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12/05

La receta de «Runway Fashion Design»: la moda que le da segunda vida a la ropa en desuso

En entrevista con ESGHOY su creadora cuenta cómo nació esta idea que busca generar un círculo virtuoso entre el talento local de diseñadores y artesanos en moda, con la innovación y la sustentabilidad. "Ya hemos recolectado más de dos toneladas de textiles del desierto de Atacama, siendo reconvertidas por más de 140 diseñadores y artesanos nacionales en tres regiones de nuestro país", señaló.

Esta semana se celebra a nivel mundial el Día del Reciclaje. Y la moda, es uno de los rubros que en los últimos años ha avanzado en dar nueva vida a la ropa en desuso y potenciar la economía circular. Si bien en Chile falta mucho por recorrer, hay iniciativas que ya están dando que hablar.

Una de ellas es el programa social Runway Fashion Design (RFD), creado en 2022 por la ingeniero comercial y amante del diseño y la moda Johana Fernández. ¿Objetivo? Generar un círculo virtuoso entre el talento local de diseñadores y artesanos en moda con la innovación y la sustentabilidad.

En los últimos años RFD ha dado vida a eventos de alta costura en base al trabajo colaborativo de importantes diseñadores con talentos locales  para dar nueva vida a la ropa. Por estos días la región de Tarapacá fue el escenario de un Congreso y una gran pasarela en Humberstone  para mostrar los diseños realizados con prendas en desuso recolectadas del desierto de Atacama.

Santiago también será parte, en junio, de un desfile de moda circular. Y con una invitada estelar: la afamada diseñadora y empresaria Ágatha Ruiz de la Prada.

¿Dónde nació esta idea y cuáles fueron las razones que llevó a Johana Fernández a emprender esta aventura? «La moda circular fue una respuesta que surgió desde el amor por esa profesión y amor al oficio del artesano. Mis abuelos lo eran, y lo descubrí en este camino, cuando cree RFD. Creo que este tipo de programas sociales, gratuitos y de alto valor nacen desde el amor, pero también desde la responsabilidad. No se trata solo de un producto o de vestirnos, se trata de cómo elegimos impactar a las personas y al mundo con lo que llevamos puesto y con lo que hacemos día a día», cuenta la profesional.

¿De qué manera esta acción del reciclaje de ropa en desuso ayuda a que la economía sea más sustentable? ¿Es alto el impacto que puede tener?

El impacto es muchísimo mayor de lo que imaginamos. Cada prenda que evitamos botar es un gesto concreto por el planeta. La moda tiene el poder de cambiar no solo nuestra apariencia, sino también nuestra forma de consumir y relacionarnos con los recursos. Cuando reciclamos ropa, damos una segunda vida, pero también sembramos una semilla de conciencia. Y cuando muchas personas hacen lo mismo, eso sí transforma economías enteras.

Cuenta que en el caso de RFD «hemos recolectado más de dos toneladas de textiles del desierto de Atacama, siendo reconvertidas por más de 140 diseñadores y artesanos nacionales en tres regiones de nuestro país»

«En Chile estamos recién aprendiendo»

¿Y cómo está Chile comparado con otros países del mundo respecto al reciclaje? ¿Nos falta mucho por avanzar?

Sí, aún nos falta mucho, como a la mayoría de Latinoamérica, ya que lamentablemente la prioridad está en otras necesidades y ni nos damos cuenta de que el tiempo se acaba, ya que nuestro planeta suplica conciencia. Pero también veo un país que está despertando, que quiere hacer las cosas bien. A diferencia de países donde ya existe una cultura del reciclaje instalada, en Chile estamos recién aprendiendo, y eso nos da la oportunidad de construir algo con sentido, desde nuestras propias raíces.

Lo importante es no quedarnos en la crítica, sino pasar a la acción, con pequeños cambios cotidianos que suman. A veces creemos que la sustentabilidad debe ser al 100% en todo lo que hacemos y que si no lo logramos preferimos salir de esto que es moda para muchos, pero creo que cada paso que damos hacia la sustentabilidad es un respiro para el planeta y de eso se trata, de pequeños cambios que van en pro del lugar que habitamos.

¿Qué ejemplos son los que ustedes miran y debiesen replicarse en nuestro país?

Nos inspiran mucho los modelos de países como Países Bajos, donde la economía circular ya está integrada en la política pública y en el diseño desde la raíz. También vemos iniciativas en Escandinavia donde el valor emocional de una prenda se respeta, o ejemplos de España, con ayuntamientos que valoran el diseño y promueven año a año el valor de su industria a nivel mundial. Pero más allá de copiar, lo que necesitamos es adaptar esos modelos a nuestra realidad chilena, reconociendo nuestras capacidades, territorios y culturas locales, que es lo que hizo y sigue haciendo RFD.

Educar, crear redes y valorar el diseño local

¿Cuál es la fórmula que utiliza RFD para potenciar que las pymes y el mundo de la moda apliquen la economía circular?

En RFD creemos que el cambio comienza con la formación. Por eso, enseñamos a las marcas a diseñar con conciencia, a producir con propósito y a comunicar desde la autenticidad. A través de iniciativas como el programa Runway Fashion Design y otros como Impacta Sostenible, fomentamos la colaboración entre diseñadores de vestuario y artesanos para desarrollar colecciones de alta moda que sean no solo estéticamente impactantes, sino también sostenibles, recuperando textiles en desuso y reduciendo el impacto medioambiental. Más que imponer una fórmula, acompañamos procesos a través de una metodología que gusta y hace sentido. Conectamos a emprendedores o empresas que trabajan en la industria de la moda o artesanía con soluciones colaborativas e innovadoras, que impulsan un cambio profundo que se construye paso a paso, con compromiso, emoción en el camino del desafío RFD y creatividad, entregando plataformas de visibilización y de valoración a aquellos que son nuestros beneficiarios a través de mostrar su talento a la comunidad.

¿Cuáles son las tres claves para mejorar el reciclaje de la ropa en nuestro país?

Primero, educar. No podemos cambiar lo que no entendemos. Segundo, crear redes de recolección y transformación accesibles, que realmente conecten con la ciudadanía. Y tercero, valorar el diseño local y la reparación, porque cuando entendemos el valor de una prenda, dejamos de verla como desechable y empezamos a verla como parte de una historia que puede continuar.

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