mundo
07/06

Inversión global 2026: geopolítica, auge de la IA y nuevas tensiones en el crédito privado

Lejos de ofrecer una mirada optimista o alarmista, el análisis de MSCI propone una lectura sobria: los mercados siguen mostrando capacidad de adaptación, pero los pilares institucionales, energéticos y financieros que los sostienen enfrentan tensiones crecientes.

El cierre de 2025 deja una señal clara para los mercados financieros globales: el escenario de inversión hacia estará marcado por la profundización, y fricción de dinámicas ya en curso, más que la aparición de nuevas tendencias.

Así lo plantea el informe Investment Trends in Focus: Key Themes for 2026, elaborado por MSCI, que identifica cuatro grandes fuerzas estructurales que están redefiniendo la asignación de capital:

  1. El riesgo financiero y la sostenibilidad de los mercados:
  2. El reordenamiento geopolítico.
  3. La inversión a gran escala en inteligencia artificial (IA).
  4. La presión sobre la infraestructura energética y el crecimiento acelerado, aunque aún no probado, del crédito privado.

Lejos de ofrecer una mirada optimista o alarmista, el análisis de MSCI propone una lectura sobria: los mercados siguen mostrando capacidad de adaptación, pero los pilares institucionales, energéticos y financieros que los sostienen enfrentan tensiones crecientes.

Fin de una certeza, no de una hegemonía

Uno de los ejes centrales del informe es el cuestionamiento, aunque no el colapso, del llamado «excepcionalismo estadounidense». Durante más de una década, Estados Unidos concentró una proporción creciente del valor bursátil global, alcanzando cerca del 67% del índice MSCI ACWI a fines de 2024. Sin embargo, en 2025 esa narrativa mostró fisuras. El primer semestre de este  año, los mercados estadounidenses quedaron rezagados frente a Europa, Japón y economías emergentes, en un contexto marcado por tensiones comerciales, anuncios arancelarios y episodios de volatilidad simultánea en acciones, bonos del Tesoro y el dólar. Aunque esta corrección fue transitoria y se revirtió parcialmente en la segunda mitad del año, dejó una señal relevante: la confianza en la estabilidad institucional y política de Estados Unidos ya no es incuestionable.

MSCI advierte que este ajuste no constituye un cambio de régimen, sino un «interregno». Estados Unidos sigue siendo el principal polo de crecimiento de utilidades, aunque a valuaciones elevadas frente a Europa y mercados emergentes. El mensaje de fondo es que la geopolítica vuelve a ser un factor de riesgo estructural para los inversionistas, no un ruido de corto plazo.

IA: inversión masiva y ventaja estructural

Si la geopolítica explica parte de la volatilidad, la inteligencia artificial  buena parte de la resiliencia de los mercados. El informe la identifica como el principal centro de gravedad de la inversión global hacia 2026, tanto por el volumen de capital movilizado como por su impacto en productividad, investigación y estructura empresarial.

Según los datos de MSCI, las empresas vinculadas a la cadena de valor de la IA, que abarcan desde desarrolladores de software hasta fabricantes de hardware, operadores de centros de datos y proveedores de energía, concentran cerca del 40% del gasto global en investigación y desarrollo. En términos absolutos, su inversión en I+D se aproxima a los USD 600 mil millones anuales, superando a la del resto del mundo combinado.

E Las compañías de IA reinvierten una proporción significativamente mayor de sus ingresos y utilidades, exhiben niveles superiores de productividad laboral y proyectan un crecimiento de utilidades por encima del 20% para 2026, muy por sobre el promedio del mercado.

MSCI subraya que esta ventaja es principalmente estadounidense. Las grandes tecnológicas de EE.UU. lideran en intensidad de I+D y reinversión, consolidando una brecha estructural frente a Europa y Japón. La inteligencia artificial, en este sentido, refuerza —al menos por ahora— el liderazgo económico de Estados Unidos, incluso cuando su hegemonía política es más cuestionada.

Energía e infraestructura: el costo físico de la IA

El avance de la inteligencia artificial no es solo digital. El informe enfatiza que el despliegue masivo de centros de datos y servidores está generando una presión inédita sobre los sistemas energéticos, especialmente en términos de electricidad.

De acuerdo con estimaciones citadas por MSCI, el consumo eléctrico de los centros de datos crecerá a una tasa anual cercana al 15% hasta 2030, muy por encima del promedio de la demanda eléctrica global. En Estados Unidos, estos centros podrían explicar cerca de la mitad del aumento de la demanda en los próximos años.

. En 2025, los índices vinculados a infraestructura energética y energías limpias registraron retornos superiores a los del sector de petróleo y gas, invirtiendo una tendencia observada en los años posteriores a la pandemia. La demanda asociada a la IA aparece como uno de los principales motores de esta reversión.

Un dato: Mientras China consolida posiciones dominantes en tecnologías solares, equipamiento de redes eléctricas y eficiencia energética, Estados Unidos enfrenta mayores costos y restricciones regulatorias para ampliar su infraestructura limpia. La sostenibilidad energética emerge así como un factor crítico para la continuidad del liderazgo tecnológico.

Crédito privado: crecimiento rápido, riesgos latentes

El cuarto eje del informe aborda un fenómeno menos visible, pero potencialmente disruptivo: el auge del crédito privado como fuente de financiamiento para proyectos intensivos en capital, incluidos los vinculados a la inteligencia artificial.

Desde la crisis financiera de 2008, el crédito privado ha ganado espacio frente a la banca tradicional. En los últimos años, además, han proliferado vehículos semi-líquidos que prometen mayor flexibilidad a los inversionistas, permitiendo entradas y salidas periódicas de capital. Según MSCI, los flujos hacia este tipo de fondos crecieron desde US$ 10 mil millones en 2020 hasta una proyección de US% 74 mil millones en 2025.

El problema, señala MSCI, es estructural: estos instrumentos combinan activos ilíquidos de largo plazo con promesas de liquidez de corto plazo. Aunque el sistema no ha enfrentado aún una prueba severa, comienzan a aparecer señales de tensión. Las rebajas de valor en préstamos senior y mezzanine han aumentado, y los procesos de reestructuración podrían estar ocultando problemas de solvencia más profundos.

La pregunta  clave: ¿podrá el crédito privado sostener su crecimiento en un entorno de tasas elevadas, mayor volatilidad y mayores demandas de capital para la transición tecnológica y energética? La respuesta, por ahora, sigue abierta.

Un escenario de interdependencias

MSCI sostiene que el desafío para inversionistas, empresas y reguladores no será anticipar la próxima gran tendencia, sino entender cómo estas fuerzas interactúan y amplifican riesgos y oportunidades. La sostenibilidad del sistema financiero, concluye el informe, dependerá cada vez más de la solidez institucional, la infraestructura física y la capacidad de gestionar tensiones de largo plazo en un mundo que sigue creciendo, pero con bases más frágiles.