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06/01

Ley REP: ¿Una ley fallida?

En todos los estudios, reciclar es una idea socialmente valorada, acuñada con una alta deseabilidad social. ¡Claro que estamos de acuerdo! Pero la práctica es otro cuento: es una actividad privada, sin trazabilidad (nadie sabe si lo hago), sin remuneración o gratificación clara, con cero costos alternativos si no reciclo.

Después de un año de implementación de la Ley REP para envases y embalajes, lograr los objetivos es todo un desafío. He escuchado a varias personas del sector que se preguntan si esta ley fue el instrumento adecuado. Puede ser que no, pero es demasiado temprano para saberlo con seguridad. Apoyaré mi posición con tres ideas inspiradas por las ciencias del comportamiento:

1- Caemos fácilmente en la “falacia de la planificación”

Es muy habitual que un proyecto cuesta más de lo inicialmente previsto, que se demore más tiempo y que los beneficios finales sean menores a lo esperado. Cuando pronosticamos un resultado, tendemos a ser demasiado optimista y tomar como referencia el mejor resultado a la fecha y no el promedio de todos los resultados. Solemos minimizar los efectos de circunstancias externas adversas. Al final, ningún plan de batalla sobrevive a la primera bala.

2- Cuando sabemos poco, no imaginamos lo que (aún) no sabemos

¿Has escuchado hablar del efecto Dunning-Kruger? Es el sesgo cognitivo cuando al tener conocimientos limitados, tendemos a sobreestimar nuestra capacidad y desempeño reales y somos incapaces de ver nuestras limitaciones. Hace un año, sabíamos muy poco de reciclaje: las experiencias existentes eran muy especificas como para ser guías confiables de la revolución implicada por la Ley REP y de su total cambio de dimensión. Ahora, sabemos mucho más y tenemos mayor consciencia de todo lo que aun no sabemos y no sabemos todavía como hacer. Es parte normal de un proceso de aprendizaje y va a durar varios años más. Pero vamos mejorando cada día en múltiples dimensiones.

3- Confundimos actitudes con comportamiento

En todos los estudios, reciclar es una idea socialmente valorada, acuñada con una alta deseabilidad social. ¡Claro que estamos de acuerdo! Pero la práctica es otro cuento: es una actividad privada, sin trazabilidad (nadie sabe si lo hago), sin remuneración o gratificación clara, con cero costos alternativos si no reciclo. En este marco, es evidente que no basta aumentar la facilidad con la recolección domiciliaria (cuando hay) para que, por arte de magia, todos empecemos a reciclar. Aquí hablamos de motivación, de conocimientos, de percepciones, de capacidad, de oportunidad, de recompensas. A mayor abundancia, es un coctel diferente para cada grupo de ciudadanos. Lo que funciona en Las Condes puede no servir en Renca y ser contraproducente en Temuco.

Soy optimista porque ya vemos mejorías y aprendizajes

Cambiar conductas es difícil. Es un proceso largo que no puede ocurrir del día a la mañana. Los sistemas europeos que inspiraron la Ley REP nos llevan más de 30 años de ventaja y todavía aprenden, también porque el mundo sigue cambiando. Soy resolutamente optimista porque tenemos las herramientas de las ciencias del comportamiento que nos permiten entender en profundidad cómo las personas piensan, opinan y actúan. Nos guían para desarrollar y testear intervenciones susceptibles de cambiar las conductas actuales. Es muy prematuro dudar de la capacidad de la Ley REP. En cambiar el sistema actual, en que producimos casi nuestro peso equivalente en residuos todos los meses, a una gestión de ellos, es uno de los primeros costos de los municipios sin contraparte, en que la economía circular es aún un lejano sueño.

Sigamos aprendiendo…

PD: la educación ambiental tampoco es la panacea. Sin duda alguna, es necesario mejorarla. Ahora, para los humanos, por mucho que sepamos que deberíamos hacer algo, no implica que lo hagamos. ¿Controlaste tu gula durante las fiestas de fin de año? Yo, no mucho.