El panorama energético global de 2025 dejó una imagen tan poderosa como inquietante, pues, según información de Eco-Business, mientras las energías renovables aceleraron su crecimiento, la dependencia de los combustibles fósiles se mantuvo prácticamente intacta. Esta contradicción energética expuso la distancia entre los compromisos climáticos asumidos por los gobiernos y las decisiones reales que están marcando el rumbo del sistema energético mundial. El resultado fue un año de avances tecnológicos, pero también de emisiones récord y señales políticas confusas.
Dos años después de que los países acordaran transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles, el carbón, el petróleo y el gas siguieron ocupando un lugar central en la matriz energética. De acuerdo con el «Proyecto Global de Carbono», las emisiones de dióxido de carbono alcanzaron nuevos máximos, confirmando que la transición avanza, pero no a la velocidad ni en la dirección necesarias. Así, 2025 se consolidó como el año de la contradicción energética, donde el progreso y el retroceso coexistieron.
Según una publicación de Expoknews, uno de los hitos más relevantes de 2025 fue que, por primera vez, la energía solar superó al carbón en la combinación eléctrica global durante la primera mitad del año. Según Ember Energy, este avance estuvo impulsado principalmente por China, seguida de Estados Unidos y la Unión Europea, y permitió cubrir una parte importante del aumento en la demanda energética mundial. Este dato fue celebrado como una señal clara de que la transición energética es técnicamente posible.
Sin embargo, este avance debe leerse con cautela. A pesar de su crecimiento acelerado, la energía solar apenas representó el 8.8 % de la generación eléctrica global, frente al 6.9 % del año anterior. Es decir, aunque el ritmo de expansión es notable, su peso relativo sigue siendo limitado frente a las fuentes tradicionales. Esta tensión es uno de los núcleos de la contradicción energética que marcó el año.
La expansión renovable, lejos de sustituir de forma directa a los combustibles fósiles, convivió con ellos. En lugar de desplazar carbón, petróleo y gas, gran parte de la nueva capacidad limpia se destinó a satisfacer una demanda energética creciente. Esto permitió que las emisiones siguieran aumentando, aun cuando la infraestructura renovable avanzaba a un ritmo histórico.
Contradicción energética: IA, geopolítica y seguridad energética
La inteligencia artificial se convirtió en un nuevo factor de presión sobre los sistemas energéticos. La Agencia Internacional de Energía advirtió que la demanda energética asociada a la IA podría cuadruplicarse hacia 2030, impulsada por centros de datos y servicios digitales. Esta tendencia añadió urgencia a la expansión de la generación eléctrica, pero también complicó los objetivos climáticos.
Al mismo tiempo, la geopolítica volvió a inclinar la balanza hacia la seguridad energética por encima de la acción climática. En un contexto de tensiones internacionales, los países priorizaron garantizar el suministro de energía, incluso si ello implicaba prolongar el uso de combustibles fósiles. Consultoras como McKinsey anticipan que estas fuentes seguirán teniendo un peso significativo en la matriz energética más allá de 2050.
Esta combinación de factores profundizó la contradicción energética: mientras la ciencia insiste en una transición rápida hacia energías limpias, la realidad política y económica empuja en sentido contrario. La IA y la geopolítica se convirtieron así en aceleradores de una demanda que el sistema aún satisface, en gran medida, con fuentes altamente contaminantes.
Retrocesos en Estados Unidos y Europa frente al avance asiático
En 2025, Estados Unidos y Europa se alejaron del liderazgo climático que habían intentado construir en años previos. Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, el gobierno estadounidense revirtió políticas de energía limpia, recortó subsidios a proyectos renovables y facilitó nuevas licencias de petróleo y gas. Además, se impulsó activamente a la industria del carbón para atender la creciente demanda eléctrica de los centros de datos.
Los datos de Ember muestran que, mientras China e India lograron reducir la generación basada en combustibles fósiles durante la primera mitad del año, Estados Unidos y Europa se movieron en la dirección opuesta. Este retroceso tuvo implicaciones globales, pues debilitó la señal política necesaria para acelerar la transición energética a escala internacional.
En otras regiones, la situación no fue más alentadora. La exploración de combustibles fósiles continuó incluso en zonas ambientalmente vulnerables, como la selva amazónica. Estos movimientos confirmaron que la contradicción energética no es solo tecnológica, sino profundamente política y territorial.