Diálogos Sostenibles
20/11

Javier Silva, SQM Litio: «Con las comunidades hemos aprendido que se pueden generar confianzas»

EL programa Alianza Mujeres Atacameñas (AMA) fue disinguido por el Foro Intergubernamental sobre Minería, Minerales, Metales y Desarrollo Sostenible, IGF, que se desarrolla en Ginebra. En este Diálogos Sostenibles, el director de sostenibilidad y participación comunitaria de SQM Litio detalla el trabajo que lideran con las comunidades.

El director de sostenibilidad y participación comunitaria de SQM Litio, Javier Silva, está en Ginebra. Y ayer fue el único representante de una empresa privada en exponer en el pleno del Foro Intergubernamental sobre Minería, Minerales, Metales y Desarrollo Sostenible, IGF.  La minera chilena fue reconocida por su programa Alianza Mujeres Atacameñas (AMA), como una práctica destacada en la intersección entre minerales críticos e igualdad de género.

«Nos reconocen como mejor práctica. Estamos totalmente orgullosos de la oportunidad de estar acá. En la Casa de la ONU, mostrando lo que estamos haciendo desde Chile», cuenta de entrada en este Diálogos Sostenibles.

El programa AMA nació hace dos años con la mirada de «hacerse cargo de la brecha de oportunidades de las mujeres en San Pedro de Atacama, post pandemia», explica Silva al detallar que hoy tiene un alcance de alrededor de 1.700 mujeres indígenas, beneficiadas desde el punto de vista de emprendimientos, apoyo en salud y capacitaciones.

 ¿Cuáles han sido los mayores desafíos para la implementación de un programa de inclusión de género como este? ¿Cómo se aborda? ¿Qué aprendizajes se pueden compartir?

Partimos con una gran idea, pero al momento de implementarla nos enfrentamos a la desconfianza de que viniera de una empresa minera. De hecho, acá en este foro somos la única empresa, todos el restos son ONGs. Esa fue la primera barrera que nos tocó enfrentar, y a través del diálogo, de generar instancias de cercanía a las mujeres, lo hemos ido logrando. Al principio no querían que supiera que estaban en nuestro programa. Con el tiempo, el fin le fue ganando a todo. Eso es lo que hemos ido aprendiendo, que se pueden generar confianzas, que esto no era algo puntual, sino a largo plazo.

A veces llegas con una idea y en la práctica te das cuenta que no es lo que necesitan. Hemos ido migrando desde capacitaciones a temas de salud, donde no sólo demandan cobertura para las mujeres, también para quienes están a su cuidado. Nos decían  quiero que vean a mis hijos, a los adultos mayores, porque así logro estar bien, quedo más libre para hacer mis tareas. Hemos ido aprendiendo de este ecosistema, de cómo funciona este grupo de mujeres y tenemos trabajo para rato.
Métricas y confianza

 ¿Tienen métricas respecto al impacto que ha tenido el programa? 

Lo primero es el nivel de adhesión a los programas. Un alcance de 1.700 mujeres.  Internamente, lo que hemos tratado de hacer es permear a la organización sobre esta cultura. Hemos traído artesanas a Santiago para que muestren su arte, en  la oficina, en ferias de renombre. Cuando se piensa que estamos en San Pedro, se piensa en la parte turística, pero no toda la cultura que ahí existe. Estas mujeres, de primera fuente, son las que nos vienen a contar las técnicas de sus abuelas, la historia de sus antepasados. Es maravilloso, se paran los pelos cuando escuchas este tipo de mensaje, de vínculo con su trabajo, solamente había que darles la oportunidad.

¿Es replicable el proyecto?

Totalmente. Se trata de un grupo de mujeres que tiene una necesidad real y que la empresa en este caso tiene la oportunidad de apoyarlas. Se puede aplicar en cualquier industria, a cualquier grupo humano, que tenga algún tipo de vulneración o necesidad. Una brecha con respecto a otro. Lo único que hay que hacer es conocer a el entorno, darse el tiempo para eso, que no sea una misión paternalista o externa, sino más bien una mirada de colaboración, de empatía, de ponerse en el lugar del otro para ver cómo puedes apoyar para se desarrollen y tengan mejores oportunidades.

Actuar rápido

¿Cómo se trabajan estos temas con las autoridades, pensando en que hay déficits que deberían ser cubiertos por políticas públicas?

Creo que el análisis tiene que ver con quién puede actuar más rápido, sin dejar de lado las alianzas pensando en el largo plazo. En este caso, teníamos la posibilidad de actuar  y la aprovechamos, pero ya hemos ido haciendo alianzas con  organismos del Estado que, a través de sus políticas públicas, puedan hacer foco en San Pedro, que quizás por la densidad, por la cantidad de población, no llegaban hasta allá.

Creemos que las empresas podemos ir apalancando proyectos,  alianzas que permitan bajar programas, que son muy buenos a nivel nacional, pero que mujeres solas no llegaban. Logramos visibilizar aquellas demandas que están muy lejanas a Santiago.

¿Qué pasa con el equilibrio entre las metas económicas y las sociales? ¿Cómo se trabaja eso en SQM?

Hemos ido aprendiendo en el camino, avanzando y haciéndonos cargo de que la parte social  es una línea más de trabajo en la organización. Hemos tratado de seguir las mejores prácticas de distintos estándares y lo que nos insta es a que sea parte de la forma de trabajar, de los  valores.

En 2020 incorporamos la sostenibilidad como valor corporativo y dentro de eso los proyectos de valor social compartido han tomado un rol preponderante. Por distintas líneas, desde nuestro contrato que tenemos con Corfo, que incorporó recursos directos al desarrollo regional, a las comunidades indígenas, a las municipalidades.

Llevamos cuatro o cinco años de trabajo, que forma una línea importante del presupuesto, que se revisa con el directorio y es parte de un comité especial del directorio de la compañía. Con la convicción de las más altas autoridades. Sentimos el respaldo. Logramos que se vincule de alguna forma el directorio con los habitantes del territorio. Tenemos una responsabilidad con este territorio,estamos extrayendo recursos, generando riquezas, pero  no puede ser a costa de…  el beneficio debe ser compartido. Este es un territorio que está con necesidades básicas grandes, no cubiertas. Lo que se puede hacer es infinito. O sea, de todo, plantas de agua, electricidad, educación, salud y en todo podemos aportar.

¿Y cómo gestionan expectativas locales? 

Es un gran tema, porque también tenemos que cuidar los recursos de la compañía. Necesitamos un equilibrio de tener un impacto  y estar presentes. No es que vayamos una vez al mes o cada dos meses y listo. Tenemos oficinas  que se encargan de escuchar, de estar presente. Esto es un proyecto social, pensando en el largo y mediando plazo, con interlocutores válidos, que trabajan día a día con las molestias o expectativas que se generen. Trabajamos juntos en ayudar también a postular a fondos, abriendo oportunidades para un objetivo final, que es el desarrollo.

¿Cuáles han sido las lecciones más valiosas de trabajar en comunidades?

Saber escuchar, Respetar los tiempos del otro empáticamente. No porque uno tenga metas o objetivos, son las mismas del otro. Para mí ha sido una gran oportunidad aprender de estos grupos humanos, de cómo estas personas finalmente tienen una forma de vida distinta, una organización, una cosmovisión muy distinta. Poner sus prioridades y las nuestras, buscar alianzas virtuosas para ambos. Acá no tiene que haber un ganador y un perdedor, hay que buscar una forma en la que ambos podamos colaborar. La empatía, el respeto a los tiempos, el respeto en general, en el sentido amplio, ha sido fundamental.