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28/09

Ejecutivos frente a la transición energética: descarbonización más lenta, confianza en sí mismos y poca en el mundo

Encuesta de Bain a 600 ejecutivos de sectores críticos para el cambio revela que los profesionales no temen por el acceso al capital, pero sí a garantizar el retorno de las inversiones. "La mayoría de los clientes no están dispuestos a pagar mucho más para respaldar estos nuevos negocios a escala, por lo que las empresas necesitarán apoyo político gubernamental para incentivar la inversión", dice el estudio. La escasez de talento es una barrera.

La tercera encuesta anual de Bain & Company  sobre la transición energética advierte que los ejecutivos están pensando en elevar sus inversiones en negocios con bajas emisiones de carbono, pero «se muestran escépticos sobre la voluntad de los consumidores de pagar más».

El sondeo, realizado a 600 profesionales del petróleo, gas, servicios públicos, químicos, minería y agroindustria, considerados como la primera línea de la transición energética y de recursos naturales, busca evaluar sus opiniones y actitudes sobre el progreso del cambio, cómo lo están gestionando sus empresas y qué barreras ven en el futuro.

Este año los ejecutivos esperan una desaceleración en la tasa de descarbonización en el corto plazo (para 2030), aunque sus expectativas a largo siguen siendo, en gran medida, positivas. Siguen confiando en sus propias capacidades para gestionar la complejidad, pero tienen menos confianza en el mundo en general.

Entre los hallazgos más interesantes:

  • La mayoría  todavía cree que a sus propias empresas le está yendo mejor en el camino hacia el cero neto que al mundo en su conjunto. Alrededor de un tercio cree que les está yendo mejor que a sus pares.
  • Las empresas esperan desplegar el 24% de su capital en nuevos negocios de crecimiento en 2023. América del Norte se está poniendo al día con Europa.
  • El acceso al capital para nuevas inversiones bajas en carbono no es una limitación importante, pero garantizar el retorno sí lo es. La mayoría de los clientes no está dispuestos a pagar mucho más para respaldar estos nuevos negocios a escala, por lo que las empresas necesitarán apoyo político gubernamental para incentivar la inversión.
  • Las energías renovables, la inteligencia artificial (IA), otras tecnologías digitales, y el almacenamiento de energía, serán lo más crítico para el sector hasta 2030. Los ejecutivos de Medio Oriente son optimistas sobre la captura de hidrógeno y carbono, pero los de las otras regiones esperan que estas tecnologías se conviertan en algo importante sólo después de 2030.
  • La escasez de talento es una barrera , especialmente para los trabajadores de primera línea en América del Norte y Medio Oriente. También para los ingenieros y expertos digitales de todos los sectores

Perspectivas globales

Los ejecutivos anticipan una «modesta» desaceleración en la tasa de descarbonización en los próximos años, pero no han cambiado sus expectativas a largo plazo, aunque los esfuerzos avanzan, dice Bain, la agitación en los mercados energéticos provocó que se quemara más carbón para compensar la escasez de gas natural suministrado por Rusia.

Los encuestados colocan al año 2057 como la fecha de consenso en la que el mundo podría alcanzar emisiones netas de carbono cero. Esperan que las reducciones sigan los compromisos actuales hasta 2030 y luego se aceleren para alcanzar el cero neto en 2057. Para que esto suceda, muchas cosas tendrían que cambiar después de 2030, dice Bain. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía estima que las inversiones anuales en energía limpia tendrían que aumentar a US$ 4,6 billones para 2030, desde los US$ 1,6 billones de 2022.

Mientras tanto, las empresas que implementan estas inversiones también deben garantizar que estos proyectos sean económicamente viables y puedan ejecutarse dadas las limitaciones físicas (por ejemplo, disponibilidad de materiales, mano de obra, cadena de suministro).

Aproximadamente un tercio de los ejecutivos cree que sus propias empresas están más avanzadas en el camino hacia el cero neto que sus pares, y dos tercios creen que se están moviendo más rápido que el mundo en su conjunto.

La reducción de las emisiones de Alcance 1 y 2 sigue siendo la principal prioridad ESG. El 88% clasifica la reducción de emisiones entre sus tres principales temas. Los ejecutivos también están pensando en su impacto en las comunidades locales, un punto que sigue siendo uno de los tres temas principales en todas las regiones excepto Europa, donde se ubica por debajo del alcance 3 de emisiones y circularidad.
 El interés por la circularidad también está creciendo. Es una de principales prioridades para el sector químico y se elevó de 8 a 10 puntos porcentuales en el interés en la agroindustria, la minería y el petróleo y el gas, donde aproximadamente uno de cada tres ejecutivos lo considera una de las principales prioridades.

Cuatro de cada cinco ejecutivos consideran que la capacidad de generar retornos aceptables para los proyectos es una barrera principal para la descarbonización del sistema energético. Sus preocupaciones se basan en la falta de voluntad de los clientes para pagar. No es universal, pero sí lo suficiente como para dificultar la ampliación de negocios con bajas emisiones de carbono. Por eso recurren a las políticas gubernamentales y al apoyo regulatorio para ayudar a cerrar la brecha. Menos del 20% expresó preocupaciones significativas sobre el acceso al capital.

Perspectivas para los negocios principales

Los ejecutivos de servicios públicos y nuevas energías son los más optimistas. Casi dos tercios espera que su negocio crezca rápidamente, debido a los continuos vientos de cola de la electrificación y la energía baja en carbono como parte cada vez más de su negocio principal.

Las empresas planean asignar más capital a nuevas áreas de crecimiento con bajas emisiones de carbono, alrededor del 24% de su capital frente al 16% en 2020, en consonancia con la tendencia que vimos el año pasado. A nivel regional, América del Norte está alcanzando a Europa debido a los incentivos incluidos en la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de Estados Unidos. Algunos ejecutivos de otras regiones expresaron preocupaciones sobre la competitividad y la necesidad de un apoyo político equivalente en otros países.

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