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06/06

Economía oceánica sostenible: los 7 cambios que podrían crear más de 50 millones de empleos al 2050

Un análisis del World Resources Institute advierte que el futuro laboral del océano dependerá de decisiones clave en inversión, transición energética, formación de trabajadores, regulación y protección de ecosistemas. Según las proyecciones, la economía oceánica podría llegar a 184 millones de empleos formales en 2050 o caer a poco más de 91 millones si la transición sostenible se estanca.

Más de 50 millones de empleos formales de aquí al 2050 podría generar la economía oceánica. Eso, siempre que los países aceleren la inversión en industrias sostenibles, fortalezcan la formación de trabajadores y protejan los ecosistemas marinos.  Así lo advierte un informe del World Resources Institute (WRI) que pone la alerta, eso sí, en que si la inversión se ralentiza, podrían perderse casi 40 millones de puestos de trabajo respecto de los niveles actuales.

La economía oceánica sostenible podría crear 51 millones de empleos formales al 2050, según un análisis del World Resources Institute. El resultado dependerá de siete factores clave: acción climática, inversión, prácticas sostenibles, demanda de alimentos y energía, innovación, regulación y formación de trabajadores.

El artículo, elaborado por Katie Wood, Oliver Ashford y Judy Kildow, plantea que el empleo asociado al océano dependerá de la capacidad de gobiernos, empresas y comunidades para alinear acción climática, financiamiento, innovación, regulación y reconversión laboral.

Hoy la economía oceánica genera al menos 133 millones de empleos formales en sectores como turismo, pesca, transporte marítimo, petróleo y gas offshore, y energías renovables. Si se consideran también los empleos informales, como las operaciones pesqueras familiares, la cifra podría superar los 230 millones.

Según el análisis estos sectores aportan más de US$2,5 billones anuales en bienes y servicios a la economía global. Además, cumplen un rol clave en seguridad alimentaria, energía, transporte, cultura, biodiversidad y acción climática. Más de 3.000 millones de personas dependen del pescado para al menos una quinta parte de su consumo de proteína animal.

Una transición lenta, marcada por una gobernanza débil, baja inversión sostenible y deterioro de los ecosistemas, el empleo formal en la economía oceánica podría caer a poco más de 91 millones de puestos de trabajo en 2050. En cambio, con una transición rápida, basada en prácticas sostenibles, capacitación laboral e inversión en sectores compatibles con la salud del océano, el empleo podría crecer hasta 184 millones, lo que equivale a una ganancia neta de 51 millones de empleos.

Cambio climático: riesgo y oportunidad para el empleo oceánico

El primer factor identificado por WRI es el cambio climático. El calentamiento del océano, la acidificación, la desoxigenación, el aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de eventos extremos amenazan actividades tradicionales como la pesca, el turismo costero y las operaciones portuarias.

Sin embargo, la transición climática también puede abrir nuevas oportunidades laborales. La descarbonización de buques y puertos, por ejemplo, podría generar alrededor de 13,3 millones de empleos adicionales al 2050, asociados a energías renovables, combustibles alternativos, electrificación portuaria, maquinaria, infraestructura energética y adaptación climática.

En este punto, el análisis es claro: el impacto del cambio climático sobre el empleo no está definido de antemano. Dependerá de si los países y las empresas reaccionan solo frente al daño o si anticipan la transformación productiva que ya está ocurriendo.

Chile busca posicionarse como hub de innovación oceánica. 

Financiamiento: la condición para escalar nuevas industrias azules

El segundo cambio clave es el acceso a financiamiento. Sectores como la energía eólica marina, el transporte marítimo descarbonizado, los puertos sostenibles, la acuicultura de bajo impacto y la pesca responsable requieren inversiones de largo plazo, marcos regulatorios estables y capacidad técnica.

WRI destaca especialmente el potencial de la energía eólica marina. Por cada megavatio de capacidad instalada durante la vida útil de un proyecto offshore, se pueden generar más de 17 empleos, considerando ingeniería, instalación, operación, mantenimiento, gestión de proyectos y cadenas de suministro.

El problema es que el acceso al capital sigue siendo desigual. Instrumentos como bonos azules, financiamiento mixto e inversión de impacto pueden ayudar a movilizar recursos, pero las inversiones tienden a concentrarse en economías avanzadas, especialmente en Norteamérica y Europa. Para los países costeros en desarrollo, la pregunta será cómo evitar que la nueva economía azul profundice brechas en vez de reducirlas.

Prácticas sostenibles: proteger el empleo que depende del océano

El tercer factor es la adopción de prácticas sostenibles. En sectores como turismo costero, pesca y acuicultura, la salud del ecosistema no es un elemento accesorio: es la base de la actividad económica.

En turismo marino, la protección de áreas naturales, la restauración de ecosistemas y el ecoturismo pueden sostener empleos vinculados a experiencias de naturaleza, educación ambiental, servicios comunitarios y conservación. En cambio, la degradación ambiental puede afectar directamente la continuidad de negocios que dependen de playas, arrecifes, biodiversidad y paisajes costeros.

La pesca y la acuicultura muestran con claridad este riesgo. Las prácticas insostenibles pueden agotar recursos, reducir capturas, afectar cadenas de valor y deteriorar el empleo en comunidades costeras. Por eso, la transición sostenible no solo tiene una dimensión ambiental, sino también laboral y territorial.

La directora de CINCO, María José Urrutia, planteó en entrevista con ESGHOY que Chile tiene potencial para liderar la economía azul desde el sur.

