Diálogos Sostenibles
12/06

«Hay que reflexionar un poquito más, para que los recursos, que no son infinitos, tengan foco en lo que agrega valor»

Conversamos con la gerente de consultoría y socia de Gestión Social S.A., Paula García de los Ríos, acerca de lo que está desafiando a la empresa en Chile, la reportabilidad, los objetivos y la creación de valor a partir de la sostenibilidad. "A los trabajadores les importa saber que están en una compañía que no solamente aporta en lo económico (...) que no está en las noticias por un escándalo por temas de ética o lo que sea".

La protagonista de Diálogos Sostenibles de esta semana es la gerente de consultoría y socia de Gestión Social S.A., empresa chilena que lleva más de 18 años asesorando a organizaciones públicas y privadas en sostenibilidad, Paula García de los Ríos.

En esta conversación, la experta habla de los desafíos que enfrentan hoy las compañías, en un contexto global que las tiene cada vez más desafiadas. Reconoce que las empresas en Chile han avanzado en términos ESG. Y que las que están naciendo, de alguna manera son nativas en el tema. Pero aún hay harto camino por recorrer, dice. 

«Tienen que enfocarse un poco más. Las memorias son muy largas. Tienen muchos indicadores. Trabajan con cinco estándares y eso no tiene ningún sentido. Hay como una ansiedad de abarcar todo. Creo que hay que dar un paso atrás, y decir, ok, ¿a mí me sirve esto?. Reflexionar un poquito más, para que los recursos, que no son infinitos, tengan foco en lo que efectivamente les agrega valor», sentencia. 

¿Cómo describirías el estado actual de las compañías en Chile en términos de sostenibilidad?

Voy a hablar de las grandes empresas, hay algunas que se han sumado un poco más tarde, pero en el fondo hay un buen camino recorrido. Más allá de las normas, de los estándares, que en los últimos años han ido en aumento de manera bastante impresionante y tienen bastante tensionadas a las empresas para poder seguir poniéndose al día, porque los temas avanzan muy rápido. Entonces, claro, hay bastante tensión.

¿Las empresas están tensionadas por la sostenibilidad?

Viven en una mecánica muy tensa frente a estos temas. En el fondo cuando era voluntario les otorgaba una diferenciación, las hacía más competitivas. Les permitía, desde la voluntad, desarrollar proyectos distintos. Pero hoy, todo eso que era voluntario, es obligatorio, junto con otra serie de demandas. Uno siempre decía, la sostenibilidad empieza cuando termina la ley. Y ahora, ¿cómo hacemos para cumplir la ley?. Las empresas están tensionadas y ya no solamente las grandes. La realidad es muy dispersa, las compañías que son parte de la cadena de valor van por un carril, en línea con lo que están haciendo las grandes, pero las que no son parte de los suministros, están muy atrasadas.

En la radiografía general, ¿es muy diversa entonces la realidad corporativa en Chile?

Sí. Hay distintos niveles de avance porque también distintos tipos de necesidades. Uno entiende que una empresa, que es parte de la cadena de suministro de la minería, por ejemplo, probablemente se ha ido poniendo al día y cumpliendo con los estándares que le exige su cliente, cosa que tampoco es fácil.

A las compañías más pequeñas o medianas, que están muy centradas en la operación, que no tienen estructuras de apoyo, que ni siquiera tienen un área de recursos humanos, estos temas les quedan mucho más lejanos. Aunque por otro lado, por la naturaleza de una empresa más pequeña, a veces los tienen incluso mejor integrados. Sus trabajadores forman parte de la comunidad en la que están insertas y se genera una relación más virtuosa, por mucho que no cumplan con el indicador 1, 2, 3, 4 , con el checklist del estándar. Pero hay temas que les quedan más ajenos y que tampoco entienden, como cuál es el valor de integrarlos, porque algunos puede ser que les agrega valor, pero tal vez otros solo costos y tienen que cumplir, porque alguien se los está pidiendo.

