Diálogos Sostenibles
13/04

Rosa Madera: «Este es un buen momento para priorizar, ordenar, definir qué queremos lograr en sostenibilidad y con qué herramientas»

En conversación con ESGhoy, la experta en economía de impacto, fundadora de Empatthy y referente en estos temas, reflexiona sobre los desafíos de financiar la transición ecológica, el rol de la filantropía climática en América Latina, y la urgencia de ordenar y priorizar el ecosistema ESG en tiempos de confusión y sobrecarga normativa.

El 80% de la reducción de emisiones necesarias para 2030 puede lograrse con tecnologías ya disponibles. Pero para alcanzar las metas al 2050, es imprescindible seguir innovando. Es aquí donde la filantropía climática cumple un rol fundamental, dice la protagonista de este Diálogos Sostenibles, Rosa Madera,

Cree que los mercados por sí solos no logran financiar esta transición «a la velocidad y escala necesarias». Abogada, española, con varios años en Chile. Madrea es fundadora y CEO de Empatthy, una consultora global con propósito social y ambiental que trabaja con líderes sociales, organizaciones, filántropos, empresas e inversionistas de impacto.

Experta en este cruce entre lo social, ambiental y empresarial.

¿Estamos lejos de cumplir los objetivos climáticos de largo plazo? ¿Cuánto influye una eventual reelección de Donald Trump y el giro conservador que se observa en varias partes del mundo?

Es una excelente y compleja pregunta. La verdad es que la vuelta de Trump a la presidencia ha generado mucho ruido en el ecosistema de impacto, en la sostenibilidad, la diversidad, la inclusión y la filantropía. Por ejemplo, USAID ha evaluado cerrar algunas oficinas clave que financian proyectos sociales en el Sur Global. Esto afecta directamente a muchas organizaciones que dependen de subvenciones para operar.

En Chile no se siente tanto porque somos un país de ingreso medio y miembro de la OCDE, pero en otras naciones de la región el impacto es mayor. Pero esto también puede ser una oportunidad: es hora de repensar la cooperación al desarrollo y pasar de un modelo asistencialista a uno más colaborativo y equitativo.

Respecto al cambio climático y las regulaciones ESG, es cierto que un liderazgo menos comprometido puede generar retrocesos. Pero muchas empresas ya tienen estos temas incorporados en su ADN y seguirán avanzando, más allá de los vaivenes políticos.

En Europa, también estamos viendo una especie de «realismo ESG», con iniciativas como el paquete Omnibus que buscan ordenar. ¿Crees que estamos en un momento de reordenamiento del ecosistema sostenible?

Totalmente. Hay muchos conceptos en juego: sostenibilidad, valor compartido, ESG, inversión de impacto, ODS, filantropía… El mercado está confundido. Para quienes llevamos tiempo en esto, hay una metodología que entendemos, pero para otros puede resultar abrumador. Por eso, creo que este es un buen momento para priorizar, ordenar, definir qué queremos lograr y con qué herramientas.

Clave pero no suficiente

¿Cómo ves la realidad chilena? 

Chile tiene una Comisión para el Mercado Financiero (CMF) muy activa, con una Solange Berstein, su presidenta, muy comprometida. Están trabajando para que las normas se ajusten a las realidades de empresas grandes y pymes. Pero ojo, Chile es un país muy particular: en algunos temas vamos muy adelante, como con el hidrógeno verde, y en otros parecemos un país en vías de desarrollo.

La regulación es clave, pero no suficiente. Necesitamos implementación real, transformacional. Hay que dejar de ver la sostenibilidad como un área aislada y entenderla como parte central del modelo de negocio.  Chile es muy de regular, que no sea solo regulación, cumplamos la normativa, pero falta esa implementación más real, más transformacional y más necesaria.

Creo que el año pasado hubo bastante retroceso en algunos temas, a nivel presupuestario y el contexto económico y social en Chile tampoco ha ayudado. La constitución, pandemia, etcétera, etcétera. A veces todavía me asusta, hay demasiadas cosas dando vueltas. El mercado se confunde y finalmente el mundo empresarial necesita también retornos financieros,  ¿cómo lo equilibro con todas las demás exigencias?.

Creo también que es el momento de priorizar. No todo el mundo puede seguir todas las ODS, ni cumplir con todas las metas que ponen en sus páginas web, ni  hacer esos cambios transformacionales tan grandes. Entonces, bueno, ¿qué hago? que además tenga que ver con mi negocio y que realmente sea importante para hacer ese cambio que el negocio requiere para que sea sostenible.

Falta evidenciar más el impacto financiero de la sostenibilidad. ¿Qué pasa con esa relación entre ESG y resultados?

Es cierto. Aún faltan métricas claras y estudios locales. Hay mucha evidencia global, como lo que promueve Paul Polman desde Unilever, pero a nivel regional aún hay brechas. Hace un tiempo hice unos podcasts con varios CEOs en América Latina para entender sus dificultades, y muchos coincidieron en que el día a día no da para tantas transformaciones simultáneas. Por eso, el liderazgo, la gestión interna, la coordinación entre áreas y el compromiso del directorio son fundamentales. Y claro, también hay un tema de presupuesto.

Catalizar la transición

Volvamos a la filantropía climática. Es un concepto que en Chile se escucha poco. ¿De qué hablamos cuando hablamos de esto?

Es una mirada filantrópica que busca catalizar la transición climática: apoyar proyectos de resiliencia, agricultura regenerativa, energías renovables, movilidad sustentable, justicia climática con enfoque de género, etc. Es capital paciente que permite probar modelos, acompañar organizaciones de base, apoyar innovaciones.

En Chile estamos muy atrasados en esto. Hay muchas fundaciones centradas en educación, pero pocas en clima. Y lo interesante es que esto no es excluyente: puedes trabajar en educación con una mirada climática, formar a niños en habilidades verdes, o trabajar con mujeres y capacitarlas en transición justa. Se trata de incorporar el «climate lens

Se requiere más apoyo estatal, por ejemplo? ¿La nueva ley de donaciones podría ayudar a impulsar esto?

Sin duda. La Ley 21.440, que lleva poco tiempo vigente, permite que las donaciones al medioambiente tengan beneficios tributarios. Antes eso no existía, y muchas fundaciones tenían que recurrir a fondos desde Estados Unidos. Ahora hay un marco que permite formalizar e incentivar estas donaciones. Pero también se requiere una articulación público-privada real, con propósito, que oriente bien los fondos, que promueva la innovación que necesitamos, y que apoye a las organizaciones de base que están haciendo un trabajo tremendo.

Viene la COP en Brasil, hay eventos relevantes en el sur de Chile en torno a los océanos. Hay mucho movimiento. ¿Qué se necesita para que América Latina tenga un discurso propio en estos temas?

Tenemos que dejar de mirar tanto a Europa o Estados Unidos y crear una filantropía climática con identidad latinoamericana. Cada país tiene realidades distintas, empresariados distintos, comunidades distintas. Hay que aprender del barrio: Brasil está muy avanzado, México también, Colombia tiene cosas muy interesantes. Es tiempo de colaborar más entre nosotros, de construir soluciones propias, creativas, y de hacer una colaboración intersectorial real.