informa
15/05

La estrategia que deben seguir los países para convertir compromisos climáticos en instrumentos financiables

El Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC) presentó la Guía NDC 3.0, con diez recomendaciones para vincular compromisos climáticos con financiamiento. Chile, en paralelo, alista su NDC 2025 con nuevas herramientas financieras, acción local y una estrategia de transición justa.

Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) son el principal instrumento con que los países definen sus compromisos de mitigación y adaptación al cambio climático bajo el Acuerdo de París. ¿El problema? Su implementación se ve afectada por desigualdades sociales, dependencia de sectores extractivos, debilidad institucional y limitaciones fiscales.

En ese contexto es que el Grupo de Financiamiento Climático para Latinoamérica y el Caribe (GFLAC) elaboró la «Guía NDC 3.0 y financiamiento climático: 10 recomendaciones para hacer de las NDCs instrumentos financiables», que plantea que una NDC será efectiva solo si integra un diseño financiero sólido y mecanismos de gobernanza que aseguren la movilización de recursos hacia transformaciones estructurales.

Chile se encuentra en pleno proceso de actualización de su NDC 2025. El proyecto, aprobado en junio por el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático, que se presentará en la COP30, enBrasil, incorpora instrumentos como el Precio Social del Carbono y la reforma del impuesto a combustibles, planes de acción regionales y comunales, y una Estrategia Nacional de Transición Socioecológica Justa con metas para el periodo 2025–2035.

La guía NDC 3.0 advierte que el éxito de los compromisos climáticos dependerá no solo del nivel de ambición, sino de la capacidad de movilizar financiamiento hacia transformaciones estructurales. Para ello, los países deben fortalecer sus diagnósticos, mejorar la planificación, consolidar instituciones y crear sistemas de evaluación transparentes.

NDCs financiables

El documento subraya que para transformar los compromisos en acciones concretas se requieren estrategias de financiamiento climático integradas desde el diseño de las NDC. Esto implica que los países no solo establezcan metas, sino que desarrollen diagnósticos financieros, definan mecanismos de gobernanza claros y creen sistemas de monitoreo y evaluación.

A partir de cuatro pilares metodológicos (Diagnóstico, Planificación financiera, Gobernanza y Evaluación), GFLAC entrega 10 recomendaciones clave que buscan orientar  a gobiernos, equipos técnicos y responsables de políticas públicas.

Pilar A: Diagnóstico

1. Estimar costos y necesidades financieras. La primera recomendación es la base para todas las demás: los países deben realizar un cálculo exhaustivo de los costos asociados a la implementación de sus NDC. Sin una cuantificación clara de las necesidades financieras, resulta difícil movilizar recursos o priorizar acciones.

2. Definir prioridades costo-efectivas. Además del cálculo global, se recomienda establecer prioridades basadas en costo-efectividad e impacto climático. Esto permite orientar recursos hacia medidas que maximicen la reducción de emisiones o el fortalecimiento de la resiliencia, optimizando la inversión pública y privada.

Pilar B: Planificación financiera

3. Diseñar estrategias nacionales de financiamiento climático. Cada país debería elaborar una estrategia nacional de financiamiento climático que integre las NDC con políticas económicas, fiscales y sectoriales. Esto permite alinear esfuerzos entre ministerios, bancos de desarrollo, agencias internacionales y actores privados.

4. Incorporar instrumentos financieros innovadores. La guía sugiere explorar mecanismos financieros no tradicionales, como bonos verdes, esquemas de blended finance o fondos de inversión climática. Estos instrumentos pueden atraer capital privado y generar sinergias con la cooperación internacional.

5. Identificar fuentes nacionales e internacionales. Los países deben mapear las fuentes potenciales de financiamiento, tanto nacionales (presupuesto público, banca local, impuestos verdes) como internacionales (fondos climáticos multilaterales, financiamiento bilateral, mercados de carbono). Este ejercicio facilita la elaboración de planes realistas de captación de recursos.

Pilar C: Gobernanza

6. Fortalecer capacidades institucionales. La implementación de estrategias de financiamiento climático requiere de instituciones sólidas, con equipos técnicos capaces de planificar, ejecutar y supervisar políticas complejas. La guía recomienda crear o consolidar entidades especializadas en cambio climático y financiamiento.

7. Crear mecanismos de coordinación intersectorial. Otro punto clave es la coordinación entre ministerios, agencias y niveles de gobierno. El financiamiento climático involucra a sectores tan diversos como energía, transporte, agricultura o vivienda, por lo que se requiere un marco institucional que articule prioridades y evite duplicidades.

8. Incluir a actores no estatales. La guía resalta la importancia de incorporar al sector privado, a la academia y a la sociedad civil en el diseño e implementación de las NDC. Esta apertura genera legitimidad y permite ampliar las fuentes de financiamiento.

Pilar D: Evaluación

9. Crear sistemas de monitoreo, reporte y verificación (MRV). Las NDC deben contar con sistemas robustos de seguimiento y evaluación que permitan conocer cuánto financiamiento se ha movilizado, hacia dónde se ha destinado y qué resultados se han obtenido. Esto garantiza transparencia y facilita la confianza de los inversionistas.

10. Retroalimentar el proceso con evaluaciones periódicas. La guía recomienda que los países realicen evaluaciones periódicas de impacto y utilicen esos resultados para mejorar sus estrategias. Esta retroalimentación asegura que las NDC evolucionen de acuerdo con la evidencia y los cambios en el contexto económico y climático.