entrevista
06/06

Joan Melé en Chile y su mirada ESG: «estamos frente a un cambio estructural y probablemente irreversible»

En entrevista con ESGHOY, el presidente de la Fundación Dinero y Conciencia, de visita en Chile, advirtió que la sostenibilidad ya no puede quedarse en discursos o reportes: la transformación exige trazabilidad, propósito e impacto real en el uso de sus recursos.

El presidente de la Fundación Dinero y Conciencia e impulsor de la banca ética en América Latina, Joan Melé es claro en señalar que «la sostenibilidad ya no puede quedarse en discursos o reportes ESG».

En conversación con ESGHOY, el exbanquero español, de visita en Chile,  asegura que el sistema financiero vive una transformación irreversible, donde las personas comienzan a exigir trazabilidad, propósito e impacto real en el uso de sus recursos.

Durante su estadía, organizada por BELAT Grupo Financiero, Melé sostuvo encuentros con líderes empresariales y financieros, reuniones estratégicas junto a la Fundación Dinero y Conciencia, charlas magistrales en espacios académicos y de sostenibilidad, además de reuniones privadas con actores vinculados a inversión sostenible e impacto.

Con más de 30 años de experiencia en la banca tradicional y una trayectoria ligada al desarrollo de las finanzas éticas, el ejecutivo sostiene que el dinero «nunca es neutro» y que cada decisión económica fortalece un determinado modelo de sociedad. En esa línea, plantea que conceptos como banca ética, inversión de impacto y sostenibilidad dejaron de ser nichos alternativos para convertirse en parte del nuevo paradigma económico global.

Cada peso que gastamos es un voto hacia el mundo que queremos, nos dijo también hace algunas semanas la economista Carolina Yazmín López en entrevista por su libro sobre dinero sostenible.

«El dinero expresa valores humanos»

Usted lleva años planteando que el dinero no es neutro. ¿Qué quiere decir con eso y por qué hoy cobra más sentido que nunca?

El dinero siempre genera consecuencias. Cada vez que consumimos, invertimos o ahorramos, estamos fortaleciendo un determinado modelo económico y social. Durante mucho tiempo pensamos que el dinero era solo una herramienta técnica, pero en realidad expresa valores humanos, prioridades y niveles de conciencia.

Hoy esto cobra más sentido que nunca porque vivimos una época marcada por crisis sociales, ambientales y de confianza. Ya no basta preguntarnos cuánto rentan nuestras inversiones; también debemos preguntarnos qué tipo de mundo ayudan a construir.

Cuando escribí Dinero y Conciencia planteé una pregunta muy simple: ‘¿A quién sirve mi dinero?’. Esa sigue siendo probablemente una de las preguntas más importantes de nuestro tiempo”.

¿En qué momento entendió que la banca tradicional necesitaba una transformación profunda?

Lo entendí observando el comportamiento cotidiano de las personas en su relación con el dinero durante más de 30 años trabajando en banca. Me di cuenta de que muchas decisiones económicas estaban guiadas por el miedo, la ansiedad o la búsqueda de poder, más que por una visión humana o social.

La banca tradicional terminó concentrándose excesivamente en la rentabilidad financiera de corto plazo, olvidando que la economía debería estar al servicio de la vida y de las personas. No se trata de demonizar la banca, sino de evolucionarla. La economía necesita recuperar sentido, propósito y responsabilidad”.

«La sostenibilidad no puede ser solo marketing»

¿Qué diferencia real existe entre una banca ética y un banco tradicional más allá del discurso?

La principal diferencia está en la intención y en la transparencia. La banca ética se pregunta qué impacto generan los proyectos que financia. No se trata solo de evitar actividades dañinas, sino de impulsar activamente proyectos que contribuyan al desarrollo humano, social y ambiental.

Además, existe un compromiso mucho más profundo con la trazabilidad del dinero: el cliente sabe dónde está invertido su capital y qué consecuencias genera. En América Latina estamos viendo cómo este modelo comienza a crecer con fuerza. Un ejemplo es lo que hoy impulsa BELAT en Chile, financiando proyectos vinculados a educación, vivienda social, energía renovable, inclusión y agricultura sostenible.

¿Puede la banca ética competir en rentabilidad y escala con los grandes actores financieros?

Sí, y de hecho ya lo está haciendo. Durante muchos años se instaló la falsa idea de que ética y rentabilidad eran incompatibles. Sin embargo, hoy vemos que los proyectos sostenibles muchas veces son más resilientes, más eficientes y tienen una mejor visión de largo plazo.

