MESA ESGHOY PROhumana
13/06

Empresas y comunidades en Chile: Del permiso a la confianza, trabajo público-privado y coherencia

El tercer capítulo del ciclo ESGHOY– PROhumana abordó cómo reconstruir las desconfianzas. Patricio Pinto (Kinross), Juan Pablo Sheffer (Anglo American) y Soledad Teixidó (ProHumana) coincidieron en pasar del trámite a una relación, con coherencia, colaboración y políticas público-privadas que escalen buenas prácticas.

Chile vive un escenario de segmentación social y desconfianza donde la legitimidad de las instituciones, incluidas las empresas, ha estado en cuestión. En ese marco, el tercer capítulo del ciclo ESGHOY–PROhumana puso foco en cómo pasar de una licencia social mínima a vínculos de largo plazo que generen valor para territorios y compañías.

La presidenta ejecutiva de PROhumana, Soledad Teixidó; el director de Asuntos Externos de Kinross, Patricio Pinto y el Vicepresidente de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad, Anglo American Chile, Juan Pablo Schaeffer debatieron y coincidieron en la necesidad de recuperra el sentido humano del vínculo entre empresas y comunidades.

«Más que una licencia, porque la licencia siempre suena a legal, las corporaciones están constituidas por personas, el relacionamiento está en la calle, como digo yo, está en terreno, no está en la oficina», señaló Pinto. Schaeffer subrayó la necesidad de humanizar a las empresas y ser coherentes entre lo que se dice y lo que se hace, impulsando relaciones bidireccionales y multiactorales que generen valor compartido. Soledad Teixidó enfatizó que la clave está en  erradicar los prejuicios entre actores públicos, privados y sociales, y en fortalecer el diálogo como herramienta para construir confianza: «lo clave que es saber dialogar, escuchar, es un entrenamiento que no acaba en la vida, ahí es donde se generan las fracturas cuando hay vacíos».

Del permiso a la relación: «personas que hablan con personas»

Patricio Pinto propuso mover el eje desde la lógica legal a la humana: «Más que una licencia, el relacionamiento es de personas. Está en la calle, en terreno, no en la oficina. La sintonía fina nace del uno a uno»

Juan Pablo Shaeffer reforzó la idea de humanizar a la empresa y sostener coherencia entre discurso y práctica: «Cuando decimos que nos interesan las comunidades, hay que demostrarlo. Reducir impactos y generar valor mutuo, con diálogo bidireccional y multiactor».

Antídoto a la desconfianza

Para Soledad Teixidó los avances son visibles, pero el gran punto ciego sigue siendo la confianza: “Seguimos instalando prejuicios entre empresa, Estado y ONG. Lo clave es comunicar, dialogar y escuchar con consistencia. Ahí se rompen las fracturas.”

Durante la conversación, los ejecutivos compartieron ejemplos concretos de cómo las compañías están transformando aprendizajes locales en políticas públicas y relaciones sostenibles con las comunidades.

Experiencias que escalan desde el territorio

Patricio Pinto relató que la compañía ha buscado construir relaciones de largo plazo basadas en escuchar y entender el territorio. Subrayó que cada región del país tiene dinámicas distintas y que «lo primero es leer bien los territorios y escuchar muy bien». Explicó que, en su experiencia, las empresas sí pueden contribuir a hacer buena política pública cuando conocen de cerca las realidades locales y colaboran con autoridades y actores sociales.

«Tuvimos una discusión con un ministro que me dijo que las empresas no hacen políticas públicas, y yo creo que sí hacemos políticas públicas. En la medida que conocemos bien los territorios, que conversamos con alcaldes, con senadores, con ministros, tenemos la posibilidad de hacer una buena política pública», señaló Pinto al destacar, por ejemplo, el colegio construido en la región de Atacama junto a otra minera, que ya lleva 33 años funcionando:

«Hoy es el mejor colegio de Atacama. No lo hicimos solo; lo hicimos con otra compañía minera, y da educación tanto a hijos de trabajadores mineros como a personas que no tienen relación con la minería. Han pasado generaciones y hemos hecho una diferencia», dijo que  la clave está en mantener un diálogo permanente con las comunidades, entender sus preocupaciones legítimas y dar respuestas que generen valor compartido más allá del negocio.

