilidad trimestral.

Y en medio de ese paisaje corporativo lleno de buzzwords, el componente más olvidado sigue siendo la “G” de ESG: la Gobernanza. Esa dimensión incómoda que obliga a revisar estructuras de poder, mecanismos de decisión y coherencia ética. Gobernar bien es más difícil que innovar, porque no se puede tercerizar ni maquillar. Exige que el liderazgo deje de actuar… y empiece a pensar con humildad.

En este escenario surrealista, donde el líder se encuentra cada vez más solo, rodeado de KPIs que no le devuelven llamadas, resulta urgente crear espacios donde el ego quede en la puerta y las conversaciones vayan más allá de un PowerPoint bien diseñado. Por eso, el evento “Circle of Titans 2025”, organizado por Cambridge Business Association (CBA), realizado en Santiago de Chile el viernes 21 de marzo, fue más que un desfile de trajes y palabras de buena crianza. Fue un oasis de lucidez y un baño de humildad, donde nadie tenía todas las respuestas independientemente de los años de experiencia que hubiese en la sala.

Bajo el provocador título de “Impacto & Legado”, el evento reunió expertos de diversas industrias y nacionalidades para ganar perspectiva sobre los grandes desafíos de nuestra época: gobernanza, innovación, globalización y colaboración radical entre pares. Entre ellos destacaron Chris Bruce (Director de Cambridge Tech Week), Maximilian Ge (Embajador de Innovación de la Universidad de Cambridge), Cristian Granados (Director de Innovación del Tecnológico de Monterrey, experto en innovación frugal), John Droguett (Chairman de RSM Chile), Ignacio Fernández (Director General de ProChile) y sí, hasta Don Francisco, que además de entretener, trajo su destacado “Decálogo de éxito” con la contundencia de alguien que ha sobrevivido a seis décadas de reinvención.

Pero no fueron las charlas magistrales lo más potente —porque la información sin acción es un commodity de bajo impacto real—, sino el diseño del evento en sí: círculos de pares sin conflicto de interés, aprendizaje horizontal, conversaciones incómodas pero necesarias. Un entorno donde los líderes no compiten por quién tiene más «impacto social» en su pitch de inversores, sino por quién se atreve a hablar de verdad.

Porque, admitámoslo, el liderazgo del futuro no puede construirse desde la arrogancia solitaria ni desde la comodidad del status quo. Hay que dejar de fingir que sabemos todo, que ESG es solo un check en la presentación anual, que el aislamiento es parte del precio del éxito. No lo es. Es un síntoma.

Circle of Titans 2025 lo dejó clarísimo: el legado no se mide por los aplausos, sino por las conversaciones incómodas que uno se atrevió a tener cuando era más fácil callar. Ahora, el verdadero desafío comienza después: ¿qué hacemos con lo que escuchamos? ¿Cómo transformamos esas conversaciones en decisiones? En un mundo que exige menos storytelling y más storydoing, tal vez haya llegado la hora de liderar… sin máscaras.