Uno de los problemas más desafiantes de los últimos años, en materia de sostenibilidad, es el manejo de los residuos electrónicos. También conocida como e-waste, se ha convertido en una de las crisis ambientales menos visibles pero más explosivas del siglo XXI.
Según el Global E-waste Monitor 2024, el planeta generó en 2022 un récord de 62 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos y las proyecciones hablan de llegar a 82 millones de toneladas en 2030, con un crecimiento sostenido de casi 3 millones de toneladas por año.
A diciembre de 2025, los datos apuntan a unas 70 millones de toneladas anuales.
Tasa de reciclaje podría caer bajo el 20%
Un artículo de Expoknews, señala que pese al valor estratégico de los residuos electrónicos, más del 75 % no es recolectado ni reciclado formalmente. Esto significa que solo 1 de cada 5 dispositivos desechados entra a una cadena segura de tratamiento.
Y la tendencia no mejora: si no se implementan políticas estructurales, la tasa global de reciclaje podría caer por debajo del 20 % en 2030, según advierte el informe GEM. Esto implica que más de 65 millones de toneladas anuales podrían estar contaminando suelos, filtrando químicos tóxicos en ríos o incinerándose sin control en vertederos informales.
En 2022, el valor estimado de los metales contenidos en residuos electrónicos no reciclados fue de US$ 57 mil millones. Esto incluye oro, cobre, plata, cobalto, litio, platino y tierras raras, esenciales para sectores como las energías renovables, la electromovilidad o la electrónica médica.
Qué pasa en América Latina
Aunque la crisis es global, América Latina enfrenta condiciones particulares. Según el GEM 2024, la región genera aproximadamente 9.6 % del e-waste mundial, pero solo recolecta formalmente una fracción mínima de ese volumen.
México supera ya 1,3 millones de toneladas anuales, pero carece de una infraestructura nacional de reciclaje electrónico homologada. En Brasil, el país más avanzado en la región, menos del 3 % del e-waste es reciclado oficialmente.