En ese mismo sentido, estas empresas más pequeñas o las que están partiendo, ¿nacen con un sentido distinto? ¿Nacen siendo sostenibles?

Diría que son más nativas. Tienen un propósito más claro y el triple impacto mejor integrado. Toda empresa que nace obviamente busca tener un desempeño económico y un retorno frente a su actividad, pero también hay una voluntad de aportar desde otro lugar a la sociedad, de vincularse mejor con los grupos de interés y de proteger de mejor manera el medio ambiente. Las nuevas generaciones lo tienen como más integrado, siempre decimos ojalá desaparezca el área de sostenibilidad de las empresas, o incluso el nombre, que sea la forma como yo entiendo mi negocio, que incorpora la dimensión económica, social y medioambiental y lo hago de la forma más armónica posible.

Sin embargo, los estándares y las normativas como que no se confían. Voy a decirlo entre comillas: que esto sea algo «que es parte de la cultura y de la forma de hacer las cosas», sino que quieren que haya una política, que haya un indicador que mida, un montón de protocolos y de procesos que cumplan con cierto estándar, y eso cuesta un poquito más en las empresas más pequeñas, porque nada está tan estandarizado.

¿Y dónde están más desafiadas hoy las compañías en términos de sostenibilidad?

Diría que los temas asociados a la cadena de suministros, que son un poquito nuevos, entre comillas, porque siempre han sido parte si nos vamos a las ISO, que es como la primera norma o estándar que sistematiza estas temáticas, lo tomaba, pero de alguna forma las empresas fueron avanzando de a poquito, primero la mirada del inversionista, los clientes, los trabajadores, la comunidad, pero como que los proveedores igual quedaban un poco fuera. De alguna manera eran responsabilidad de otros. Entonces ese comprender, que lo que ocurre ahí también es responsabilidad mía, y que me puede afectar, ha empezando a ser más tendencia. Lo vemos por el tipo de consultorías que nos solicitan.

Está muy relacionado con los temas de derechos humanos, donde todavía hay una baja comprensión. Tal vez el título todavía genera cierto temor, porque tiene una carga histórica. Son temas un poquito más nuevos, que están entrando con mucha fuerza, porque la normativa ha ido avanzando tal vez más rápido..

Agregar competitividad

En términos de oportunidad, ¿qué beneficios obtienen las empresas al adoptar estrategias de sostenibilidad? O sea, ¿La sostenibilidad crea valor?

Diría que ese cuesta menos convencer sobre ese argumento.

¿Ya está ganado?

Diría que sí. Y hay que protegerlo también. Es un espacio que se ganó y que por lo tanto tiene que cumplir su promesa. A los trabajadores les importa saber que están en una compañía que no solamente aporta desde el punto de vista económico. No sólo recibir el sueldo, sino que sentir que con mi trabajo estoy aportando a algo más. Que hay vínculos virtuosos con los grupos de interés, que no estoy dañando al medio ambiente, que mi compañía no está en las noticias en medio de un escándalo por temas de ética o lo que sea.

Diría que también hay que ser astuto para que la sostenibilidad, y esta mirada, me agregue competitividad. Y eso es cada vez más difícil, hay tantas normas y  estándares, que las estrategias de sostenibilidad tienden cada vez a parecerse entre ellas. La capacidad creativa y de innovación, de cómo efectivamente generar valor compartido y generar programas que sean robustos, visibles, que me aporten a la reputación y al vínculo que tengo con mis audiencias. No se trata de ok, tengo una estrategia y check, hay que ponerle cabeza, voluntad, no solamente para cumplir, sino que para generar esos vínculos y efectivamente generar valor.

Agrega:

Y también, obviamente, esto lleva al tema económico. Muchas veces cuando hablamos de sostenibilidad, e incluso dan ganas de ponerle otra E a la ESG, de económico, que a veces se nos puede olvidar. Efectivamente esto tiene que generar valor para los accionistas, nuevos negocios. Hay un montón de indicadores para medir resultados medioambientales, sociales o lo que sea, pero debiesen reflejar qué retorno tienen para la compañía.

