Diálogos Sostenibles
17/09

«Las empresas ya no pueden trabajar en lo social como licencia para operar. Hoy es una nueva forma de hacer negocios»

En esta edición de Diálogos Sostenibles, conversamos con José Luis Tapia, gerente general de BSponsor, la empresa detrás del Índice de Impacto Social Empresarial 2025, que analizó más de 900 iniciativas de 75 empresas en 11 industrias, para medir cómo están generando transformaciones sociales reales en las comunidades

«Cuando hablamos de ESG, las métricas de medioambiente y gobernanza son claras, pero lo social cuesta mucho medirlo. Y si uno revisa los grandes índices a nivel mundial, casi no está presente o se aborda solo desde la perspectiva de los trabajadores. Ahí vimos un vacío», cuenta el gerente general de BSponsor, José Luis Tapia en esta edición de Diálogos Sostenibles donde desmenuzó el Índice de Impacto Social Empresarial que acaba de elaborar.

BSponsor desarrolló un algoritmo que combina metodologías como el retorno social de la inversión (SROI) y lo que llaman social mix modeling, que busca estimar cuánto deberían invertir las empresas en la comunidad de acuerdo con su propósito o materialidad.

«Lo que buscamos es subir la vara. No se trata de filantropía, sino de integrar las áreas de sostenibilidad, marketing y personas bajo una visión común: medir, comunicar y mejorar el impacto social», agrega.

El valor para las empresas

¿Cuál es la utilidad práctica de este índice para las compañías?

En este ámbito hay muy poco benchmark. Las empresas no tienen claro si lo que hacen está bien, si están invirtiendo en lo correcto o cómo se compara con sus pares. Nuestro índice genera un mapa común: en qué regiones se invierte, en qué temáticas, qué programas generan cambios reales. Eso permite identificar buenas prácticas y elevar estándares”.

El ejecutivo subraya que la información recogida es valiosa también para abrir conversaciones entre empresas y comunidades, e incluso entre competidores:

«En Perú, por ejemplo, el Hub de Innovación Minera agrupa a compañías rivales que deciden colaborar en temas sociales porque comparten territorios y comunidades. Esa visión colaborativa es la que queremos impulsar también en Chile».

Minería, banca y alimentos: distintas estrategias

El análisis revela diferencias importantes según industria. Tapia aclara eso sí que no es justo comparar sectores disímiles, pero sí es posible observar tendencias:

  • Minería: «Son las que más impacto generan, porque su actividad conlleva grandes externalidades y, por ende, una obligación mayor de invertir en las comunidades. Han avanzado mucho en proyectos de agua potable y educación».
  • Banca: «Sorprende a algunos, pero los bancos han desarrollado programas de alcance masivo, llegando a más personas aunque con cambios menos intensos».
  • Alimentos: «Aquí se ven estrategias mixtas. AgroSuper, por ejemplo, ha trabajado fuerte en sus comunidades locales, mientras que Soprole ha apostado por un enfoque más amplio, llegando a más gente a través de redes como la de alimentos».
De la filantropía al propósito

Hace 20 años el rol empresarial se entendía como filantropía. ¿Cuánto ha cambiado esa visión

Hoy las empresas escogen sus batallas en función de su negocio y de lo que les exige la sociedad, que está más informada y más demandante. Lo clave es que el relato comunicacional esté respaldado por hechos. Si no, el riesgo reputacional es enorme.

Tapia también advierte sobre nuevas tensiones en el reporte de sostenibilidad: «No solo existe el greenwashing, también el greenhushing, cuando las empresas prefieren no comunicar por miedo a equivocarse. Nuestro mensaje es que mientras más midas y transparentes seas, más fácil es avanzar».

Casos que inspiran

Tapia compartió ejemplos que muestran cómo iniciativas distintas pueden generar impacto:

  • SAESA y su liga de básquetbol juvenil, que ha cambiado realidades en el sur de Chile.
  • Empresas mineras y agroindustriales con proyectos de acceso al agua, donde «realmente se cambia la vida de las comunidades».
  • Telecomunicaciones, que al apagar el 2G se preocuparon de entregar nuevos aparatos y capacitar a adultos mayores para no dejarlos fuera de la digitalización.

«Eso es lo que más me gusta de este índice: ver que no siempre hay que hacer lo mismo. Educación es clave, pero también se puede transformar a través del deporte, del agua o de la inclusión digital», concluye.

Transparencia como nuevo estándar

El Índice de Impacto Social Empresarial 2025 marca un punto de inflexión: la medición del impacto social deja de ser un ejercicio voluntario y pasa a ser un estándar en construcción.

«Las empresas ya no pueden trabajar en lo social como licencia para operar. Hoy es una nueva forma de hacer negocios, y mientras más transparente y consistente sea esa gestión, más virtuosa será la relación con comunidades, inversionistas y consumidores», resume Tapia.

Aquí puedes leer el estudio completo.

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