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20/11

COP30 instala por primera vez un Día de la Economía Circular y eleva la discusión sobre materiales en la acción climática

La COP30 de Belém dedicó una jornada completa a la economía circular, marcando un giro en la agenda climática: desde ahora, la gestión de materiales, los flujos de recursos y la prevención de residuos dejan de ser temas secundarios y pasan a ser claves para cumplir el objetivo de 1,5 °C.

Por primera vez en su historia, la cumbre climática COP30, dedicó una jornada íntegra a la economía circular. El gesto no fue simbólico: buscó instalar los flujos de materiales, la prevención de residuos y el uso eficiente de recursos como parte estructural de la acción climática global.

Hasta ahora, la mayor parte de las negociaciones internacionales se había centrado en transformaciones energéticas, combustibles fósiles y emisiones directas. Sin embargo, el debate comenzó a desplazarse hacia un punto crítico: la forma en que el mundo produce, consume y desecha materiales. La evidencia es contundente. Diversos informes muestran que cerca del 45% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen de actividades relacionadas con los materiales, como la minería, la fabricación, el uso y la eliminación.

El reconocimiento de esta cifra explica por qué la economía circular aparece ahora en el corazón de la agenda. El mensaje de Belém es claro: alcanzar el compromiso del Acuerdo de París no depende solo de descarbonizar la energía, sino también de transformar los sistemas de producción y consumo.

Dedicado a la circularidad

Durante la jornada, las sesiones abordaron políticas de prevención de residuos, estrategias de reutilización y reparación, mejoras en los sistemas de reciclaje y enfoques de diseño orientados a prolongar la vida útil de los recursos. La participación de líderes de la industria, representantes gubernamentales y especialistas en gestión de residuos buscó aterrizar la economía circular como una herramienta concreta, no solo como un concepto aspiracional.

Circularidad en retroceso: el mundo recicla menos y consume más que nunca

 

Uno de los hitos del día fue el lanzamiento del Protocolo Global de Circularidad (GCP), una iniciativa del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) y One Planet Network. Este marco pretende ayudar a las empresas a medir y gestionar su desempeño circular en toda la cadena de valor, avanzando hacia métricas más claras y comparables.

Implicancias para el sector privado y los gobiernos

El cambio de enfoque trae consecuencias directas para las empresas. Ya no basta con declaraciones generales sobre reciclaje o reducción de residuos. La tendencia apunta a exigencias más específicas: seguimiento del uso de recursos, trazabilidad del ciclo de vida de los materiales y evidencia de que los diseños incorporan principios circulares desde el origen.

Para los reguladores, el desafío es igualmente significativo. Normas, incentivos y capacidad institucional deberán adaptarse para permitir modelos circulares. Esto implica infraestructura adecuada, regulaciones coherentes y sistemas de reporte que alineen las políticas climáticas con los objetivos de circularidad.

Como señaló uno de los expertos que participó en la COP30, “nuestro sector se basa en la necesidad de proteger la salud humana y el medio ambiente, y el cambio climático es el riesgo más significativo”. La visión, compartida por diversos representantes, refuerza la urgencia de integrar la gestión de materiales en la planificación climática.

Qué viene después de Belém

La creación del Día de la Economía Circular podría marcar un punto de inflexión. Lejos de ser un gesto puntual, abre la puerta a que los futuros planes climáticos nacionales incorporen compromisos específicos sobre materiales, residuos y sistemas de consumo. Tanto los países como las industrias enfrentan ahora una presión creciente para acelerar estrategias de circularidad como parte oficial de la acción climática, no como iniciativas voluntarias o complementarias.

La COP30 dejó instalada una expectativa: la transición circular ya está en marcha, pero la verdadera prueba será la capacidad de ejecutarla. Transformar la relación del mundo con los recursos requiere no solo nuevas tecnologías, sino cambios en el diseño de productos, en los modelos de negocio y en la manera en que la sociedad entiende el valor de los materiales.

El desafío es profundo. Pero por primera vez, la economía circular ocupó un espacio central en la agenda climática global.

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