La propia evolución de las finanzas sostenibles en el mundo demuestra que esto no es una utopía. La Global Alliance for Banking on Values hoy reúne a 74 instituciones financieras en 45 países y más de 50 millones de clientes.

¿Qué errores cometen las instituciones cuando intentan “verse sostenibles” sin cambiar el fondo?

El principal error es pensar que la sostenibilidad es un problema comunicacional y no cultural. Muchas organizaciones creen que basta con publicar un reporte ESG o cambiar ciertos discursos, pero la verdadera sostenibilidad implica revisar profundamente el propósito de la empresa, sus incentivos y el impacto real de sus decisiones.

Cuando no existe coherencia entre discurso y práctica, aparece el greenwashing. Y hoy las personas tienen cada vez más capacidad para detectar esas inconsistencias.

«El ESG es un cambio estructural»

¿Estamos frente a una moda ESG o a un cambio estructural?

Estamos frente a un cambio estructural y probablemente irreversible. Las nuevas generaciones ya no separan economía, medio ambiente y sociedad. Entienden que todo está conectado. Además, los propios mercados están comenzando a exigir mayor trazabilidad, transparencia y responsabilidad.

Hoy vemos crecimiento de empresas B, inversiones de impacto y fondos sostenibles en distintas regiones del mundo. Solo las empresas B ya superan las 10.400 compañías en 103 países. Lo que sí puede desaparecer son ciertas modas superficiales alrededor del ESG. Pero la necesidad de construir una economía más consciente seguirá creciendo.

Hoy muchas empresas hablan de impacto. ¿Cómo distinguir compromiso real de marketing reputacional?

La pregunta clave es muy simple: ¿qué cambia concretamente gracias a esa inversión o a ese proyecto? El impacto real se puede medir, verificar y transparentar. No basta con campañas publicitarias o conceptos aspiracionales.

Chile y el avance de las finanzas sostenibles

Usted ha trabajado en la región. ¿Cómo observa a Chile en temas de finanzas sostenibles y banca con propósito?

Chile tiene condiciones muy interesantes para transformarse en un referente regional. Existe un ecosistema empresarial más maduro, una creciente preocupación por sostenibilidad y también inversionistas que están comenzando a exigir mayor coherencia entre rentabilidad e impacto.

Además, han surgido iniciativas muy valiosas desde el sector privado, especialmente en inversión de impacto, energías renovables y economía consciente. Todavía queda mucho camino por recorrer, pero veo una generación nueva de líderes empresariales que entiende que el éxito económico no puede desvincularse del bienestar social y ambiental.

¿La banca ética puede mover agujas macroeconómicas o sigue siendo un nicho?

Toda gran transformación comienza siendo un nicho. Hace 25 años hablar de banca ética parecía algo marginal. Hoy incluso los grandes bancos hablan de sostenibilidad, impacto y transición energética.

La verdadera pregunta no es si la banca ética seguirá creciendo, sino cuán rápido ocurrirá esa transformación cultural. Cuando millones de personas comienzan a preguntarse ‘¿A quién sirve mi dinero?’, el sistema financiero inevitablemente cambia.

«La ética no debilita la economía»

¿Cómo responde a quienes dicen que ética y rentabilidad rara vez van juntas?

Durante décadas confundimos rentabilidad con maximización inmediata. La verdadera rentabilidad debe considerar sostenibilidad en el tiempo, estabilidad social, confianza y cuidado de los recursos naturales.

Un modelo económico que destruye ecosistemas, genera desigualdad extrema o deteriora la cohesión social puede producir ganancias en el corto plazo, pero termina generando enormes costos humanos y económicos.

La ética no debilita la economía; la hace sostenible. Y los resultados de fondos de impacto como Sigma muestran precisamente eso: es posible combinar impacto social y ambiental con retornos competitivos y estabilidad financiera.

¿Cómo distinguir hoy entre compromiso genuino y greenwashing financiero?

La diferencia está en la coherencia y en la transparencia. Cuando una institución puede mostrar dónde invierte, qué financia, cómo mide impacto y qué resultados concretos genera, entonces hablamos de compromiso genuino.

Pero cuando la sostenibilidad se limita solo al marketing o a declaraciones aspiracionales, sin cambios reales en las decisiones de inversión, estamos frente a greenwashing. Hoy las personas ya no quieren discursos vacíos; quieren evidencia, trazabilidad y propósito real.