¿Y eso no existe como tal hoy?

Poco te diría. Y no porque las empresas no lo hagan en serio, porque no haya voluntad, sino porque son muchas cosas. Antes, cuando no existían las normas o tantos estándares, las estrategias de sostenibilidad eran incluso más genuinas. Tenían más foco en lo que es el negocio y lo que yo querían lograr con los grupos de interés. Ahora tengo que abarcar tanto. Cuando hago un ejercicio de materialidad, defino cuáles son los temas más importantes, pero a la hora de desarrollar una estrategia no puedo dejar fuera, los temas de agua, por mucho que no sea intensivo en uso de agua, porque eso me lo van a preguntar o porque está en el estándar.

Es complejo el mundo que están viviendo las empresas, tener que cumplir con mucho y sobre eso decir ok, ¿cómo agrego valor  para diferenciarme y para ganar competitividad gracias a estos temas?

Una reflexión

¿Qué papel juegan al final del día las regulaciones gubernamentales en la promoción de la sostenibilidad? ¿Cuánto empuja, por ejemplo, la norma 4.6.1 a la realidad que estamos viviendo con las empresas que están trabajando en términos sostenibles?

Diría que cualquier cantidad. Al menos, se está poniendo el tema sobre la mesa, desde el máximo órgano de gobierno. Antes había un entusiasta en la empresa que empujaba. Ahora, sobre todo la norma 461, se maneja desde el directorio, se integra desde la mirada de riesgo. La norma me pide responder, nadie te obliga a hacer. Pero igual es bueno que haya una reflexión. Voy a decir que no, pero ¿por qué voy a decir que no? O voy a decir que sí, por qué, ¿porque no sé?. Se dan buenas conversaciones en el directorio. Oye, ¿sabés qué? Me parece bueno que  hagamos esto, nos podría ayudar a identificar. No el hacer por hacer. No cumplir por cumplir. La norma  ha ayudado a instalar esa reflexión y poder definir cuáles son los focos dónde se quiere trabajar.

Hay otras normativas que sí te obligan a hacer, no sólo a decir, como la reportabilidad. La Ley REP, por ejemplo. Se armó toda una industria, un aparataje en torno a la recuperación de residuos, que es brutalmente relevante para generar un cambio cultural efectivo. La nueva Ley de Delitos Económicos, está llena de normas que obligan a las empresas a reordenarse. Con una buena normativa, bien orientada, se pueden lograr los cambios que las personas que trabajamos en sostenibilidad, estamos buscando. Pero igual no no dejo de tener cierta compasión con el mundo empresarial, el mundo del compliance está cada vez más difícil.

Claramente más desafiados, pero ¿se podría hacer empresa de otra manera en esos tiempos?

Creo que no. La sociedad está muy exigente y me parece bueno que así sea. El desarrollo empresarial es súper importante, es fuente de innovación, de recursos, de un montón de cosas buenas, pero también hay que tener a la vista que había consecuencias que no eran del todo buenas y mientras se puedan minimizar, reconvertir, es algo valioso. Ponerle un poco de cabeza, mirar el problema. A veces, antes, las empresas solo se miraban hacia adentro. Funcionaban muy bien, generaban muy buenos retornos, pero no ponían el ojo en el exterior, en los grupos de interés, independiente de los inversionistas. Me parece bueno lo que ha ido pasando.

¿Cuáles serían las claves de esa audacia que hablabas para enfrentar la sostenibilidad?

Lo primero es el foco. El tema es un poco disperso. La sostenibilidad es transversal. Involucra muchas temáticas. Hay que decir cuál es la principal. Dónde genero una problemática y dónde tengo una oportunidad. Si me enfoco en un solo tema y lo trato como un programa de largo plazo, puedo medir sus resultados. Eso genera más valor. Menos es más de todas maneras.

Si quiero como generar diferenciación tengo que enfocarme en algo que tenga que ver con mi negocio y que ojalá sea lo más virtuoso posible con distintos grupos de interés.