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19/07

El reto que viene: acciones más que palabras

La brecha entre las intenciones de las empresas y la realidad es altísima. Las compañías ven beneficios pero no están dispuestas a resultados más bajos. Los consumidores presionan cambios, pero no quieren pagar más. Una publicación de PwC  busca responder ¿por qué es tan difícil lograr un progreso real en materia de sostenibilidad?

Las empresas se enfrentan a una intensa presión para actuar en cuestiones de sostenibilidad y muchas se están comprometiendo con ambiciosos objetivos medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Entonces, ¿por qué se está logrando tan poco en temas ambientales?  Es lo que trata de dilucidar PWC en este artículo publicado en Strategy+Business, al advertir que “los inversionistas ven los beneficios de la acción, pero no están dispuestos a aceptar rendimientos más bajos. Los clientes presionan a las empresas para que cambien, pero no quieren renunciar a la comodidad y los precios bajos”.

La inversión en etapa inicial en tecnología climática se dirige en gran medida a sectores que representan una proporción menor de las emisiones totales. ¿La solución? Que “las empresas y los inversionistas encuentren el equilibrio adecuado entre el  rendimiento a corto plazo y la acción necesaria para alcanzar los objetivos a más largo plazo”, sostiene PWC y propone cuatro pasos:

1.- Encontrar el propósito de sostenibilidad. Definir la razón de ser de la empresa o simplemente se centrará en cumplir con los requisitos legales y reglamentarios. Este conocimiento facilita la creación del caso de negocios que persuadirá a los inversionistas para que intercambien retornos a corto plazo por prosperidad a largo plazo. Hay que partir con una pregunta simple: ¿cuál es la postura estratégica hacia lel ESG?

2.- ¿Cuál es su narrativa convincente que une las demandas de los inversores y otras partes interesadas con el propósito ESG de la empresa? Es posible que los primeros movimientos no den resultados a corto plazo y los inversores ya se muestran reacios a recortar sus ganancias, incluso cuando dicen que apoyan la agenda de sostenibilidad. La forma de unir las piezas es a través de una narrativa coherente que combine las necesidades de sus partes interesadas con una visión de hacia dónde se dirige la empresa y por qué, cómo y cuándo llegará allí.

3.- Generar confianza. Comprender las expectativas de los inversionistas. Integrar los factores de medio ambienta, sociales y de gobernanza en la estrategia y las decisiones comerciales, sobre la asignación de capital, la inversión y otras actividades involucradas en la ejecución estratégica. Los resultados de sostenibilidad se han vuelto demasiado importantes para los inversionistas como para que se traten como simples complementos. Reportar el desempeño con el mismo rigor y calidad que aplica al desempeño financiero, puede que sean más significativos al ubicarlos en un contexto financiero.

4.- Poner el dinero donde están las emisiones. ¿Qué tan enfocadas están las inversiones en tecnología verde en las innovaciones que tendrán el mayor impacto en el cambio climático y su prosperidad a largo plazo? ¿De qué otra manera puede hacer que sus esfuerzos de sostenibilidad sean más efectivos? La solución es poner el dinero donde están las emisiones. Si eso suena obvio, no lo es. Un estudio de PwC sobre la inversión en tecnología climática en etapa inicial encontró que solo el 52 % de la financiación se destina a los sectores que generan el 85 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). La movilidad, atrae casi la mitad de los flujos de inversión a pesar de contribuir con solo el 15 % de las emisiones totales.

 

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