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21/04

Del diagnóstico a la acción: el gran desafío climático que enfrenta la ciudadanía chilena

El 77% de la población dice estar preocupado, pero esa inquietud aún no se traduce en decisiones ni hábitos sostenibles. El subgerente de estudios públicos de Ipsos, Miguel Pinto, analiza las luces y sombras de la percepción ambiental en el país, el rol de las empresas, el Estado y la ciudadanía y los factores que pueden acelerar, o frenar, la transición hacia una economía verde.

A pesar que el 77% de los chilenos declara estar preocupada por el cambio climático, el país enfrenta una brecha importante entre esa conciencia ambiental y la capacidad real de convertirla en acciones concretas. Una encuesta de Ipsos revela, además, una caída en el compromiso intergeneracional, dudas sobre el liderazgo del gobierno en esta materia y un llamado ciudadano hacia una mayor responsabilidad del sector empresarial.

El subgerente de estudios públicos de Ipsos, Miguel Pinto, especialista en medioambiente y responsabilidad corporativa y estatal, analiza con ESGHOY  los resultados del informe “Las Personas y el Cambio Climático”, que conecta la percepción ciudadana con los desafíos políticos, culturales y económicos de la transición verde.

¿Qué significa realmente tener una ciudadanía “madura” en lo ambiental? ¿Por qué, a pesar de los avances, persiste la sensación de que Chile no está liderando? ¿Cómo pueden las empresas y los gobiernos recuperar terreno ante una opinión pública cada vez más informada y exigente? De eso y más en esta entrevista.

Según el estudio  el 77% de los chilenos declara estar preocupado por el cambio climático. ¿Cómo interpreta esta cifra en términos de madurez ambiental de la ciudadanía?

El primer paso para la acción es que las personas reconozcan que hay un problema real, y hemos avanzado como país en eso, sin embargo, el gran desafío para alcanzar la madurez ambiental de la ciudadanía es avanzar en transformar las preocupaciones en acciones concretas, hacia cambios en los estilos de vida que permitan enfrentar el riesgo climático con la urgencia que requiere. El informe muestra que el 72% de los chilenos cree que si no actúan ahora estarán fallando a las generaciones futuras. Sin embargo, esta cifra cayó 16 puntos desde 2021.

¿A qué atribuye esta baja en el compromiso individual?

Hay una tendencia global que muestra una disminución leve de los distintos indicadores de la encuesta. La crisis económica y, en particular de seguridad en nuestro país, han ido dejando en segundo plano la urgencia climática, lo que ha hecho bajar el sentido de compromiso. De todas maneras, los números siguen siendo altos y sobre el promedio de los países del mundo, y el desafío es mantener a las personas involucradas a pesar de otras crisis que puedan afectarnos. Solo el 27% considera que restringir los combustibles fósiles dañaría más la economía que el propio cambio climático.

¿Estamos viendo un cambio cultural en torno a la economía verde?

Hay un cambio sin lugar a duda, pero muy incipiente todavía. La transición hacia una economía verde es tan necesaria como inevitable y las personas lo entienden así. El dejar de usar los combustibles fósiles se entiende como una solución al problema económico que se avecina con los efectos del cambio climático y no como un freno al desarrollo. Esta discusión está polarizando a algunos países, pero no a Chile todavía. El 68% de los chilenos considera que las empresas están fallando si no toman acción climática.

¿Cómo deberían leer este dato las compañías que aún dudan en implementar estrategias de sostenibilidad?

Las empresas tienen tanto una obligación ética como una necesidad de adaptación al cambio que trae el cambio climático para sus negocios, pero además de eso, los datos muestran que las personas valoran lo que puedan hacer en materia ambiental. Hay una exigencia de una ciudadanía que sabe que el sector privado tiene una responsabilidad importante, por lo que quienes trabajen colaborando con las soluciones, de manera genuina y creíble, van a ser valorados por sus clientes y la población en general. Dos de cada cinco chilenos cree que la transición energética podría aumentar el empleo.

¿Qué rol juega la percepción económica en la aceptación de medidas ambientales?

