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30/06

La brecha que enfrentan las empresas: medir cuánto valor genera la sostenibilidad

Un estudio de KPMG advierte que, aunque ESG ya está en la agenda estratégica y financiera de las compañías, solo el 19% utiliza metodologías avanzadas para cuantificar su impacto económico.

La sostenibilidad ya entró a los directorios y a la planificación financiera de las empresas, pero aún enfrenta un desafío clave: demostrar con números cuánto valor genera. Una investigación de KPMG revela que existe una brecha entre la importancia estratégica que las organizaciones asignan a los criterios ESG y su capacidad real para medir su impacto económico.

El informe Global ESG Assurance Maturity Index 2025, muestra que apenas el 19% de las organizaciones, una de cada cinco, es capaz de medir el impacto financiero de sus iniciativas de sostenibilidad.  Muchas organizaciones todavía no logran conectar variables como cambio climático, biodiversidad, capital humano o derechos humanos con indicadores financieros que permitan evaluar cómo estos factores afectan el crecimiento, la rentabilidad y la creación de valor.

La brecha es aún más relevante si se considera que el 72% de los ejecutivos afirma comprender la estrategia, las métricas y el desempeño de sostenibilidad de su empresa. Es decir, las compañías saben cada vez más sobre sus impactos ESG, pero todavía enfrentan dificultades para demostrar cuánto valor económico generan o protegen.

Esa diferencia es lo que KPMG denomina una «brecha de valoración»: el espacio que existe entre gestionar la sostenibilidad y lograr integrarla realmente en los procesos financieros de la organización.

Los indicadores ambientales, sociales y de gobernanza bien desarrollados en muchas empresas, no siempre conectan con las métricas que utilizan los directorios, los CFO o los inversionistas para evaluar proyectos, asignar capital o definir prioridades estratégicas.

La consecuencia es clara: numerosas iniciativas ESG siguen siendo analizadas principalmente desde una lógica reputacional o normativa, pese a que podrían estar generando eficiencias operativas, reduciendo riesgos financieros o abriendo nuevas oportunidades de crecimiento.

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Un 60% de las organizaciones considera los riesgos y oportunidades asociados a estos temas dentro de sus procesos financieros, mientras que la mitad afirma haber integrado la sostenibilidad en su estrategia central de negocio. Pero para que estas iniciativas compitan en igualdad de condiciones con otros proyectos corporativos, deben poder expresarse en el mismo lenguaje que guía buena parte de las decisiones empresariales: el financiero.

Cuando los impactos de sostenibilidad no se traducen en ingresos, costos, riesgos, productividad, activos o valor empresarial, resulta más difícil justificar inversiones, priorizar recursos o demostrar su aporte frente a otras áreas del negocio.

Algunos sectores ya avanzan más rápido en esa dirección. Según KPMG, las organizaciones de banca y mercados de capitales lideran la adopción de metodologías avanzadas de valoración, con un 33%. Les siguen energía y recursos naturales, con 31%, y la industria automotriz, con 27%.

El denominador común es que estas industrias enfrentan riesgos ESG con efectos financieros directos: transición energética, nuevas regulaciones, presión de inversionistas, cadenas de suministro más exigentes y riesgos físicos asociados al cambio climático.

No solo reportar, también valorar

El informe también plantea que cerrar esta brecha no pasa necesariamente por generar más reportes, sino por fortalecer la disciplina financiera detrás de la sostenibilidad. Esto implica construir metodologías consistentes de cuantificación, integrar las áreas de sostenibilidad y finanzas, y desarrollar un lenguaje común entre equipos que históricamente han trabajado con métricas distintas.

Para muchas empresas, este cambio exigirá nuevas capacidades analíticas, herramientas de valoración y una mayor participación de los CFO en la estrategia ESG. Pero quienes avancen primero podrán identificar mejor sus riesgos, capturar oportunidades emergentes y demostrar con mayor claridad su propuesta de valor ante inversionistas, reguladores y grupos de interés.

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La sostenibilidad ya logró instalarse como una prioridad empresarial. El próximo paso será demostrar, con números, cuánto valor crea, cuánto riesgo reduce y por qué debe ocupar un lugar central en las decisiones de negocio.

Como advierte el estudio de KPMG, el mayor riesgo ya no está en desconocer la importancia de la sostenibilidad. El verdadero riesgo está en no ser capaz de demostrar cuánto valor genera.

Los inversionistas buscan comprender cómo los riesgos climáticos, la transición energética, la gestión del capital natural o los desafíos sociales afectan el desempeño futuro de las compañías, mientras que los nuevos estándares internacionales avanzan hacia reportes donde la información financiera y de sostenibilidad se presenten de manera integrada.

Las empresas que logren cuantificar el impacto económico de sus estrategias sostenibles estarán mejor preparadas para acceder a financiamiento, fortalecer la confianza del mercado y responder a un entorno regulatorio cada vez más exigente.