El 26 de abril de 2025 se cumplió un año desde que entró en vigencia la Ley N° 21.561, conocida como la “Ley de 40 Horas”, una reforma emblemática en la legislación laboral chilena, que pactó una reducción progresiva de la jornada ordinaria, transformando tanto las dinámicas internas de las empresas como las expectativas de millones de trabajadores.
Desde el punto de vista jurídico, el cambio no ha estado exento de interpretaciones, adecuaciones e incluso controversias legales. El boletín “Foco Legal”, elaborado por ChileMujeres, Buk y La Araucana, con el respaldo de Alessandri Abogados, realizó un análisis detallado del avance legislativo, la jurisprudencia y los desafíos que siguen pendientes en esta materia.
Según la encuesta Work in Progress 2024 de Buk, el 53% de los trabajadores cree que la nueva ley reducirá su nivel de estrés, y el 80% de las mujeres estima que mejorará su equilibrio vida-trabajo. La productividad, en cambio, genera opiniones divididas: solo el 47% cree que mejorará. Entre los mayores de 50 años, predomina el escepticismo; entre los menores de 30, hay más confianza en sus efectos positivos.
Los datos revelan también una distribución desigual de la jornada ordinaria: el 64,2% de quienes trabajan bajo esta modalidad son hombres, mientras que solo el 35,8% son mujeres, lo que, según el informe, pone en evidencia que las reformas legales deben ir acompañadas de cambios estructurales en la equidad laboral.
Una historia larga para una conquista reciente
La implememntación de la ley no es automática ni ha sido simple. Supone una serie de acuerdos, adecuaciones jurídicas, cambios culturales y desafíos de fiscalización.
La jornada de ocho horas diarias comenzó a establecerse en el mundo recién en el siglo XX, y en Chile en 1924 se fijó un límite de 48 horas semanales. En 2005 se concretó la reducción a 45 horas.
La actual ley busca avanzar aún más, llegar en 2028 a las 40, con hitos ya en marcha: 44 horas desde 2024, 42 en 2026.