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13/04

Las tres capacidades que diferencian a las empresas líderes en sostenibilidad

Informe de Mc Kinsey propone un cambio de mirada: pasar de cumplir a construir capacidades. Plantea que el verdadero liderazgo de sostenibilidad no se mide por el número de compromisos públicos o reportes publicados, sino por la capacidad de las empresas para transformar su cultura, gobernanza y modelo operativo.

«Beyond ESG: From Checklists to Capabilities», el informe elaborado por Mc Kinsey Global Institute, plantea un cambio profundo en la forma en que las empresas deben abordar la sostenibilidad. El documento sostiene que los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) deben dejar de ser tratados como un conjunto de obligaciones externas y pasar a constituir una capacidad estratégica integrada en la gestión del negocio.

A partir del análisis de cientos de compañías a nivel global, McKinsey identifica una tendencia clara: las organizaciones que han convertido la sostenibilidad en una competencia central, y no en un ejercicio de reporte o reputación, muestran mejor desempeño financiero, mayor resiliencia y una ventaja competitiva sostenida.

El informe no aborda de manera específica el contexto de Chile, pero sí destaca que América Latina avanza de forma desigual, con países como Brasil, Colombia y Chile mostrando progresos en regulación, transparencia y gobernanza ESG. En el caso chileno, normas como la NCG 461 de la CMF y el desarrollo de la Taxonomía Verde colocan al país entre los referentes regionales en materia de institucionalización de la sostenibilidad.

Del cumplimiento al desarrollo de capacidades

Advierte que muchas empresas aún gestionan el ESG con una lógica de cumplimiento, centrada en el reporte y la mitigación de riesgos. Sin embargo, las más avanzadas han pasado a desarrollar capacidades organizacionales que les permiten anticipar tendencias, innovar y crear valor sostenible.

El estudio distingue entre el enfoque reactivo, donde las compañías responden a exigencias regulatorias o presiones de mercado y el estratégico, donde la sostenibilidad se convierte en un principio rector que guía decisiones de inversión, diseño de productos, cultura corporativa y relacionamiento con stakeholders.

Las empresas del segundo grupo logran traducir sus compromisos ESG en resultados tangibles: reducción de costos operativos, atracción de talento, mayor confianza de inversionistas y mejor desempeño en mercados competitivos.

Tres capacidades que marcan la diferencia

Según McKinsey, el tránsito hacia un modelo de sostenibilidad estratégica depende del fortalecimiento de tres capacidades críticas:

  • Liderazgo y gobernanza integrados. Las organizaciones más maduras incorporan la sostenibilidad en su estructura de toma de decisiones, con directorios activos y una gestión transversal que involucra finanzas, operaciones y talento.
  • Datos y métricas con propósito. Las empresas que avanzan más rápido son aquellas que miden el impacto ESG con la misma precisión que sus resultados financieros, generando indicadores accionables y sistemas de incentivos coherentes.
  • Innovación y ejecución sostenible. La sostenibilidad deja de ser un costo cuando impulsa nuevas oportunidades de negocio, inversión en tecnologías limpias o rediseño de procesos productivos.
La sostenibilidad como ventaja competitiva

El informe enfatiza que la sostenibilidad no es solo una obligación reputacional o legal, sino una fuente de ventaja competitiva duradera. Las empresas que logran internalizar las capacidades ESG tienden a ser más adaptables frente a los cambios del entorno y más atractivas para inversionistas y consumidores.

McKinsey subraya que el desafío no está en reportar más, sino en ejecutar mejor: transformar los objetivos de sostenibilidad en resultados concretos, medibles y rentables. En ese sentido, la clave está en el desarrollo de capacidades internas, tecnológicas, culturales y de liderazgo, que hagan posible escalar la sostenibilidad en toda la organización.

Latinoamérica: avances y brechas

Para América Latina, el estudio identifica un avance sostenido en regulación y transparencia, pero advierte que persisten brechas significativas en ejecución y medición de impacto. Las empresas de la región enfrentan el reto de integrar la sostenibilidad en la estrategia, más allá de los reportes o los compromisos voluntarios.

Chile se destaca por el liderazgo de su sistema financiero y la incorporación progresiva de criterios ESG en el mercado de capitales. Sin embargo, al igual que en otros países de la región, el desafío sigue siendo fortalecer las capacidades internas para ejecutar la sostenibilidad como parte del negocio, y no como una iniciativa paralela.