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11/04

Brechas de género en el trabajo se profundizan en los sectores más vulnerables, según análisis de la CASEN 2024

El informe "Zoom de Género", elaborado por OCEC UDP, ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago, revela que las desigualdades laborales afectan con mayor intensidad a mujeres de menores ingresos y en situación de pobreza, especialmente por factores como el cuidado y la informalidad.

Las brechas de género en el mercado laboral chileno no solo persisten, sino que se intensifican en los sectores más vulnerables. Así lo evidencia el informe Zoom de Género de marzo 2026, basado en la Encuesta CASEN 2024, que muestra que las mujeres enfrentan menores niveles de participación laboral, mayores tasas de desempleo y una alta concentración en empleos informales o de jornada parcial, especialmente en los quintiles de menores ingresos.

El estudio, elaborado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), Fundación ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), advierte además que las diferencias no solo son de género, sino también entre las propias mujeres, dependiendo de su nivel socioeconómico.

En el primer quintil, solo un 29,2% de las mujeres participa en el mercado laboral, frente a un 46,2% de los hombres. En el quintil de mayores ingresos la participación femenina alcanza el 78%, acercándose al 88,9% de los hombres.

La situación se repite al analizar la pobreza por ingresos: mientras la participación laboral femenina en mujeres pobres es de 37,2%, en aquellas que no están en esa condición sube a 56,8%..

El peso del cuidado

Las responsabilidades de cuidado y los quehaceres del hogar, figuran como los factores estructurales detrás de estas brechas: A nivel agregado, un 8,8% de las mujeres está fuera de la fuerza laboral por razones de cuidado, frente a un 0,7% de los hombres. La diferencia es aún más marcada en los hogares de menores ingresos. En el primer quintil, el 15,3% de las mujeres está fuera del mercado laboral por cuidado de personas dependientes, cifra que cae a solo 2% en el quintil más alto.

En paralelo, el 8,6% de las mujeres del quintil más bajo se encuentra fuera de la fuerza laboral por quehaceres del hogar, frente a apenas un 0,5% de los hombres.

El informe enfatiza que la reducción de estas brechas en los quintiles más altos no responde a una mayor corresponsabilidad masculina, sino a que las mujeres de mayores ingresos se restan menos del mercado laboral por estos motivos.

La tasa de desempleo también refleja una relación directa con el nivel socioeconómico.

En el quintil más bajo, el desempleo femenino alcanza el 26,7%, mientras que en el quintil más alto cae a solo 3,3%. Entre las personas en situación de pobreza, afecta a un 26,4% de las mujeres, frente a un 7,7% en aquellas que no están en esa condición.

Además, la brecha de género en desempleo es mayor en los sectores más vulnerables, lo que evidencia que los factores que dificultan la inserción laboral femenina tienen un impacto más fuerte en estos grupos.

Jornada parcial y precariedad

Otro fenómeno relevante es la alta concentración de mujeres en empleos de jornada parcial, muchas veces asociados a menor estabilidad y proyección profesional.

En el primer quintil, más de la mitad de las mujeres ocupadas (53,6%) trabaja bajo esta modalidad, en comparación con el 31% de los hombres. En el caso de mujeres en situación de pobreza, la cifra alcanza el 50,9%, lo que convierte a la jornada parcial en la forma predominante de empleo en este segmento.

El informe vincula este fenómeno directamente con la necesidad de compatibilizar el trabajo remunerado con las responsabilidades domésticas y de cuidado.

Informalidad persistente

A nivel general, la tasa de ocupación informal es de 27,7% en mujeres y 25,8% en hombres. En el quintil más bajo, la informalidad femenina alcanza el 60,4%, mientras que en el más alto cae a 13,7%. En mujeres en situación de pobreza, la tasa llega a 58,8%, evidenciando una fuerte relación entre informalidad y vulnerabilidad socioeconómica.

El informe destaca que esta situación está estrechamente vinculada a la mayor presencia femenina en empleos de jornada parcial, los cuales en Chile se desarrollan en gran medida en condiciones informales.

El análisis concluye que las brechas de género en el mercado laboral chileno no pueden abordarse de manera uniforme, ya que varían significativamente según el nivel de ingreso y la situación de pobreza. Plantea la necesidad de diseñar políticas públicas y estrategias empresariales focalizadas, que consideren las distintas realidades que enfrentan las mujeres, especialmente aquellas en contextos de mayor vulnerabilidad.

El desafío no es solo aumentar la participación laboral femenina, sino hacerlo en condiciones de calidad, reduciendo la informalidad, la precariedad y la sobrecarga de tareas de cuidado que hoy limitan su desarrollo económico.