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10/07

4 pasos para que una empresa chilena acceda a financiamiento sostenible en 2026

No se necesita ser empresa del IPSA ni tener un reporte ESG certificado. Lo que sí se necesita es saber por dónde empezar. Esta es la guía práctica para que cualquier empresa chilena, grande, mediana o pequeña, dé sus primeros pasos hacia el financiamiento sostenible.

Durante cuatro días esta semana, ESGHOY revisó qué es la inversión sostenible, cuáles son los instrumentos disponibles en Chile, cómo los usan las AFP y los grandes inversionistas, y qué define la T-MAS como actividad verde. Hoy cerramos la semana con la pregunta que más importa para las empresas: ¿cómo accedo yo?

La respuesta tiene cuatro pasos.

Paso 1.- Diagnóstico ESG: sin datos, no hay instrumento

El punto de partida no es elegir un instrumento financiero. Es saber dónde está parada la empresa en términos de desempeño ESG. Un diagnóstico básico debe cubrir tres áreas: el pilar ambiental (emisiones de Scope 1 y Scope 2, consumo energético, gestión de residuos), el pilar social (índices de accidentabilidad, brechas salariales, rotación de personal), y el pilar de gobernanza (composición y funcionamiento del directorio, políticas anticorrupción, gestión de riesgos).

No se trata de tener todo perfecto. Se trata de tener datos trazables, comparables y actualizados. Un banco que evalúa un préstamo vinculado a sostenibilidad o un inversionista que analiza una empresa para su portafolio ESG necesitan números — no declaraciones de intención.

Las empresas que ya están implementando su reporte bajo la NCG 519 o las NIIF S1/S2 tienen una ventaja concreta en este paso: ya están construyendo esa línea base de datos.

Paso 2.- Elegir el instrumento adecuado según el perfil de la empresa

No todos los instrumentos sirven para todos los perfiles. Aquí la orientación según cada caso:

Empresa grande con proyecto específico (energías renovables, eficiencia energética, vivienda): el instrumento más adecuado es un bono verde, social o sostenible. Empresa grande sin proyecto específico, pero con metas ESG medibles y verificables: el instrumento es un SLB (bono vinculado a la sostenibilidad), donde el costo financiero se ajusta según el cumplimiento de las metas acordadas.

Empresa mediana con relación bancaria activa: la opción más accesible es un préstamo verde o un SLL (préstamo vinculado a la sostenibilidad), negociado directamente con el banco habitual.

PYME con avances en sostenibilidad: los instrumentos más adecuados son los créditos verdes bancarios — BancoEstado y otros bancos los ofrecen con tasas preferenciales para proyectos de eficiencia o energías renovables — o los fondos de CORFO y Sercotec, que en 2026 refuerzan sus líneas orientadas a sostenibilidad.

Empresa en etapa temprana con modelo de impacto medible: la vía es un fondo de inversión de impacto, donde el retorno financiero se combina con un impacto social o ambiental explícito.

Paso 3.- Obtener una Segunda Opinión (SPO) para instrumentos de mercado de capitales

Para empresas que buscan emitir bonos verdes, sociales, sostenibles o SLB en el mercado de capitales, el mercado exige una Segunda Opinión (SPO) de un proveedor independiente.

La SPO valida que el marco del instrumento cumple con los estándares internacionales de la ICMA,  los Principios de Bonos Verdes o los Principios de Bonos Vinculados a la Sostenibilidad. Con la T-MAS publicada en mayo de 2025, los emisores chilenos ahora pueden complementar la SPO con evidencia de alineación al estándar nacional de taxonomía verde, lo que fortalece la credibilidad del instrumento ante inversionistas locales e internacionales.

Para empresas medianas que acceden a préstamos verdes o SLL con sus bancos habituales, la SPO no es un requisito formal. Pero sí lo son los indicadores ESG acordados con el banco — y la capacidad de medirlos y reportarlos periódicamente.

Paso 4.- Reportar el uso de fondos y el impacto

El paso final,  y el que más empresas subestiman, es el reporte posterior a la obtención del financiamiento.

Para los bonos etiquetados, el emisor debe publicar un informe anual que detalle el uso de los fondos y los indicadores de impacto: cuántas toneladas de CO₂ se redujeron, cuántos kilowatts de energía renovable se instalaron, cuántas familias accedieron a vivienda. Este reporte es lo que diferencia un bono verde real de un bono convencional rebautizado.

Para los instrumentos vinculados a metas ESG-SLB y SLL, el reporte es aún más crítico: el cumplimiento o incumplimiento de los indicadores acordados tiene consecuencias financieras directas en la tasa del instrumento. Una empresa que no puede reportar con precisión paga más.

La buena noticia: las empresas que están construyendo su reporte ESG bajo la NCG 519 o las NIIF S1/S2 ya están desarrollando exactamente la infraestructura de datos que estos instrumentos requieren. No son procesos paralelos — son el mismo proceso.

El momento es ahora

Chile tiene hoy un ecosistema de financiamiento sostenible más maduro que hace cinco años: bonos verdes, SLB, préstamos verdes, fondos de impacto, taxonomía oficial, regulación de reporte y una banca que incorpora criterios ESG en su análisis de riesgo.

Las empresas que construyan su línea base de datos ESG hoy , aunque sea de forma modesta, estarán mejor posicionadas para acceder a ese ecosistema mañana. Las que esperen, encontrarán que el costo de ponerse al día será mayor.

ESG ya no es reputación. Es acceso al capital.

Esta nota cierra la semana editorial de ESGHOY derivada de la Guía 5 de la Saga ESG Chile 2026.

Descarga la guía Nº5 completa en esghoy.cl