Juan Pablo Shaeffer  compartió dos iniciativas que la compañía ha logrado escalar mediante alianzas público-privadas. La primera es el Plan Minero Sustentable, implementado hace seis o siete años, con tres pilares, ambiental, social y de vecino corporativo. En su componente social, Anglo American desarrolló un modelo educativo pionero centrado en la experimentación: «Hemos desarrollado un modelo visionario para experimentar la educación a través de, en vez de dictar, experimentar el conocimiento. Lo hemos implementado en más de 35 colegios de la Región Metropolitana y la Quinta Región, y hoy lo estamos llevando al programa Meso y Noa junto al Ministerio de Educación y los SLEP»

También ejemplificó con  el programa de agua rural con telemetría, diseñado para comunidades en zonas de escasez hídrica. «Desarrollamos telemetría para los servicios sanitarios rurales que les permite usar el agua en los momentos del día en que hay más disponibilidad. Con una aplicación web, el dirigente puede saber a qué hora hay agua y así disminuir el consumo hídrico y energético», explicó.

El sistema ya se ha implementado en 83 servicios sanitarios rurales de la Región Metropolitana y Valparaíso, y actualmente se trabaja con el Ministerio de Obras Públicas para escalarlo a nivel nacional.
“Es transformar experiencias positivas a nivel micro en políticas públicas a nivel macro”, sintetizó Shaeffer.

Proveedores que también generan impacto

Tanto Kinross como Anglo American coincidieron en que el trabajo con las comunidades no puede limitarse al entorno inmediato de la operación, sino que debe incluir a toda la cadena de valor.

Patricio Pinto explicó que los proveedores representan «un brazo más de la compañía» frente a la comunidad, ya que las personas no distinguen si un contratista o un mandante es quien genera un impacto. «La comunidad cuando ve el desempeño social de una empresa no distingue si es un proveedor X o Y, termina hablando de la compañía minera del mandante. Por eso las políticas deben ‘culturizarse’ a la realidad local».

Comentó además que la industria ha avanzado en colaboración interempresarial, dejando atrás la lógica de competencia aislada que caracterizó por años al sector, «voy a poner el ejemplo del clúster minero en Atacama, donde 15 compañías se pusieron de acuerdo para trabajar no solo en el desarrollo de proveedores locales, sino también en la mano de obra local. La minería hasta hace unos años era bien de trabajar en estanco… hoy hay una colaboración mucho más cercana, y eso permite tener mejores resultados».

Juan Pablo Shaeffer reforzó esa idea y detalló que la cadena de suministro es parte del mismo compromiso social de la compañía. «Los contratistas y la cadena de valor son parte importante del rol de la empresa; con ellos trabajamos y convivimos. En los territorios, las comunidades piden empleabilidad, piden que les generemos valor y mejoremos su calidad de vida».

Mencionó los programas Emerge y Empléate, con los cuales la minera ha fortalecido el emprendimiento local y creado miles de oportunidades fuera de sus operaciones. «Con Emerge llevamos 18 años desarrollando emprendimiento local; con Empléate hemos generado más de 12.000 empleos fuera de nuestras operaciones. Hoy trabajamos con nuestros proveedores para que ellos también empleen y preparen a personas locales».

Lo que falta

Según los ejecutivos lo que falta es Bajar prejuicios entre actores y profesionalizar el diálogo; mayores alianzas público-privadas y privadas-privadas, articuladas desde los territorios, además de liderazgos que sostengan procesos de largo plazo.

Soledad Teixidó planteó que «somos malos para colaborar y eso nos frena para innovar», subrayó además que Chile enfrenta «una ausencia de liderazgo, tanto a nivel de personas como institucional».

El mensaje de Patricio Pinto es que a «la minería hay que cuidarla» y destacó que muchas veces las empresas operan «en lugares donde el Estado está ausente» y que su rol debe ser visto»“como el de un aliado que busca hacer las cosas bien y contribuir al desarrollo en el sentido más amplio del término».

Juan Pablo Shaeffer coincidió en que «el desarrollo del país requiere de una minería cercana y dispuesta a colaborar en el desarrollo de los territorios». Agregó que «competimos, pero también colaboramos; cuidarla significa trabajar con otros, dialogar y generar confianza para que los territorios también se desarrollen».

 

Reputación coherente y consistente: cómo construir confianza en tiempos turbulentos