entrevista
10/04

“Liderar en tiempos de disrupción exige más humanidad que nunca”

Frente a la automatización y la inteligencia artificial, el consultor experto en liderazgo, Álvaro González-Alorda, subraya que los líderes del siglo XXI se deben basar en la inspiración, el propósito y el desarrollo integral de las personas.

De niño quiso ser reportero de guerra para recorrer el mundo y contar historias. Sin embargo, el destino lo llevó a la consultoría, donde encontró una manera diferente, y quizás más profunda, de cumplir ese sueño: acompañar procesos de transformación en más de cien empresas de treinta países. En ese camino descubrió que las verdaderas batallas no se libran en los mercados, sino en el interior de las personas.

Álvaro González-Alorda es socio director de emêrgap y profesor visitante del ESE Business School. Formado en la Universidad de Navarra, IESE y Harvard Business School, ha publicado «Los próximos 30 años», «The Talking Manager» y «Cabeza, corazón y manos». Recientemente, debutó en la narrativa con su novela Riverview.

Conversamos con él tras su participación en el cónclave interno de Sigdo Koppers, donde compartió sus reflexiones sobre liderazgo, transformación y el papel del propósito en tiempos de cambio.

En tiempos de tanta incertidumbre y transformación, ¿cómo ha cambiado la manera de entender el liderazgo?

La incertidumbre que vivimos no ha hecho sino acentuar el desafío de liderazgo más universal y antiguo: construir un carácter capaz de asumir nuestras responsabilidades, ya sea al frente de un equipo, de una organización o, más importante aún, de una familia.

¿Y cómo se logra esa transformación personal?

La transformación personal no se alcanza acumulando cursos, programas o certificaciones como si fueran sellos en un pasaporte. Eso es turismo académico. Tampoco se logra escuchando charlas de motivación. El verdadero cambio ocurre a través del ejercicio diario de la voluntad: instalando buenos hábitos y desinstalando los malos.

Las responsabilidades de un líder

¿Qué diferencia a un líder de un mero jefe?

Las tres responsabilidades de un líder son la estrategia, el desarrollo de personas y la operación del día a día. El jefe concentra toda su energía en la operación. El líder, en cambio, integra también la estrategia y el desarrollo de su equipo.

Esa diferencia genera una enorme asimetría: no es lo mismo avanzar bajo un jefe que se mueve por motivos transaccionales, resolver tareas o cubrir puestos, que hacerlo acompañado por un líder con habilidades de mentoring y un interés genuino en tu crecimiento personal y profesional.

En su libro «Cabeza, corazón y manos» hablas de la ‘dieta intelectual’. ¿Por qué es tan importante?

La calidad de la dieta intelectual determina el nivel de liderazgo. Cuando asumes una posición de liderazgo, tu trabajo no depende de la fuerza de tus brazos sino de tu «mentefactura»: tu capacidad para pensar, diagnosticar, comunicar y comprender el alma humana.

Por eso, los hábitos de lectura y estudio, libros, artículos, podcasts, documentales, son herramientas poderosas de crecimiento personal. El riesgo hoy es caer en una dieta intelectual de “fast food audiovisual”, compuesta casi solo por series de streaming.

En un mundo dominado por la inteligencia artificial y la automatización, ¿qué aspectos del liderazgo humano se vuelven más valiosos?

Precisamente por la disrupción tecnológica, necesitamos más que nunca líderes inspiradores, capaces de acompañar a sus equipos en su propio viaje de transformación. Liderar en tiempos de disrupción exige más humanidad que nunca.

¿Qué significa inspirar?

Inspirar no es deslumbrar, como se deslumbra a un ciervo con las luces de un coche en la noche. Alguien puede impresionarte por su rapidez mental o su experiencia, pero eso no es inspiración. Inspira quien te mueve a cambiar tus hábitos, y eso solo ocurre cuando ves a una persona esforzarse por estar a la altura de sus valores. No hay nada más inspirador que quien lucha por mejorar.

La experiencia chilena

Desde su experiencia en América Latina, ¿cómo percibe el liderazgo en Chile frente a otros países de la región?

En emêrgap hemos acompañado la transformación de líderes en más de cien empresas y treinta países. En Chile vemos cada vez más organizaciones que comprenden que el cambio real comienza embarcando a sus líderes, empezando por la alta dirección, en un viaje de transformación integral. Ese viaje incluye descubrir el propósito, equilibrar vida y trabajo, resolver conversaciones pendientes, mejorar la productividad trabajando menos pero mejor, y desarrollar competencias nuevas.

Todo esto solo ocurre cuando el autodesarrollo se instala como una capacidad estratégica en toda la organización, desde el capitán del barco hasta el personal de operación.

¿Qué fortalezas ve en el estilo de liderazgo chileno? ¿Y qué aspectos deberían evolucionar?

Las fortalezas son la determinación y la disciplina. La oportunidad está en cultivar una cercanía genuina con los colaboradores y una comunicación más inspiradora.

Si tuviera que dar un consejo a un joven líder chileno que quiere generar impacto, ¿cuál sería?

Leer Libros de liderazgo, de contenido espiritual y buena literatura.