Creo que es importante que las personas sepan, en un contexto de crisis económica, que la transición hacia una economía verde no trae consigo más desempleo. Tanto al Estado como a las empresas le cabe un rol importante en educar sobre lo que significa la transición, los nuevos empleos que esto puede traer consigo y sobre todo incentivar a las nuevas generaciones para que estudien y se especialicen en disciplinas científicas y técnicas que van a ser necesarias para un futuro donde la producción de energía y en general de bienes y servicios deberá ser sustentable. El estudio muestra que los ciudadanos visualizan múltiples beneficios de la transición energética: mejor calidad del aire, mayor salud pública, reducción de la pobreza.

Plan y políticas claras

¿Qué relevancia tienen estas expectativas para la formulación de políticas públicas?

En cierta medida las decisiones de política públicas no pueden depender de la percepción ciudadana sobre la relevancia de una transición hacia una economía más responsable, pero si es un factor clave para que los estilos de vida se vayan también adaptando. El 80% de la emisión de los gases de efecto invernadero lo producen las empresas, pero el 20% restante que proviene de las personas no deja de ser relevante en una situación de crisis como la que vivimos.

En este sentido, mientras más conocidos sean los beneficios de la adaptación y el cambio, el objetivo de enfrentar de manera eficiente el cambio climático será más efectivo. Además, es clave el rol que las personas podemos tener en una economía, tomando decisiones de consumo que fuercen a las empresas a promover productos y servicios limpios. Solo el 37% cree que el gobierno tiene un plan claro para coordinar al sector público, privado y a la ciudadanía.

¿Qué implicancias tiene esta cifra en términos de gobernanza climática?

Significa, por sobre todo, que hay muy poco conocimiento de lo que se ha hecho y se está haciendo desde el Estado, porque a diferencia de otros países, Chile si tiene un plan claro con metas definidas de descarbonización, por ejemplo. Si bien queda mucho camino por recorrer, hay avances sustantivos en materia de producción de energías limpias, incorporación de electromovilidad en el transporte público, disminución de los plásticos, reciclaje a través de la ley REP, pero poco conocimiento de las personas que viven otras urgencias. El informe señala que hay espacio para una mayor acción climática en Chile.

¿Qué factores institucionales o culturales cree que podrían estar frenando esa acción

Son varios factores, partiendo por lo político, porque a pesar de los avances podríamos tener una mayor velocidad de cambio si logramos resolver otros temas que se tomaron la agenda pública. Algo similar ocurre con las empresas, hay avances, pero se necesita una mayor celeridad en materia ambiental para que los cambios no se hagan a 20 o 30 años cuando no podamos revertir los efectos del aumento de la temperatura de la tierra.

Están dadas las condiciones para una descarbonización, pero avanzamos más lento de lo que se requiere. Y culturalmente es donde es más necesario trabajar. La educación sobre el aporte que cada persona puede hacer es un paso mal resuelto hasta ahora, porque las personas se quedan en la preocupación sin pasar a la acción concreta. El 57% considera que el cambio climático es la mayor amenaza para la salud de la humanidad.

Transformación y avances

¿Cómo cree que este enfoque sanitario puede movilizar políticas más decididas?

Es una buena forma de mirarlo, porque la pandemia nos mostró que se podían tomar decisiones radicales cuando hay una amenaza hacia la salud de las personas. Y eso está pasando, se debe visibilizar la amenaza real para la vida de las personas, los efectos de los desastres naturales, de las sequías que amenazan con acabar con el agua de poblados enteros, la crisis alimentaria derivada de ello también. En ese sentido, hay que escuchar más a los científicos, validar su opinión y comunicacionalmente darles más tribuna que a otras personas que utilizan la crisis para objetivos políticos o ideológicos. Frente al dato de que solo el 27% de los chilenos cree que el país es líder en materia ambiental.

¿Cuál es el principal desafío para mejorar nuestra posición y reputación climática a nivel global?

Hay suficiente evidencia para demostrar que Chile tiene mucho que decir en materia ambiental. La transformación rápida hacia una matriz energética más limpia, los avances en electromovilidad, la participación de nuestros científicos en instancias internacionales de discusión sobre el cambio climático, son algunos elementos que debieran generar orgullo entre los chilenos y que podrían fortalecer una cultura sustentable en la ciudadanía. No hay que perder de vista los desafíos, pero se puede trabajar para que los avances y el posicionamiento del país potencien cambios culturales de largo plazo.