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08/06

IA, comunicación y sostenibilidad: el nuevo dilema humano de las empresas

La discusión de fondo no es tecnológica. Es humana. La inteligencia artificial puede optimizar procesos, acelerar decisiones y multiplicar la productividad. Pero también puede amplificar brechas, precarizar vínculos o debilitar capacidades humanas si se implementa sin propósito ni gobernanza.

Durante años, la conversación sobre sostenibilidad estuvo enfocada en los ámbitos medioambientales, sociales y de gobernanza, entendiendo sus impactos centrales en el negocio. Paralelamente, la inteligencia artificial avanzó como una conversación aparte: innovación, productividad y automatización.

Hoy, esas dos conversaciones finalmente se cruzaron. Y probablemente ese sea uno de los debates más relevantes para las empresas en los próximos años.

Existe una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿puede existir sostenibilidad sin una gobernanza responsable de la inteligencia artificial? La pregunta no es teórica. Es profundamente estratégica.

En marzo de 2026, los propios economistas de Anthropic, la empresa detrás de Claude, publicaron uno de los análisis más relevantes sobre el impacto laboral de la IA generativa. El estudio introdujo un nuevo concepto: «exposición observada», una métrica que no solo mide qué trabajos podrían ser automatizados en teoría, sino cuáles ya están siendo impactados, en la práctica, por el uso real de inteligencia artificial.

Los resultados son particularmente reveladores. Anthropic identificó que cargos ligados a programación, análisis de datos, atención al cliente, tareas administrativas y procesamiento de información aparecen entre los más expuestos a automatización parcial o total. Pero quizás el dato más relevante es otro: la IA todavía está lejos de alcanzar todo su potencial teórico de reemplazo. En muchas industrias, hoy está actuando más como una herramienta de augmentación (ayudar a hacer mejor el trabajo) que de sustitución completa.

Eso cambia completamente la conversación. Porque el verdadero desafío ya no es sólo cuántos empleos desaparecerán, sino cómo las organizaciones rediseñarán el trabajo humano en convivencia con sistemas inteligentes. Y ahí la sostenibilidad entra de lleno.

La gobernanza de la IA

Durante años, las empresas reportaron diversidad, bienestar, formación y cultura organizacional como parte de sus compromisos ESG. Pero la irrupción de la IA obliga a elevar el estándar: ya no basta con declarar principios éticos. Será necesario demostrar cómo las compañías están preparando a sus trabajadores para convivir con esta transformación.

En Chile, esta discusión ya dejó de ser futurista. Según datos difundidos por Laborum en 2026, el uso de inteligencia artificial en el trabajo pasó de 36% a 55% en apenas un año, posicionando al país entre los más avanzados de Latinoamérica en adopción tecnológica. Al mismo tiempo, Chile volvió a liderar el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2025), consolidando un ecosistema cada vez más preparado para acelerar esta transformación.

Pero existe una diferencia importante entre adoptar IA y gobernarla correctamente. Porque mientras la tecnología avanza exponencialmente, las capacidades organizacionales, regulatorias y culturales todavía evolucionan de manera desigual. Ahí aparece uno de los grandes riesgos reputacionales de esta década.

Las compañías que implementen IA únicamente desde la eficiencia probablemente enfrentarán crecientes tensiones internas y externas: pérdida de confianza, ansiedad laboral, debilitamiento cultural y cuestionamientos éticos sobre decisiones automatizadas.

Por el contrario, las organizaciones que integren IA con criterios de sostenibilidad —formación, reconversión, transparencia y supervisión humana— tendrán una ventaja competitiva mucho más profunda: legitimidad.

Optimizar procesos

No es casualidad que incluso el Vaticano haya comenzado a instalar esta discusión con fuerza. El pasado 25 de mayo, el Papa León XIV presentó la encíclica Magnifica Humanitas (2026), centrada en los desafíos éticos de la era digital y el avance de la inteligencia artificial. La presentación estuvo acompañada por referentes del mundo tecnológico, entre ellos Christopher Olah, cofundador de Anthropic, reflejando cómo esta conversación ya dejó de ser exclusiva de especialistas o empresas tecnológicas para transformarse en una preocupación transversal sobre el futuro del trabajo, la sociedad y la dignidad humana.

En la encíclica, el Papa advierte que las innovaciones tecnológicas no son neutrales y plantea la necesidad de construir un orden social que no subordine al ser humano a la lógica de la eficiencia, los algoritmos o el mercado.

Porque la discusión de fondo no es tecnológica. Es humana. La inteligencia artificial puede optimizar procesos, acelerar decisiones y multiplicar la productividad. Pero también puede amplificar brechas, precarizar vínculos o debilitar capacidades humanas si se implementa sin propósito ni gobernanza.

La sostenibilidad del futuro no solo se medirá en emisiones o reportes, sino también en la capacidad de las organizaciones para integrar inteligencia artificial sin perder criterio humano, confianza y legitimidad.

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