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10/06

Chile busca convertir el conocimiento en desarrollo sostenible con nueva «Estrategia Nacional»

La hoja de ruta elaborada por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación plantea seis objetivos estratégicos, cuatro áreas prioritarias y ocho proyectos transformadores para fortalecer el rol de la ciencia, la tecnología y la innovación en el bienestar, el crecimiento sostenible y la toma de decisiones de largo plazo.

Chile enfrenta un escenario marcado por transformaciones tecnológicas, sociales, ambientales y geopolíticas que están redefiniendo la forma en que los países proyectan su desarrollo. La nueva Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo de Chile 2026 propone una idea central: que la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación (CTCI) dejen de ser vistas como un ámbito sectorial y pasen a consolidarse como un pilar estructural para avanzar hacia un desarrollo sostenible.

El documento, elaborado por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo, plantea una nueva trayectoria para convertir conocimiento en desarrollo:  construir «un Ecosistema robusto que habilita, sustenta y acelera Trayectorias de Desarrollo Sostenible», haciendo de Chile un referente para la transformación global.

¿Diagnóstico? Aunque el país ha logrado avances relevantes en calidad de vida, persisten desigualdades sociales y territoriales profundas, junto con desafíos de crecimiento económico, adaptación climática, seguridad hídrica, cohesión social y transformación productiva.

¿Propuesta? El conocimiento no puede quedar separado de las decisiones públicas, empresariales y territoriales, sino que debe contribuir directamente a resolver problemas concretos y abrir nuevas oportunidades de desarrollo.

De una mirada fragmentada a una visión sistémica

La hoja de ruta  considera 20 años de trayectoria institucional del Consejo, más de 2.000 participantes de todo el país durante 2025, seis objetivos estratégicos, 37 iniciativas, 179 acciones y ocho proyectos transformadores. Y lo que busca es ordenar una agenda de largo plazo para que la CTCI tenga mayor impacto en el bienestar, la productividad, la sostenibilidad y la gobernanza del país.

La estrategia propone reconocer que estas dimensiones están estrechamente vinculadas y que la base natural sostiene la vida, la sociedad y la economía. Desde esa mirada, la CTCI aparece como una herramienta clave para enfrentar desafíos complejos, reducir incertidumbre, anticipar escenarios y orientar decisiones de largo plazo.

El documento plantea que el ecosistema chileno de ciencia, tecnología, conocimiento e innovación debe dejar atrás un modelo marcado por baja intensidad, segmentación y competencia atomizada por recursos. Propone avanzar hacia una lógica de colaboración, articulación entre actores y orientación a resultados de impacto público, productivo y territorial.

¿Qué implica? Vincular de manera más estrecha a universidades, centros de investigación, empresas, emprendedores, instituciones públicas, gobiernos regionales, sociedad civil, organizaciones territoriales y medios de comunicación.  Lo que sostiene es que el conocimiento solo despliega todo su potencial cuando se conecta con las necesidades reales de las personas, los territorios y los sectores productivos.

En Diálogos Sostenibles de ESGHOY, la Coordinadora de Investigación de Pregrado en la Escuela de Ingeniería UC y representante de Global Shapers Community en Santiago, Natalie Edwards, nos anticipó que el principal desafío para que la biotecnología genere impacto no es técnico, sino de articulación entre los distintos actores.

Seis objetivos para orientar el ecosistema CTCI

La Estrategia Nacional 2026 se estructura en torno a seis objetivos estratégicos. Los dos primeros buscan orientar la CTCI hacia el bienestar y el crecimiento sostenible. Los tres siguientes cumplen un rol habilitante para fortalecer el ecosistema, la apropiación social del conocimiento y la mirada de largo plazo. El último objetivo es transversal y se enfoca en institucionalidad y gobernanza sistémica.

El primer objetivo es poner la CTCI a la base del bienestar sostenible, mediante la generación de conocimiento, desarrollo tecnológico y capacidades humanas orientadas a mejorar la calidad de vida, reducir brechas y responder a desafíos sociales y territoriales.

El segundo objetivo apunta a una CTCI para un crecimiento sostenible, conectando la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación con la transformación productiva, la diversificación económica, la competitividad y la creación de nuevas fuentes de valor.

El tercer objetivo busca una CTCI orientada a la excelencia, impacto y contribución, fortaleciendo capacidades científicas, tecnológicas, infraestructura, financiamiento, investigación asociativa y mecanismos de transferencia de conocimiento.

El cuarto objetivo propone una CTCI que aporte habilidades críticas en las personas y se apropie socialmente, promoviendo cultura científica, pensamiento crítico, innovación y emprendimiento a lo largo de la vida. El quinto objetivo se centra en una CTCI que sustente una mirada estratégica de largo plazo, mediante capacidades de prospectiva, vigilancia tecnológica, asesoría científica para decisiones públicas e internacionalización.

