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19/05

El ADN de los negocios del mañana

Las regulaciones como la Ley Karin y la Ley de Delitos Económicos están sirviendo como catalizadores para que las organizaciones evolucionen hacia modelos más conscientes, donde la ética, la salud mental, la transparencia y la sostenibilidad son esenciales para su éxito a largo plazo.

De acuerdo a lo publicado por la Superintendencia de Seguro Social (Suseso), en 2022, el 30% de las licencias médicas tramitadas fueron por salud mental, ocupando el 41,6% de los recursos destinados al pago de licencias. Es decir, casi la mitad de los recursos destinados a cubrir la recuperación de enfermedades del país está enfocado en ayudar a quienes sufren de patologías de salud mental. Buena parte de este porcentaje tiene su raíz en problemas de acoso laboral, lo que nos habla de una situación crítica al interior de muchas organizaciones.

Por otra parte, el aumento de los delitos económicos al interior de las empresas parece ser una realidad. Las reiteradas noticias de empresas que se coluden y de ejecutivos que eluden impuestos o crean sistemas complejos para defraudar al Estado, nos hace pensar que estamos viendo solo la punta del iceberg.

Quizás, es este panorama el que justifica la aparición de regulaciones que buscan cambiar el ADN de las empresas. Regulaciones legales, como la Ley Karin y la Ley contra los Delitos Económicos, están desempeñando un papel crucial en la transformación de las organizaciones hacia modelos más conscientes y responsables. Estas leyes no solo buscan sancionar conductas ilícitas, sino que también fomentan una cultura de transparencia y ética empresarial.

La Ley Karin, enfocada en la protección de los derechos humanos y la lucha contra la corrupción, obliga a las  organizaciones a implementar políticas que promuevan la integridad y la responsabilidad social. Esto implica no solo cumplir con las normativas, sino también adoptar prácticas proactivas que aseguren un impacto positivo en la sociedad. Las empresas que se alinean con esta legislación tienden a desarrollar una mayor conciencia sobre su papel en la comunidad y en el medio ambiente, lo que las impulsa a ser más sostenibles y éticas.

Por otro lado, la Ley contra los Delitos Económicos se centra en la prevención y sanción de prácticas corruptas y fraudulentas. Esta regulación crea un marco que favorece la competencia leal y protege a los consumidores, lo que a su vez obliga a las organizaciones a revisar sus procesos internos y a establecer controles más estrictos. Al hacerlo, las empresas no solo evitan sanciones legales, sino que también mejoran su reputación y confianza en el mercado.

Ambas leyes están empujando a las organizaciones a adoptar un enfoque más consciente, donde el bienestar social y ambiental se convierte en un pilar fundamental de su estrategia. Este cambio no solo beneficia a las comunidades y al entorno, sino que también puede resultar en una ventaja competitiva, ya que los consumidores y los inversores valoran cada vez más la responsabilidad social de las empresas.

En resumen, las regulaciones como la Ley Karin y la Ley contra los Delitos Económicos están sirviendo como catalizadores para que las organizaciones evolucionen hacia modelos más conscientes, donde la ética, la salud mental, la transparencia y la sostenibilidad son esenciales para su éxito a largo plazo.