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20/05

Infraestructura vial y sostenibilidad: el modelo que propone rediseñar las carreteras

Un informe del Highways Doughnut Alliance advierte que el sector vial, clave para la economía, sigue operando con incentivos de corto plazo, falta de métricas y baja adopción de innovación, y propone un cambio estructural basado en el modelo de Doughnut Economics.

La infraestructura vial y sostenibilidad se ha convertido en un eje clave en la transición hacia modelos más responsables, pero el sector enfrenta barreras estructurales que dificultan avanzar más allá de la reducción de emisiones.

Las carreteras conectan territorios, facilitan el comercio y permiten la movilidad de millones de personas, pero su impacto va mucho más allá del transporte. El informe Highways Doughnut Alliance: A Journey for Sectoral Transformation pone el foco en una dimensión menos visible: el fuerte impacto social y ambiental de la infraestructura vial.

Los datos son elocuentes. Solo en el Reino Unido, la mantención de carreteras utiliza más de 20 millones de toneladas de asfalto al año, impulsando una alta demanda de materiales vírgenes como agregados y betún. Además, los materiales pueden representar más de la mitad de las emisiones totales en el ciclo de vida de estas actividades .

A esto se suma que cerca del 80% del territorio, en ese país, se encuentra a menos de un kilómetro de una carretera, lo que contribuye a la fragmentación de hábitats y presión sobre los ecosistemas.

Más allá del carbono: una mirada integral

Aunque en los últimos años el foco ha estado puesto en la descarbonización del sector, el informe plantea que ha sido  insuficiente. Las políticas actuales avanzan en reducción de emisiones, pero no abordan de manera integrada otros desafíos clave como la biodiversidad, la accesibilidad o los impactos en la salud.

El documento propone aplicar el modelo de Doughnut Economics, desarrollado por Kate Raworth, que busca equilibrar dos dimensiones: asegurar un nivel mínimo de bienestar social, al mismo tiempo que respetar los límites ecológicos del planeta.

Adaptado al sector vial, este enfoque, denominado Highways Doughnut, permite evaluar cómo las decisiones en infraestructura impactan tanto en dimensiones sociales (como seguridad, accesibilidad o empleo) como ambientales (como emisiones, uso de recursos o calidad del aire).

Problema estructural: por qué no cambia

Más allá del diagnóstico, uno de los principales aportes es identificar las barreras sistémicas que impiden avanzar hacia un modelo más sostenible. Estas no responden a falta de conocimiento, sino a cómo está diseñado el sistema:

  • Baja adopción de innovación, donde las soluciones probadas no logran escalar.
  • Regulaciones rígidas, que dificultan incorporar nuevas tecnologías o materiales más sostenibles.
  • Falta de métricas estandarizadas, especialmente en dimensiones sociales.
  • Modelos de licitación y financiamiento que priorizan costos bajos y resultados de corto plazo por sobre valor de largo plazo .

A esto se suma una cultura organizacional donde la seguridadd, aunque prioritaria, se interpreta muchas veces desde una lógica de corto plazo, dejando fuera riesgos más amplios como los efectos de la contaminación o el deterioro ambiental.

Gobernanza e incentivos

Uno de los puntos más críticos identificados es el diseño de los sistemas de compra y financiamiento. Según el documento las licitaciones tienden a privilegiar rapidez y bajo costo, lo que desincentiva la incorporación de soluciones innovadoras o sostenibles.

En la práctica, esto significa que materiales o tecnologías con mejores resultados en el largo plazo pueden quedar fuera por tener mayores costos iniciales o mayor incertidumbre.

Además, la ausencia de métricas claras, especialmente en impacto social, dificulta evaluar correctamente los beneficios de estas alternativas. En muchos casos, los criterios ESG se incorporan como requisitos formales, pero sin mecanismos efectivos de seguimiento o medición de impacto.

Una hoja de ruta para la transformación

Frente a este escenario, el informe propone una serie de acciones estructuradas en tres niveles: estructural, procedimental y cultural.

En el plano estructural, se plantea rediseñar los sistemas de licitación para incorporar criterios de valor social y ecológico a lo largo del ciclo de vida de los proyectos. También se propone fortalecer la colaboración entre actores, sector público, privado, academia y comunidades, para compartir riesgos e impulsar la innovación.

A nivel operativo, el foco está en mejorar la gestión de datos, consolidar métricas y generar evaluaciones post implementación que permitan aprender de los proyectos y ajustar decisiones futuras.

En el ámbito cultural,  enfatiza la necesidad de cambiar la forma en que se entiende la innovación, ampliándola más allá de lo tecnológico hacia cambios organizacionales y de gestión. También plantea la importancia de fortalecer capacidades, generar aprendizaje colectivo y visibilizar casos exitosos.

Desafío que trasciende al sector vial

Aunque el análisis se centra en el Reino Unido, el documento plantea desafíos que son extrapolables a múltiples sectores. La tensión entre costos de corto plazo y valor de largo plazo, la falta de métricas robustas y la dificultad para escalar innovación son problemáticas comunes en la agenda ESG.

El sector vial aparece como un caso ilustrativo de un problema mayor: la dificultad de transformar sistemas complejos cuando los incentivos, las regulaciones y la cultura organizacional no están alineados con los objetivos de sostenibilidad.

Oportunidad para redefinir el estándar

El llamado es a fortalecer la colaboración entre actores y avanzar hacia una gobernanza más integrada, capaz de abordar los desafíos desde una lógica sistémica.

La creación de la Highways Doughnut Alliance, que reúne a autoridades públicas, empresas, academia y sociedad civil, en Reino Unido, es presentada como un primer paso en esa dirección. El objetivo: construir un lenguaje común, identificar barreras compartidas y diseñar soluciones coordinadas.

Más que una propuesta técnica, lo que plantea es un cambio de enfoque. Pasar de una lógica de cumplimiento a una de transformación, donde la sostenibilidad no sea un requisito adicional, sino un criterio central en la toma de decisiones.