El sexto objetivo plantea fortalecer la institucionalidad y gobernanza sistémica de la CTCI, con mayor articulación entre ministerios, regiones, actores públicos y privados, y mecanismos de priorización de áreas estratégicas.

Cuatro áreas prioritarias para el desarrollo sostenible

La estrategia define además cuatro grandes áreas prioritarias de contribución de la CTCI, pensadas como focos para orientar parte de los esfuerzos del ecosistema: desafíos de bienestar sostenible, donde se priorizan salud integral, educación habilitadora, confianza y cohesión social y seguridad humana; oportunidades para el crecimiento y el desarrollo productivo sostenible, incluyendo oferta sostenible de valor energético, emprendimientos tecnológicos asociados a recursos naturales, economías alimentarias regenerativas, economía digital y laboratorios naturales como el Desierto de Atacama y la Antártica.

La tercera apunta a las bases fundamentales del desarrollo sostenible, con foco en transición hacia una capacidad hídrica sustentable, recuperación de suelos, protección de bosques nativos, humedales y otros ecosistemas terrestres, de agua dulce y marinos, además de descontaminación.

Y la cuarta área corresponde a tecnologías habilitantes, donde el documento destaca especialmente la biotecnología y la inteligencia artificial. Estas prioridades muestran que la estrategia no limita la ciencia y la innovación a la competitividad económica, sino que las vincula también con la salud, la educación, la cohesión social, la seguridad hídrica, la restauración de ecosistemas, la transición energética y la transformación digital.

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Ocho proyectos transformadores

Para materializar el enfoque de la estrategia, el documento identifica ocho proyectos transformadores de rápida activación, concebidos como espacios concretos donde la CTCI puede generar impacto.

  1. Reactivación económica desde el conocimiento, mediante la ampliación del incentivo tributario para la inversión privada en I+D.
  2. Que Chile lidere una industria sostenible del litio, integrando dimensiones ambientales, sociales y económicas de largo plazo en torno al litio y los salares.
  3. Desarrollar una plataforma industrial y tecnológica a partir de una necesidad estratégica del país, mediante I+D asociada a defensa.
  4. Establecer marcos adecuados para la protección de sitios de interés científico, sitios de estudio ecológico de largo plazo y activos estratégicos.
  5. Inteligencia artificial como motor de movilidad social en Chile.
  6. Promueve que los centros de excelencia aporten a la definición de políticas públicas.
  7. Potenciar hubs colaborativos para consolidar polos regionales de desarrollo e innovación con impacto.
  8. Avanzar hacia una evaluación de políticas e inversión en CTCI desde un enfoque sistémico.

Todos combinan productividad, territorio, recursos naturales, datos, inteligencia artificial, capacidades regionales, políticas públicas y evaluación de impacto.

Ciencia, sostenibilidad y desarrollo productivo

Uno de los aportes centrales de la Estrategia Nacional 2026 es que conecta la agenda de ciencia e innovación con la sostenibilidad del desarrollo productivo, lo que es especialmente relevante para Chile, donde sectores como energía, minería, alimentos, recursos naturales, economía digital y tecnologías limpias aparecen como espacios de oportunidad, pero también de tensión.

El documento plantea que el país puede aprovechar sus ventajas naturales y territoriales, pero solo si logra agregar conocimiento, innovación, gobernanza y mirada de largo plazo. En esa línea, la estrategia propone fortalecer la inversión, la colaboración público-privada y las capacidades de I+D+i, pero también mejorar la forma en que se mide el impacto de las políticas. Plantea que ñas metas e indicadores deben observar no solo competitividad y crecimiento económico, sino también bienestar sostenible, medioambiente y contribución al desarrollo sostenible.

El desafío de pasar del diagnóstico a la implementación

El principal desafío estará en la implementación: cómo transformar sus objetivos en políticas, financiamiento, gobernanza, incentivos y resultados medibles. El anállisis reconoce que el ecosistema chileno enfrenta nudos críticos, como baja intensidad, alcance y escala; insuficiente direccionalidad; institucionalidad aún en consolidación; y débil apropiación social de la ciencia y la tecnología. Por eso, la estrategia insiste en la necesidad de fortalecer capacidades, articular actores y orientar esfuerzos hacia prioridades compartidas.

La pregunta de fondo no es solo cuánto invierte Chile en ciencia, tecnología e innovación, sino para qué, con quiénes, en qué territorios y bajo qué objetivos de desarrollo. Esa es la discusión que la estrategia busca abrir.