Cambios en la demanda: alimentos marinos, trazabilidad y nuevos perfiles laborales

El cuarto cambio está relacionado con la evolución de la demanda global. Los alimentos marinos, incluida la pesca sostenible y la acuicultura, son cada vez más relevantes en la discusión sobre seguridad alimentaria y producción de proteínas bajas en carbono.

La acuicultura sostenible aparece como una de las áreas con mayor potencial. Tecnologías como los sistemas de recirculación de agua, la acuicultura offshore y el monitoreo ambiental pueden permitir una expansión productiva con menores impactos locales. Al mismo tiempo, abren oportunidades laborales en calidad del agua, análisis de datos, innovación en alimentación animal, sanidad acuícola y gestión ambiental.

WRI también destaca el rol de las algas y los mariscos, como mejillones y almejas, considerados entre las formas de acuicultura con menor impacto ambiental. Estas actividades pueden generar empleo en comunidades costeras y aportar a la mitigación climática, la restauración de ecosistemas y el ciclo de nutrientes.

A esto se suma una tendencia de mercado cada vez más exigente: consumidores y empresas demandan productos trazables, certificados y con menores emisiones. Eso genera nuevos perfiles laborales en auditoría de sostenibilidad, cumplimiento ambiental, trazabilidad digital y gestión de cadenas de valor.

Energía: del offshore fósil a las renovables marinas

El quinto factor es la transición energética. A medida que aumenta la demanda global de energía y se intensifica la necesidad de reducir emisiones, las energías renovables marinas, como la eólica offshore, la mareomotriz, la undimotriz, la solar marina y la conversión de energía térmica oceánica, aparecen como sectores con alto potencial de expansión.

Pero esta transición también supone una reconfiguración laboral. El empleo en petróleo y gas offshore podría disminuir con la reducción progresiva de la demanda de combustibles fósiles. Muchas de las habilidades de ese sector, como ingeniería marina, logística, operaciones submarinas y gestión de infraestructura, pueden transferirse hacia energías renovables. Sin embargo, esa transferencia no ocurrirá automáticamente.

Según WRI, una transición bien gestionada podría generar una creación neta de más de 6 millones de empleos, pero para ello se requieren programas de reconversión, apoyo político, protección social y rutas claras para los trabajadores afectados.

Innovación: más tecnología, nuevos oficios y riesgo de exclusión laboral

El sexto cambio es la innovación. La inteligencia artificial, la robótica, el monitoreo satelital, el análisis de datos y la digitalización pueden mejorar la eficiencia en pesca, acuicultura, transporte marítimo y gestión portuaria.

En transporte marítimo, por ejemplo, el mantenimiento predictivo y la planificación de rutas asistida por IA pueden reducir tiempos de espera, mejorar la eficiencia del combustible y disminuir emisiones. En paralelo, están creciendo áreas de alta especialización como biotecnología marina, servicios de datos oceánicos, inteligencia climática, modelación ambiental y planificación espacial marina.

Pero la innovación también plantea desafíos. En varias regiones, la fuerza laboral marítima está envejeciendo y menos jóvenes se incorporan a estas industrias. Esto puede generar problemas de productividad, escasez de talento y pérdida de conocimiento técnico. Para atraer nuevas generaciones, WRI plantea la necesidad de mejorar la formación, la seguridad laboral, la alfabetización oceánica, la infraestructura digital y las oportunidades de desarrollo profesional.

Chile apunta a liderar esta industria.

Regulación: nuevas exigencias para competir en mercados sostenibles

El séptimo factor es la regulación. Los acuerdos internacionales, las políticas climáticas, los precios al carbono, los sistemas de certificación y las exigencias de trazabilidad están modificando las competencias necesarias en la economía oceánica.

El transporte marítimo es uno de los sectores donde esto se observa con mayor claridad. La descarbonización exige conocimientos en combustibles de bajas y cero emisiones, rediseño de buques, eficiencia energética, control de emisiones, infraestructura portuaria y cumplimiento normativo.

Para las empresas, adaptarse temprano puede significar acceso a mercados, inversión y competitividad. Para los trabajadores, implica que la educación ambiental, la comprensión regulatoria y las certificaciones técnicas serán cada vez más importantes, tanto en actividades artesanales como en industrias globales.

Una oportunidad también para Chile

Aunque el análisis de WRI tiene alcance global, sus conclusiones dialogan directamente con países costeros como Chile. Con más de 6.000 kilómetros de costa continental, una industria acuícola relevante, puertos estratégicos, potencial para energías renovables y una creciente discusión sobre economía azul, el país enfrenta el desafío de convertir su vocación marítima en una estrategia de desarrollo sostenible.

La pregunta no es solo cuántos empleos puede generar el océano, sino qué tipo de empleos serán, bajo qué estándares ambientales, con qué capacidades laborales y con qué distribución territorial. En un contexto de transición energética, presión sobre los ecosistemas y nuevas exigencias de trazabilidad, Chile podría encontrar en la economía oceánica sostenible una oportunidad para diversificar su matriz productiva, fortalecer comunidades costeras y anticiparse a regulaciones globales.

El mensaje central del análisis de WRI es que el empleo azul no crecerá por inercia. Requiere políticas públicas, inversión privada, protección de ecosistemas, formación técnica y una transición justa para quienes hoy trabajan en sectores que deberán transformarse.

La economía oceánica puede convertirse en un motor de empleo resiliente al clima o en un sector expuesto a pérdidas masivas por degradación ambiental, baja inversión y falta de planificación. La diferencia, advierte el informe, dependerá de las decisiones que gobiernos, empresas e inversionistas tomen durante los próximos años.