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Impulsemos la inclusión laboral femenina

Al empoderar a mujeres para que ocupen espacios poco comunes para ellas, las empresas estamos contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las participantes y transformar el tejido social. Genera un efecto multiplicador, ya que fomenta la equidad de género, reduce la pobreza e impulsa la independencia económica. Además, al desafiar los roles tradicionales, estos programas ayudan a construir una sociedad más justa y equitativa, en la que el género deje de ser una barrera para el desarrollo profesional.

En Chile la brecha de género en el ámbito laboral sigue siendo un tema relevante. A pesar de los avances, la desigualdad salarial y la escasa representación femenina en sectores estratégicos son realidades que, aunque visibilizadas, continúan limitando el acceso de las mujeres a muchos trabajos. Esta brecha plantea un desafío urgente que requiere no solo de políticas públicas efectivas, sino también de un compromiso decidido por parte de las empresas.

Los datos demuestran que aún hay trabajo por hacer. Por ejemplo, de acuerdo con el último boletín estadístico de empleo trimestral julio-septiembre 2024, que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), existe una diferencia de 18,7% en la participación laboral entre hombres y mujeres. Por otra parte, la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI), elaborada también por el INE, indica que la brecha salarial es de 25,5% en desmedro de las mujeres para el ingreso promedio.

Una manera de abordar esta desigualdad es a través de programas de inclusión que promuevan la participación de mujeres en sectores históricamente masculinizados. Construcción, minería, ingeniería y otros oficios técnicos y manuales, son solo algunos ejemplos de áreas en las que las mujeres siguen estando en desventaja. En este sentido, las empresas tenemos una responsabilidad crucial para garantizar que nuestras prácticas no perpetúen estos patrones de discriminación, sino que seamos motores de cambio.

Un ejemplo de esta transformación es el programa de “Mujeres Gasfiteras” que implementamos en Lipigas junto a Red Maestra. Este capacita a mujeres en el oficio de gasfitería, una actividad históricamente dominada por hombres. A través de esta iniciativa, Lipigas no solo contribuye a cerrar la brecha de género en un sector técnico, sino que también rompe con estereotipos que limitan el potencial profesional de las mujeres. Así, este tipo de proyecto además de beneficiar a quienes participan directamente, también tiene un impacto positivo en la comunidad laboral y en la sociedad en su conjunto al demostrar que las mujeres son plenamente capaces de desempeñar trabajos en campos de alta demanda y especialización.

Construcción, minería, ingeniería y otros oficios técnicos y manuales, son solo algunos ejemplos de áreas en las que las mujeres siguen estando en desventaja. En este sentido, las empresas tenemos una responsabilidad crucial para garantizar que nuestras prácticas no perpetúen estos patrones de discriminación, sino que seamos motores de cambio.

El valor social de este tipo de iniciativas es incuestionable. Al empoderar a mujeres para que ocupen espacios poco comunes para ellas, las empresas estamos contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las participantes y transformar el tejido social. La inclusión laboral de las mujeres genera un efecto multiplicador, ya que fomenta la equidad de género, reduce la pobreza e impulsa la independencia económica. Además, al desafiar los roles tradicionales, estos programas ayudan a construir una sociedad más justa y equitativa, en la que el género deje de ser una barrera para el desarrollo profesional.

La brecha laboral entre hombres y mujeres en Chile es un desafío complejo que requiere la acción decidida de  odos los actores de la sociedad. Las empresas tenemos un papel fundamental en la construcción de un futuro más igualitario, donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de crecer profesionalmente, independientemente del sector en el que elijan desarrollarse. El programa “Mujeres Gasfiteras” de Lipigas es un claro ejemplo de cómo la inclusión laboral puede transformar no solo la vida de las mujeres, sino también la estructura misma del mercado laboral, impulsando a Chile hacia un futuro más justo y equitativo.