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15/05

FINZ, ¿una oportunidad para aumentar el financiamiento de la acción climática?

El estándar fija perímetros comunes y un lenguaje operativo que reduce la discrecionalidad y facilita la comparabilidad. En América Latina, para que el FINZ mueva decisiones de crédito, inversión y aseguramiento requiere ambición, pero a la vez ser un instrumento ejecutable. En marcos voluntarios, si la ambición no viene con una ruta de implementación creíble, aumenta el riesgo de no adopción.

En julio, SBTi, la iniciativa con mayor impacto en objetivos climáticos corporativos lanzó el Financial Institutions Net-Zero Standard (FINZ), un marco con criterios operativos para bancos, aseguradoras, gestores y banca de inversión. FINZ delimita qué actividades están bajo alcance, cómo tratar emisiones financiadas y qué metas de corto y largo plazo sostienen una trayectoria de compatible con 1,5 °C. Es voluntario, pero funciona como referencia de mercado.

El estándar fija perímetros comunes y un lenguaje operativo que reduce la discrecionalidad y facilita la comparabilidad. En América Latina, para que el FINZ mueva decisiones de crédito, inversión y aseguramiento requiere ambición, pero a la vez ser un instrumento ejecutable. En marcos voluntarios, si la ambición no viene con una ruta de implementación creíble, aumenta el riesgo de no adopción.

FINZ adopta una lógica de «influencia primero». Antes de cortar financiamiento, el estándar propone comprometer a las contrapartes con objetivos verificables y planes de transición. Esa opción reconoce que la influencia solo funciona si está anclada a hitos temporales y consecuencias asociadas. La transparencia es el primer peldaño; el segundo es llevarla a contratos, precios y plazos. Esta gradualidad, valorable para la aplicabilidad del estándar, no puede convertirse en tolerancia a la inacción. Al contrario, requiere ser una progresión operativa, con fechas y verificación.

Un elemento ambicioso del estándar son los criterios para el financiamiento a empresas que expanden petróleo y gas. FINZ cierra de inmediato ciertas formas directas de apoyo a esa expansión y mantiene una ventana transitoria para el propósito general, con condiciones crecientes como metas intermedias, información mínima exigible y uso de fondos más estricto. De esta forma, la transición gradual deja de ser promesa y se vuelve calendario con hitos verificables. Aun así, el propósito general es una excepción generosa para quienes financian combustibles fósiles. Puede ser comprensible en economías muy dependientes del sector, pero cuesta justificarla cuando existen alternativas y capacidad para acelerar inversión limpia.

Otro punto crítico del FINZ es la deforestación. El estándar pide identificar y gestionar ese riesgo, exigiendo, en primera instancia, mejor reporte. En América Latina, eso no puede quedar en informes: debe progresar hacia contratos y plazos de financiamiento. Un avance gradual razonable: primero mapear y publicar; luego exigir fechas de corte y trazabilidad con verificación independiente; finalmente condicionar precio y continuidad a resultados. Sin esa escalera, la transparencia no cambia conductas.

Para que el estándar funcione como palanca y no como retórica, se requiere un cierre institucional que no puede venir de SBTi. Los supervisores financieros deberían incorporar elementos de FINZ en expectativas prudenciales y guías de gestión de riesgos; la banca pública y de desarrollo puede adelantar fechas y escalonar condiciones; y los emisores soberanos deberían alinear sus estrategias con métricas compatibles.

Aún con las reservas, el FINZ contribuye a varios aspectos de la acción climática financiera. Primero, la ordena, entregando criterios y recomendaciones operativas que reducen la discrecionalidad y dan un lenguaje común a bancos, aseguradoras y gestores. Por otra parte, el FINZ considera dos aspectos esenciales para combatir el cambio climático, establece criterios sobre financiamiento ligado a combustibles fósiles y consideraciones para prevenir la deforestación. Por último, en un contexto global adverso, con retrocesos y señales políticas contradictorias en grandes mercados, FINZ traza una ruta de progreso gradual.  Permite, con criterios de transparencia y capacidades, avanzar hacia cambios operativos verificables, reconstruyendo confianza entre inversionistas comprometidos con la acción climática pero que necesitan señales claras y practicables. Integrado con los marcos de divulgación que ya avanzan en la región, es razonable esperar que estas señales terminen reflejándose en condiciones de financiamiento más favorables para quienes cumplan y en mayores exigencias para quienes no lo hagan. 

Ahora, para que el estándar funcione como palanca y no como retórica, se requiere un cierre institucional que no puede venir de SBTi. Los supervisores financieros deberían incorporar elementos de FINZ en expectativas prudenciales y guías de gestión de riesgos; la banca pública y de desarrollo puede adelantar fechas y escalonar condiciones; y los emisores soberanos deberían alinear sus estrategias de colocación con métricas compatibles.

La evaluación, entonces, es matizada. FINZ ordena y clarifica, y ofrece un mapa útil. Pero la década no admite márgenes generosos frente a la expansión de combustibles fósiles ni respuestas graduales indefinidas frente a la deforestación. El punto no es informar más, sino condicionar mejor, con una ruta de implementación que haga que la ambición climática sea posible de cumplir. Esto marcará la diferencia entre un estándar que se adopta y transforma, como muchos esperamos que lo haga el FINZ, y otro que simplemente se observa, sin impacto alguno.